Miércoles, 28 de Febrero del 2024
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ENSEÑANZAS Y OBRAS DE JESÚS
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IV Domingo, Tiempo Ordinario, ciclo B: 1 febrero 2015

Dt 18,15-20  -  1Cor 7,32-35  -  Mc 1,21-28

 

ENSEÑANZAS Y OBRAS DE JESÚS

   Hay personas que tienen ‘poder’ político, económico, religioso…

pero no tienen ‘autoridad’ para hablar (dicen una cosa y hacen otra);

ni autoridad para hacer (porque hacen ciertas obras pero roban).

   Al respecto, el profeta Isaías, allá por el año 740 a.C., denunciaba:

Los jefes son bandidos, socios de ladrones, se dejan sobornar, buscan

regalos. No hacen justicia a los huérfanos ni a las viudas (Is 1,23).

   Diferente el ejemplo de Jesús: un día ‘sábado’ va a la ‘sinagoga’,

para enseñar con autoridad y no como los maestros de la ley,

y para liberar a su pueblo de un sistema religioso opresor,

 

Jesús enseña con autoridad

   Los escribas -llamados también doctores, maestros, letrados-

son ‘especialistas’ en el conocimiento e interpretación de la ley; pues

con el paso de los años se había elaborado gran cantidad de preceptos

(morales, económicos y culturales) para controlar la vida del pueblo.

Eran pesadas cargas puestas sobre las espaldas de la gente (Mt 23,4).

   El descanso del día sábado prohibía hacer el bien o salvar una vida.

Para Jesús, en cambio, el sábado ha sido hecho para el hombre

por eso, un sábado, sana a un hombre que tiene la mano paralizada.

Desde entonces sus enemigos buscan acabar con Él (Mc 2,23-3,6).

   Otra carga pesada eran las tradiciones de pureza e impureza.

Sobre esto, Jesús desenmascara la hipocresía de esos ‘especialistas’:

Este pueblo me honra con los labios pero su corazón está lejos de mí.

El culto que me dan es inútil. Enseñan preceptos humanos. Dejan

de lado el mandamiento de Dios para seguir sus tradiciones (Mc 7).

¡Cuánta falta nos hace oír: una enseñanza nueva, con autoridad!

   Con razón, Pablo VI dice: Será sobre todo mediante su conducta,

mediante su vida, como la Iglesia evangelizará al mundo,

es decir, mediante su testimonio vivido de fidelidad a Jesucristo,

de pobreza y despego de los bienes materiales, de libertad frente

a los poderes del mundo, en una palabra: de santidad (EN, n.41).

 

Jesús sana y libera de la opresión

   En la época de Jesús, los judíos que vivían fuera de Jerusalén

se reunían el sábado en la sinagoga del pueblo: para escuchar pasajes

de la Biblia (principalmente la ley y los profetas) y para las oraciones.    

   Ahora bien, según las normas de pureza e impureza, la sinagoga

era un espacio sagrado reservado a los justos que cumplían fielmente

las leyes, tradiciones y costumbres. Y quedaban fuera los impuros,

publicanos, pecadores, leprosos, es decir, los rechazados por Dios.

   Sin embargo, según el texto de Marcos, en la sinagoga de Cafarnaún

está precisamente un hombre que tiene un espíritu inmundo.

¿Cómo es posible que una persona impura esté en un lugar sagrado?

¿No será que ese sistema religioso está contaminado y pervertido?

Quizás por esto, aquel hombre empieza a gritar: ¿Qué tenemos

que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? 

   Así es. Jesús libera al pueblo de tantas costumbres y cargas pesadas,

y valora la dignidad de todo ser humano, verdadera imagen de Dios.

Para ello, Jesús predica en las sinagogas y expulsa espíritus inmundos.

Más tarde, purificará el templo de Jerusalén, cueva de ladrones.

   En nuestros días, muchas personas, incluso pobres y sencillas:

dependen de la propaganda comercial, consumen cosas superfluas,

viven oprimidas por las tarjetas de crédito y facturas que deben pagar,

y creen que al comprar la última moda serán más respetadas…

   Cuando los responsables de este nefasto sistema griten: ¿Has venido

a destruirnos?, Jesús les dirá: Cállense y salgan de esas personas.

Pidamos a Dios que nos ilumine y nos fortalezca con su Espíritu,

para liberarnos de tantos espíritus mundanos y amenazadores.

Desde la Buena Noticia que Jesús anuncia hagamos realidad

otro estilo de política y economía, donde se dé prioridad a la vida:

de niños, jóvenes y adultos… y de nuestra madre la tierra…

   Al respecto, en su mensaje de enero 2015, nuestros Obispos dicen:

No habrá paz duradera y sostenida si no hay en cada uno de nosotros

la firme decisión de construir la paz. ¡No seamos indiferentes a todo

signo de violencia verbal o física, de corrupción y deshonestidad!

Reiteramos nuestro rechazo al dicho generalizado: “No importa

que las autoridades elegidas roben con tal que hagan obras.

   Estas personas tendrán ‘poder’ para mentir, robar, oprimir, matar…

pero no tienen ‘autoridad’ para servir y que los demás crezcan.

J. Castillo A.

 

UN ENSEÑAR NUEVO

   El episodio es sorprendente y sobrecogedor. Todo ocurre en la sinagoga, el lugar donde se enseña oficialmente la ley, tal como es interpretada por los maestros autorizados. Sucede en sábado, el día en que los judíos observantes se reúnen para escuchar el comentario de sus dirigentes. Es en este marco donde Jesús comienza a enseñar.

por vez primera

   Nada se dice del contenido de sus palabras. No es eso lo que aquí interesa, sino el impacto que produce su intervención. Jesús provoca asombro y admiración. La gente capta en Él algo que no encuentra en sus maestros religiosos: Jesús no enseña como los escribas, sino con autoridad.

   Los letrados enseñan en nombre de la institución; se atienen a las tradiciones; citan una y otra vez a maestros ilustres del pasado; su autoridad proviene de su función de interpretar oficialmente la ley. La autoridad de Jesús es diferente; no viene de la institución; no se basa en la tradición; tiene otra fuente. Está lleno del Espíritu vivificador de Dios.

   Lo van a poder comprobar enseguida. De forma inesperada, un poseído interrumpe a gritos su enseñanza. No la puede soportar. Está aterrorizado: ¿Has venido a acabar con nosotros? Aquel hombre se sentía bien al escuchar la enseñanza de los escribas. ¿Por qué se siente ahora amenazado?

   Jesús no viene a destruir a nadie. Precisamente tiene autoridad porque da vida a las personas. Su enseñanza humaniza y libera de esclavitudes. Sus palabras invitan a confiar en Dios. Su mensaje es la mejor noticia que puede escuchar aquel hombre atormentado interiormente. Cuando Jesús lo cura, la gente exclama: Este enseñar con autoridad es nuevo.

   Los sondeos indican que la palabra de la Iglesia está perdiendo autoridad y credibilidad. No basta hablar de manera autoritaria para anunciar la Buena Noticia de Dios. No es suficiente transmitir correctamente la tradición para abrir los corazones a la alegría de la fe. Lo que necesitamos urgentemente es un enseñar nuevo.

   No somos escribas, sino discípulos de Jesús. Hemos de comunicar su mensaje, no nuestras tradiciones. Hemos de enseñar curando la vida, no adoctrinando las mentes. Hemos de contagiar su Espíritu, no nuestras teologías.       

José Antonio Pagola (2009)          

           

 

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