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ENSEÑAR EL CAMINO DE DIOS
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XXIX Domingo, Tiempo Ordinario, ciclo A: 19 octubre 2014

Is 45,1.4-6  -  1Tes 1,1-5  -  Mt 22,15-21

 

ENSEÑAR EL CAMINO DE DIOS

   A pesar del elogio malicioso, sus enemigos reconocen que Jesús:

Es el Maestro que dice la verdad… Enseña el camino de Dios…

No se deja influenciar por nadie… No se fija en las apariencias

Sin embargo, tienen una mala intención: acusarlo y matarlo.

También hoy, podemos ‘decir’… y ‘no hacer’ la voluntad de Dios:

Este pueblo me honra con los labios pero su corazón está lejos de mí.

 

Maestro, ¿es lícito pagar impuestos?

   No es la primera vez que los fariseos le ponen a Jesús una trampa,

ya lo hicieron en otras oportunidades: Mt 12,9-14;  Jn 8,1-11.

Ahora, para acusar a Jesús, se han unido dos grupos enemigos:

-los fariseos (fanáticos religiosos que se consideran nacionalistas), y

-los herodianos (serviles al imperio romano y traidores a su pueblo).

Ellos han elaborado la siguiente pregunta que es una trampa:

Maestro, ¿es lícito pagar impuestos al César, o no?

Si dice ‘no’, Jesús puede ser acusado como subversivo (Lc 23,2),

si responde ‘sí’, está en contra del pueblo pobre y del señorío de Dios.

   Jesús no se deja engañar, los desenmascara y les dice: ¡Hipócritas!

Luego, les pide que le muestren la moneda del impuesto, donde se lee:

Tiberio César, Augusto, hijo del divino Augusto. Pontífice Máximo.

Es un dinero divinizado que como el ‘becerro de oro’ busca víctimas.

Si los fariseos odian al emperador que usurpa el lugar que solo a Dios

le corresponde, ¿qué hacen con la moneda del César en el bolsillo?

Por eso mientras los hipócritas de siempre piensan que todo es dinero,

Jesús, desde su pobreza, exige una conversión radical frente al dinero:

¿Es posible servir al mismo tiempo a Dios y al dinero? (Mt 6,24).

¿Por qué el joven rico no es capaz de vender lo que tiene,

  repartirlo entre los pobres y, luego, seguir a Jesús? (Mt 19,16-22).

¿Se puede hablar sobre el compromiso con el pobre desde un palacio?

   Hoy, debemos denunciar proféticamente a los que amontonan oro,

explotando a los pobres… y destruyendo el medio ambiente.

 

Lo del César devuélvanselo al César, y den a Dios lo que es de Dios

   Mientras los fariseos hablan de ‘pagar’, Jesús responde ‘devolver’:

Lo del César devuélvanselo al César, y den a Dios lo que es de Dios.

Desde entonces, esta respuesta de Jesús ha sido muy manipulada.

   Muchas personas e instituciones se han servido de esta frase

para levantar un muro de separación entre: fe cristiana y política.

De esta manera nuestra fe quedaría encerrada en la sacristía,

como algo privado, individual, sin voz ni voto en lo social y político.

   La respuesta de Jesús que no la esperaban, va a la raíz del problema:

Dios y el emperador romano no están en el mismo nivel.

Dios tiene exigencias que superan las de cualquier autoridad terrenal.

El emperador no puede atribuirse competencias que son de Dios, pues 

la gloria de Dios consiste en que el hombre y la mujer tengan vida.

Por eso, devolver al César su moneda no es para permanecer sumisos,

sino para rechazar toda opresión, injusticia, corrupción, violencia…

   Al respecto, los Santos Padres han hablado con meridiana claridad:

*¿Es que se va a llamar ladrón a quien desnuda al que está vestido

y habrá que darle otro nombre al que no viste al desnudo pudiendo

hacerlo? Del hambriento es el pan que tú tienes; del desnudo es el

abrigo que tienes guardado en el armario; del descalzo es el calzado

que se está pudriendo en tu poder; del necesitado es el dinero que

tienes enterrado (S. Basilio Magno, 330-379).

*No sacies mi sed con las lágrimas de mis hermanos. No des al pobre

el pan que amasaste con la sangre de mis hermanos de miseria.

Devuelve a tu semejante lo que injustamente le has pedido y nosotros

estaremos muy reconocidos. ¿De qué sirve consolar a un pobre

cuando tú mismo, por otro lado, vas creando cien pobres más?

Sin esa muchedumbre de usureros, no habría esta multitud de pobres.

Disuelve tu pandilla de usureros, y nosotros -los pobres-

sabremos desenvolvernos muy bien (S. Gregorio de Nisa, 335-394).

*Me parece a mí que es muy verdadero aquel proverbio común:

el rico o es injusto o es heredero de injustos (S. Jerónimo, 340-420).

*El cuerpo del rico ha sido enterrado. Pero los que contemplan

su palacio no dejarán de decir: Con cuántas lágrimas se ha edificado

esta mansión. Cuántos huérfanos se han quedado desnudos.

Cuántas viudas han sufrido el abandono. Cuántos obreros han sido

privados de su salario (S. Juan Crisóstomo, 349-407).    

J. Castillo A.

 

LOS POBRES SON DE DIOS

   A espaldas de Jesús, los fariseos llegan a un acuerdo para prepararle una trampa decisiva. No vienen ellos mismos a encontrarse con Él. Les envían a unos discípulos acompañados por unos partidarios de Herodes Antipas. Tal vez, no faltan entre estos algunos poderosos recaudadores de los tributos para Roma.

   La trampa está bien pensada: ¿Es lícito pagar impuestos al César o no? Si responde negativamente, le podrán acusar de rebelión contra Roma. Si legitima el pago de tributos, quedará desprestigiado ante aquellos pobres campesinos que viven oprimidos por los impuestos, y a los que Él ama y defiende con todas sus fuerzas.

   La respuesta de Jesús ha sido resumida de manera lapidaria a lo largo de los siglos en estos términos: Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Pocas palabras de Jesús habrán sido citadas tanto como éstas. Y ninguna, tal vez, más distorsionada y manipulada desde intereses muy ajenos al Profeta, defensor de los pobres.

   Jesús no está pensando en Dios y en el César de Roma como dos poderes que pueden exigir cada uno de ellos, en su propio campo, sus derechos a sus súbditos. Como todo judío fiel, Jesús sabe que a Dios le pertenece la tierra y todo lo que contiene, el orbe y todos sus habitantes (salmo 24). ¿Qué puede ser del César que no sea de Dios? Acaso los súbditos del emperador, ¿no son hijos e hijas de Dios?

   Jesús no se detiene en las diferentes posiciones que enfrentan en aquella sociedad a herodianos, saduceos o fariseos sobre los tributos a Roma y su significado: si llevan “la moneda del impuesto” en sus bolsas, que cumplan sus obligaciones. Pero Él no vive al servicio del Imperio de Roma, sino abriendo caminos al Reino de Dios y su justicia.

   Por eso, les recuerda algo que nadie le ha preguntado: Dad a Dios lo que es de Dios. Es decir, no deis a ningún César lo que solo es de Dios: la vida de sus hijos e hijas. Como ha repetido tantas veces a sus seguidores, los pobres son de Dios, los pequeños son sus predilectos, el Reino de Dios les pertenece. Nadie ha de abusar de ellos.

   No se ha de sacrificar la vida, la dignidad o la felicidad de las personas a ningún poder. Y, sin duda, ningún poder sacrifica hoy más vidas y causa más sufrimiento, hambre y destrucción que esa dictadura de una economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano que, según el papa Francisco, han logrado imponer los poderosos de la Tierra. No podemos permanecer pasivos e indiferentes acallando la voz de nuestra conciencia en la práctica religiosa.

José Antonio Pagola (2014)

 

 

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