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YO SOY LA VID VERDADERA
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V Domingo de Pascua (ciclo B): 3 de mayo del 2015

Hch 9,26-31  -  1Jn 3,18-24  -  Jn 15,1-8

 

YO SOY LA VID VERDADERA

   Como buen campesino, Jesús de Nazaret anuncia el Reino de Dios,

utilizando comparaciones sencillas: el sembrador que va a sembrar...

el trigo y la mala hierba… la semilla de mostaza… la higuera

   En el Evangelio de hoy nos dice: que Él es la vid verdadera, que sus

discípulos son las ramas, y que la gloria de Dios Padre -el viñador-

consiste en que los discípulos estén unidos a su Hijo para dar frutos;

caso contrario se secan, son arrancados y arrojados al fuego.

  

Sin mí ustedes no pueden hacer nada

   En el AT, la vid es un símbolo del pueblo elegido que fue liberado

de la esclavitud de Egipto por el mismo Dios, el Viñador; y conducido

a una tierra fértil donde: echó raíces hasta llenar el país, extendió sus

sus sarmientos hasta el mar y sus brotes hasta el Río Grande (Sal 80).

Sin embargo, con el correr del tiempo, aquella viña del Señor,

su plantación preferida, dejó de dar frutos: Dios esperaba que diera

uvas y dio frutos agrios, esperaba justicia y encontró muerte (Is 5).

   Al llegar la plenitud de los tiempos, Jesús lleva sobre sus hombros

la viña destruida… y cumple con la voluntad de Dios misericordioso:

defender los derechos de los pobres, huérfanos, viudas, forasteros

   Esta misión le trae problemas de parte de los dirigentes religiosos,

quienes, para quedarse con la viña del Señor y explotar al pueblo,

apedrean a los profetas… y asesinan al Hijo amado de Dios.

Además, esos dirigentes -alejados de Dios- les gusta ser saludados

en las plazas y ocupar los primeros asientos; y, con pretexto de largas

oraciones, devoran los bienes de las viudas (Mc 12).

   Sin embargo, Jesús espera la conversión de todos: Un hombre tenía

una higuera en su viña. Fue a buscar fruto, pero lo no encontró. Dijo

pues al viñador: -Hace tres años que vengo en busca de fruto y nunca

encuentro nada. Córtala, pues ocupa terreno inútilmente. El viñador

le dice: -Señor, déjala todavía este año, cavaré alrededor y echaré

abono, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás (Lc 13).

 

Permanecer unidos a Jesús para dar fruto

   Cuando la prepotencia de los poderosos ponen el ‘dios dinero’

por encima de la vida del ser humano y de nuestra madre tierra, las

consecuencias están a la vista: autoridades insensibles… represión…

criminalización de las protestas… detenidos… heridos… muertes…

¿Hasta cuándo los actuales ‘encomenderos’ -nacionales y extranjeros-

usurparán nuestras riquezas naturales de la Costa, Sierra y Selva?

   Ya en el siglo XVI, Pedro de Quiroga, clérigo, hizo esta denuncia:

Todo ha sido rapiña y codicia cuanto habéis tratado con nosotros…

¡Oh cristianos y qué heredad habéis dañado! No tenéis razón cierta si

decís que la planta era mala o que no estaba la tierra dispuesta, sino

que la plantasteis mal y la cultivasteis peor (‘Coloquios de verdad’).

   Ciertamente, otro mundo es posible -desde el Evangelio de Jesús-

si cada cristiano permanecemos unidos a Él, para dar fruto abundante.

Cuántas cosas cambiarían, en nuestras familias y en nuestra sociedad,

si ponemos en práctica, con la gracia de Dios, el ejemplo de Jesús

que no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida (Mc 10,42ss).

 

La gloria de Dios consiste en que tengamos vida

   La preocupación más grande de Jesús, no son los ritos y ceremonias

que se realizan en el templo de Jerusalén; tampoco la observancia

de leyes y costumbres impuestas por los fariseos y maestros de la ley.

A Jesús le preocupa la vida de niños, jóvenes y adultos. Él nos sigue

diciendo: Yo vine para que tengan vida en abundancia (Jn 10,10).

   Por eso, el mismo Jesús nos pide: dar de comer a los hambrientos…

dar de beber a los sedientos… acoger a los forasteros… vestir a los

desnudos… sanar a los enfermos… liberar a los encarcelados (Mt 25).

   ¿Nosotros hacemos su voluntad? He oído que cuando se reúnen

en asamblea, hay divisiones entre ustedes… Cuando se reúnen, ya no

comen la Cena del Señor; porque cada uno se adelanta a comer

su propia cena, y mientras uno pasa hambre, el otro está borracho.

¿No tienen ustedes casas para comer y beber? ¿Por qué desprecian

la asamblea de Dios, avergonzando a los que nada tienen? (1Cor 11).

   En este mes, los devotos de la ‘Cruz de Mayo’, debemos dar vida:

Dejen de hacer el mal, aprendan a hacer el bien, busquen la justicia,

ayuden al oprimido, defiendan al huérfano, protejan a la viuda (Is 1).

Estas obras agradan a Dios y son su verdadera gloria.    

J. Castillo A.  

 

CONTACTO VITAL

   Según el relato evangélico de Juan, en vísperas de su muerte, Jesús revela a sus discípulos su deseo más profundo: Permaneced en mí. Conoce su cobardía y mediocridad. En muchas ocasiones les ha recriminado su poca fe. Si no se mantienen vitalmente unidos a Él, no podrán subsistir.

   Las palabras de Jesús no pueden ser más claras y expresivas: Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Si no se mantienen firmes en lo que han aprendido y vivido junto a Él, su vida será estéril. Si no viven de su Espíritu, lo iniciado por Él se extinguirá.

   Jesús emplea un lenguaje rotundo: Yo soy la vid y vosotros los sarmientos. En los discípulos ha de correr la savia que proviene de Jesús. No lo han de olvidar nunca. El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante, porque sin mí no podéis hacer nada. Separados de Jesús, sus discípulos no podemos nada.

   Jesús no solo les pide que permanezcan en Él. Les dice también que sus palabras permanezcan en ellos. Que no las olviden. Que vivan de su Evangelio. Esa es la fuente de la que han de beber. Ya se lo había dicho en otra ocasión: Las palabras que os he dicho son espíritu y vida.

   El Espíritu del Resucitado permanece hoy vivo y operante en su Iglesia de múltiples formas, pero su presencia invisible y callada adquiere rasgos visibles y voz concreta gracias al recuerdo guardado en los relatos evangélicos por quienes lo conocieron de cerca y le siguieron. En los evangelios nos ponemos en contacto con su mensaje, su estilo de vida y su proyecto del Reino de Dios.

   Por eso, en los evangelios se encierra la fuerza más poderosa que poseen las comunidades cristianas para regenerar su vida. La energía que necesitamos para recuperar nuestra identidad de seguidores de Jesús. El Evangelio de Jesús es el instrumento pastoral más importante para renovar hoy a la Iglesia.

   Muchos cristianos buenos de nuestras comunidades solo conocen los evangelios “de segunda mano”. Todo lo que saben de Jesús y de su mensaje proviene de lo que han podido reconstruir a partir de las palabras de los predicadores y catequistas. Viven su fe sin tener un contacto personal con “las palabras de Jesús”.

   Es difícil imaginar una “nueva evangelización” sin facilitar a las personas un contacto más directo e inmediato con los evangelios. Nada tiene más fuerza evangelizadora que la experiencia de escuchar juntos el Evangelio de Jesús desde las preguntas, los problemas, sufrimientos y esperanzas de nuestros tiempos.                  

José Antonio Pagola (2012)

 

 

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