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DAR LAS VIDA POR LAS OVEJAS
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IV Domingo de Pascua (ciclo B): 26 de abril del 2015

Hch 4,8-12  -   1Jn 3,1-2  -  Jn 10,11-18

 

DAR LA VIDA POR LAS OVEJAS

   Dada la íntima relación que hay entre el pastor y sus ovejas,

al pueblo judío del AT le agrada invocar a Dios como pastor (Sal 23).

Pastor se aplica también a las autoridades religiosas y políticas.

Recordemos que Moisés, el gran liberador de  su pueblo (Ex 3,1),

David, el antepasado de Jesús (1Sam 16,11), y otros… son pastores.

   Así como hay pastores buenos, hay también autoridades malas

que roban, matan, destruyen… que se apacientan a sí mismas (Ez 34). 

 

El asalariado abandona las ovejas y huye

   Aparentemente, el buen pastor y el asalariado aman a las ovejas.

Sin embargo, encontramos diferencias. Hay asalariados que trabajan

en salud, en educación, en asilos para ancianos, en oficinas públicas…   

Unos lo hacen bien, otros solo movidos por el salario para sobrevivir.

   Pero hay también ‘asalariados’ que se apacientan a sí mismos, pues

dominados por la idolatría del becerro de oro: -explotan a los pobres,

-destruyen la naturaleza, -buscan llenar sus bolsillos en poco tiempo,

-abren sus manos para los beneficios y dejan a los pobres la austeridad

y, cuando hay peligro, -abandonan al pueblo, -huyen al extranjero…

   Los cristianos no podemos permanecer ciegos, sordos y mudos:

-ante el creciente abismo que hay entre ricos y pobres…

-ante el lujo de unos pocos frente a la miseria de las mayorías… y

-ante la explotación irracional de nuestra madre tierra.

   Ojalá la voz de nuestros Obispos en Aparecida no sea letra muerta:

La riqueza natural de América Latina y El Caribe experimentan hoy

una explotación irracional que va dejando una estela de desperdicio,

e incluso de muerte, por toda nuestra región. En todo ese proceso

tiene una enorme responsabilidad el actual modelo económico

que privilegia el desmedido afán por la riqueza,

por encima de la vida de las personas y de los pueblos

y del respeto racional de la naturaleza (DA, 2007, n.473).

   El pastor bueno es diferente, ama y entrega su vida por las ovejas.

 

El  pastor bueno da su vida por las ovejas

   Jesús, Pastor Bueno, da su vida por las ovejas… las conoce y ellas

le conocen… con todas busca formar un solo rebaño y un solo pastor.

   Hagamos la voluntad de Jesús, reflexionando en el salmo 23.

*El Señor es mi pastor, nada me falta. Jesús dice a sus discípulos:

Éste es mi mandamiento: ámense unos a otros como yo les he amado.

Nadie tiene amor más grande que dar la vida por sus amigos.

Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando (Jn 15).

*En verdes praderas me hace descansar. Jesús dice a Felipe: ¿Dónde

compraremos pan para toda esta gente?... Luego añade: Díganles

a todos que se sienten. Había hierba abundante en ese lugar (Jn 6,5ss).

*Me lleva a las aguas frescas y renueva mis fuerzas. A la samaritana

Jesús le dice: Todos los que beben de esta agua, volverán a tener sed,

pero el que beba del agua que yo le daré, jamás tendrá sed (Jn 4).

*Me guía por caminos de justicia, por amor de su nombre. Escribas

y fariseos le dicen: Maestro, esta mujer fue sorprendida en adulterio.

La ley de Moisés ordena apedrear a estas mujeres. Tú ¿qué dices?...

Jesús responde: El que no tenga pecado, tire la primera piedra (Jn 8).

*Aunque camine por un valle tenebroso, ningún mal temeré,

porque tú estás conmigo, tu vara y tu bastón me dan seguridad.

La curación del joven -ciego de nacimiento- nos muestra el camino

de fe que él recorre, en medio de la ceguera espiritual de los fariseos.

Al final, el que fue ciego se arrodilla ante Jesús y dice: Creo, Señor

Luego Jesús exclama: He venido a este mundo para hacer un juicio,

para que los ciegos vean, y los que ven se queden ciegos (Jn 9).

*Preparas para mí un banquete en presencia de mis enemigos.

Los judíos murmuran porque Jesús ha dicho: Yo soy el pan que

ha bajado del cielo… Y decían: Este Jesús, ¿no es el hijo de José?

Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo dice que ha

bajado del cielo? Jesús les responde: Dejen de murmurar (Jn 6,41ss).

*Unges mi cabeza con perfume. En Betania, en la cena que ofrecen a

Jesús, María toma una libra de perfume de nardo puro, muy costoso,

unge los pies de Jesús y, luego, los seca con sus cabellos (Jn 12).

*Mi copa está llena. En una boda, en Caná de Galilea, el mayordomo

dice al novio: Tú has guardado el mejor vino hasta ahora (Jn 2).

*Tu bondad y tu amor me acompañan todos los días de mi vida, y en

tu casa, Señor, viviré por siempre. Juan y Andrés le dicen: Maestro,

¿dónde vives? Ellos al ver dónde vive, se quedan con Él (Jn 1,35ss). 

J. Castillo A.


VA CON NOSOTROS

   El símbolo de Jesús como pastor bueno produce hoy en algunos cristianos cierto fastidio. No queremos ser tratados como ovejas de un rebaño. No necesitamos a nadie que gobierne y controle nuestra vida. Queremos ser respetados. No necesitamos de ningún pastor.

   No sentían así los primeros cristianos. La figura de Jesús, buen pastor, se convirtió muy pronto en la imagen más querida de Jesús. Ya en las catacumbas de Roma se le representa cargando sobre sus hombros a la oveja perdida. Nadie está pensando en Jesús como un pastor autoritario, dedicado a vigilar y controlar a sus seguidores, sino como un pastor bueno que cuida de sus ovejas.

   El pastor bueno se preocupa de sus ovejas. Es su primer rasgo. No las abandona nunca. No las olvida. Vive pendiente de ellas. Está siempre atento a las más débiles o enfermas. No es como el pastor mercenario, que, cuando ve algún peligro, huye para salvar su vida, abandonando al rebaño: no le importan las ovejas.

   Jesús había dejado un recuerdo imborrable. Los relatos evangélicos lo describen preocupado por los enfermos, los marginados, los pequeños, los más indefensos y olvidados, los más perdidos. No parece preocuparse de sí mismo. Siempre se le ve pensando en los demás. Le importan sobre todo los más desvalidos.

   Pero hay algo más. El pastor bueno da la vida por sus ovejas. Es el segundo rasgo. Hasta cinco veces repite el evangelio de Juan este lenguaje. El amor de Jesús a la gente no tiene límites. Ama a los demás más que a sí mismo. Ama a todos con amor de buen pastor, que no huye ante el peligro, sino que da su vida por salvar al rebaño.

   Por eso, la imagen de Jesús, pastor bueno, se convirtió muy pronto en un mensaje de consuelo y confianza para sus seguidores. Los cristianos aprendieron a dirigirse a Jesús con palabras tomadas del salmo 23: El Señor es mi pastor, nada me falta... aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo... Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida.

   Los cristianos vivimos con frecuencia una relación bastante pobre con Jesús. Necesitamos conocer una experiencia más viva y entrañable. No creemos que Él cuida de nosotros. Se nos olvida que podemos acudir a Él cuando nos sentimos cansados y sin fuerzas, o perdidos y desorientados.

   Una Iglesia formada por cristianos que se relacionan con un Jesús mal conocido, confesado solo de manera doctrinal, un Jesús lejano cuya voz no se escucha bien en las comunidades..., corre el riesgo de olvidar a su Pastor. Pero, ¿quién cuidará a la Iglesia si no es su Pastor?

José Antonio Pagola (2012)

 

 

 

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