Miércoles, 21 de Febrero del 2024
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SER DISCÍPULOS DE JESÚS
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II Domingo, Tiempo Ordinario, ciclo B: 18 de enero del 2015

1Sam 3,3-10.19  -  1Cor 6,13-20  -  Jn 1,35-42

 

SER DISCÍPULOS DE JESÚS

   Juan es el profeta del desierto… Es allí donde predica, bautiza,

y forma discípulos para que sigan a Jesús, el Cordero de Dios.

   También es el profeta de la alegría… Él salta de gozo en el seno

de Isabel, su madre (Lc 1,41ss); y termina su vida con este mensaje:

Ahora mi gozo es perfecto, que Jesús crezca y yo disminuya (Jn 3).

Hermoso testimonio para alegrarnos, sobre todo, cuando los hermanos

de Jesús, los insignificantes a los ojos de la sociedad y de la religión,

empiezan a ver… oír… hablar… levantarse… caminar

 

Jesús les pregunta: ¿qué buscan?

   Jesús, a los dos discípulos de Juan el Bautista que le siguen,

les hace una pregunta que vale también para nosotros: ¿Qué buscan?

-¿Qué buscamos al solicitar: bautismo… misa… matrimonio…?

-En este mes de enero, ¿qué buscan los devotos del Niño Jesús?

-En medio de tanta corrupción y violencia, ¿qué buscan aquellos

‘personajes’ que contra viento y marea se entornillan en el puesto?

-¿Qué buscan los grandes empresarios al invertir en los países pobres?

-¿Se justifica amontonar oro, plata… a costa de la contaminación del

agua, aire, tierra… y de la explotación ‘legal’ de personas humanas?

¿Qué buscamos al dejarnos esclavizar por el consumismo superfluo?

   Aquellos dos discípulos del Bautista que siguen a Jesús de Nazaret,

van a lo esencial, no buscan objetos ni cosas, buscan a un Maestro.

   Generalmente, hoy, los ‘expertos’ utilizan palabras complicadas

que solo entienden otros especialistas… viajan por muchos lugares

ofreciendo las mismas recetas… no permiten que otros crezcan…  

   Muy diferente la manera de enseñar del Maestro Jesús:

-sus palabras están respaldadas por el testimonio de su vida,

-su lenguaje es sencillo, al alcance de todos los que le escuchan,

-lo que enseña responde a las aspiraciones más profundas de la gente.

Jesús enseña con autoridad, no como los ‘expertos’ de la religión

El mensaje de Jesús será creíble por el testimonio de quien lo anuncia.

 

Maestro, ¿dónde vives?

   ¿Qué nos impide a cada uno de nosotros hacer la misma pregunta?

¿Seremos consecuentes cuando Jesús nos diga: Vengan y lo verán

    Recordemos: -Jesús nace pobre en un establo y vive pobremente:

el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza (Mt 8,20).

-Si alguna vez acepta comer en casa de un fariseo importante,

es para decirle: cuando des un banquete, invita a pobres, mancos,

cojos, ciegos; y tú serás feliz porque ellos no pueden pagarte (Lc 14).

-Él vino a este mundo para dar vida y vida en abundancia, por eso,

da de comer a las personas que tienen hambre, acoge y perdona

a los pecadores, sana a los enfermos abandonados y despreciados

como son los leprosos, dejando de lado tradiciones y costumbres.

-No le interesa que sus enemigos vayan diciendo que es un loco,

endemoniado, borrachoso, comilón, amigo de gente de mala vida…

   Teniendo esta ‘hoja de vida’ los dos discípulos de Juan el Bautista:

fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con Él desde aquel día

Ver y quedarse con Jesús nos lleva a una experiencia más profunda:

-Padre, que todos sean uno, como tú estás en mí y yo en ti,

así también que ellos sean uno en nosotros,

para que el mundo crea que tú me has enviado (Jn 17,21).

 

Hemos encontrado a Jesús de Nazaret

   Andrés, que era uno de los dos discípulos, busca a su hermano

Simón, comparte con él la experiencia de vivir con Jesús, y le dice:

Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo). Y lo lleva a Jesús.

   Lo mismo hace Felipe, busca a Natanael (Bartolomé) y le dice:

Hemos hallado a Aquel de quien escribió Moisés y los profetas.

Es Jesús, el hijo de José, el de Nazaret… Ven y verás. Luego Natanael

exclama: Maestro, tú eres el Hijo de Dios, el rey de Israel (Jn 1,45ss).

   También la samaritana corre al pueblo para decir a sus paisanos:

Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que yo hice.

¿No será éste el Cristo?... En aquel pueblo muchos creyeron en Jesús

por las palabras de la mujer… Los samaritanos acudieron a Jesús

y le rogaron que se quedara con ellos (Jn 4,28ss).

   Ciertamente, como dicen nuestros Obispos en Aparecida (2007):

Conocer a Jesús por la fe es nuestro gozo. Seguirle es una gracia.

Transmitir este tesoro a los demás es un encargo que el Señor,

al llamarnos y elegirnos, nos ha confiado (DA, n.18 y 32).

J. Castillo A.

 

¿QUÉ BUSCAMOS EN JESÚS?

      El evangelista Juan narra los humildes comienzos del pequeño grupo de seguidores de Jesús. Su relato comienza de manera misteriosa. Se nos dice que Jesús pasaba. No sabemos de dónde viene ni adónde se dirige. No se detiene junto al Bautista. Va más lejos que su mundo religioso del desierto. Por eso Juan indica a sus discípulos que se fijen en Él: Éste es el Cordero de Dios.

      Jesús viene de Dios, no con poder y gloria, sino como un cordero indefenso e inerme. Nunca se impondrá por la fuerza, a nadie forzará a creer en Él. Un día será sacrificado en una cruz. Los que quieran seguirle lo habrán de acoger libremente.

      Los dos discípulos que han escuchado al Bautista comienzan a seguir a Jesús sin decir palabra. Hay algo en Él que los atrae, aunque todavía no saben quién es ni hacia dónde los lleva. Sin embargo, para seguir a Jesús no basta escuchar lo que otros dicen de Él. Es necesaria una experiencia personal.

      Por eso, Jesús se vuelve y les hace una pregunta muy importante: ¿Qué buscáis?. Estas son las primeras palabras de Jesús a quienes lo siguen. No se puede caminar tras sus pasos de cualquier manera. ¿Qué esperamos de Él? ¿Por qué le seguimos? ¿Qué buscamos?

      Aquellos hombres no saben adónde los puede llevar la aventura de seguir a Jesús, pero intuyen que puede enseñarles algo que aún no conocen: Maestro, ¿dónde vives? No buscan en Él grandes doctrinas. Quieren que les enseñe dónde vive, cómo vive, y para qué. Desean que les enseñe a vivir. Jesús les dice: Venid y lo veréis.

      En la Iglesia y fuera de ella, son bastantes los que viven hoy perdidos en el laberinto de la vida, sin caminos y sin orientación. Algunos comienzan a sentir con fuerza la necesidad de aprender a vivir de manera diferente, más humana, más sana y más digna. Encontrarse con Jesús puede ser para ellos la gran noticia.

      Es difícil acercarse a ese Jesús narrado en los evangelios sin sentirnos atraídos por su persona. Jesús abre un horizonte nuevo a nuestra vida. Enseña a vivir desde un Dios que quiere para nosotros lo mejor. Poco a poco nos va liberando de engaños, miedos y egoísmos que nos están bloqueando.

       Quien se pone en camino tras Él comienza a recuperar la alegría y la sensibilidad hacia los que sufren. Empieza a vivir con más verdad y generosidad, con más sentido y esperanza. Cuando uno se encuentra con Jesús tiene la sensación de que empieza por fin a vivir la vida desde su raíz, pues comienza a vivir desde un Dios bueno, más humano, más amigo y salvador que todas nuestras teorías. Todo empieza a ser diferente. 

José Antonio Pagola (2012)

 

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