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AMAR COMO JES┌S NOS AMA
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VI Domingo de Pascua (ciclo B): 10 de mayo del 2015

Hch 10,25-48  -  1Jn 4,7-10  -  Jn 15,9-17

 

AMAR COMO JESÚS NOS AMA

   Dios es amor y ama a todos sus hijos con entrañas de misericordia:

¿Puede una madre olvidar o dejar de amar al hijo de sus entrañas?

Pues, aunque ella se olvide, yo tu Dios no te olvidaré (Is 49,15).  

   Jesús, el Hijo amado de Dios, nos dice: Como el Padre me ama,

así les amo yo, permanezcan en mi amor. Y quiere que sus discípulos

se amen como Él nos ama, hasta dar la vida por los amigos.

 

Un amor compasivo (cum-passio) y misericordioso (miser-cor)

   Al capitalismo salvaje, centrado en el dios-dinero, no le interesa

la vida de las personas humanas, ni la vida de nuestra madre tierra.

Ese sistema, para sobrevivir, hace la guerra, se apropia de las riquezas

de países pobres, deja a su paso: hambre, éxodo, enfermedad, muerte.

Además, para mantener el consumismo desenfrenado, ese capitalismo

necesita saquear la naturaleza, ocasionando: cambio climático,

pérdida de la biodiversidad, deforestación (Papa Francisco, 28/10/14).

   El camino de Jesús es diferente, ama con entrañas de misericordia.

*Ovejas abandonadas. Jesús recorre ciudades y pueblos anunciando

el Reino de Dios. Viendo a la multitud, se compadece de todos ellos,

pues son maltratados y abatidos, como ovejas sin pastor (Mt 9,35).

*El hambre. Jesús dice a sus discípulos: Tengo compasión de esta

gente porque hace tres días que están conmigo y no tiene qué comer;

si los despido en ayunas, desfallecerán por el camino (Mc 8).

*Pecadores. Su padre lo ve, se compadece, corre a su encuentro,

se le echa al cuello, le besa… y ordena celebrar una fiesta (Lc 15).

*Heridos. Pero un samaritano, lo ve, tiene compasión, se acerca,

cura sus heridas, lo lleva a una posada, cuida de él (Lc 10).

*Morir antes de tiempo. Al llegar a Naín, llevaban a enterrar al hijo

único de una madre viuda. Al verla, Jesús se compadece y le dice:

No llores… Luego exclama: Joven, a ti te digo, levántate (Lc 7).

   Ante tantos desafíos, ¿somos peces vivos que luchan contra toda

explotación, o peces muertos que son arrastrados por la corriente?

 

Ámense los unos a los otros como yo les he amado

En nuestra sociedad la palabra ‘amor’ tiene diversos significados.

   Hay sectores donde el amor se identifica con relaciones sexuales.

Al respecto, basta ver ciertos programas de televisión (‘telebasura’).

   Para otros grupos, amor significa ascender a costa de los demás.

Se pisotea los derechos de otros, a quienes se considera inferiores.

Es un amor individualista que se sustenta en la estructura jerárquica.

   No faltan quienes, encerrados en determinados círculos sociales,

solamente aman a los miembros de su grupo. Es un amor sectario.

   Otros han reducido el amor al ‘cumplo-y-miento’ de ciertas normas,

con la esperanza de recibir una recompensa. Es un amor farisaico.

   Para Jesús, que se hizo amigo de todos nosotros, amar significa:

poner todo lo que somos y tenemos al servicio de los demás, incluso

entregando nuestra vida. Como Jesús amemos también al enemigo.

   Pero, ¿qué sucede, hoy, con los hombres y mujeres que se arriesgan

a cruzar el mar o una frontera, en busca de una vida más digna?

¿Cómo actúan los países ricos que han saqueado a los países pobres?

¿Bastará dar limosna con una mano, lo que se roba con la otra?

¿Hasta cuándo esos Caínes seguirán derramando sangre inocente?

   Ojalá, los cristianos y personas de buena voluntad cambiemos

nuestra manera de vivir, para que también los opresores se conviertan.

   En este contexto, escuchemos al apóstol Pablo que nos dice:

Si yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles,

pero no tengo amor, soy como una campana que resuena

o un platillo que hace ruido.

Si yo tuviera el don de profecía y conociera todos los misterios

y toda la ciencia, y tuviera tanta fe para mover montañas,

pero no tengo amor, nada soy.

Si repartiera todos mis bienes a los pobres y entregara mi cuerpo

para recibir alabanzas, pero no tengo amor, de nada me sirve.

El amor es paciente, servicial y sin envidia, no busca aparentar,

no es orgulloso ni actúa con bajeza, no busca su propio interés.

El amor no se irrita, sino que olvida las ofensas y las perdona.

Nunca se alegra de la injusticia y siempre se alegra de la verdad.

Todo lo aguanta, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta…

Ahora tenemos la fe, la esperanza y el amor,

pero la más importante de las tres es el amor (1Cor 13).

J. Castillo A.

 

AL ESTILO DE JESÚS

   Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Los ha querido apasionadamente. Los ha amado con el mismo amor con que lo ha amado el Padre. Ahora los tiene que dejar. Conoce su egoísmo. No saben quererse. Los ve discutiendo entre sí por obtener los primeros puestos. ¿Qué será de ellos?

   Las palabras de Jesús adquieren un tono solemne. Han de quedar bien grabadas en todos: Éste es mi mandato: que os améis unos a otros como yo os he amado. Jesús no quiere que su estilo de amar se pierda entre los suyos. Si un día lo olvidan, nadie los podrá reconocer como discípulos suyos.

   De Jesús quedó un recuerdo imborrable. Las primeras generaciones resumían así su vida: Pasó por todas partes haciendo el bien. Era bueno encontrarse con Él. Buscaba siempre el bien de las personas. Ayudaba a vivir. Su vida fue una Buena Noticia. Se podía descubrir en Él la cercanía buena de Dios.

   Jesús tiene un estilo de amar inconfundible. Es muy sensible al sufrimiento de la gente. No puede pasar de largo ante quien está sufriendo. Al entrar un día en la pequeña aldea de Naín, se encuentra con un entierro: una viuda se dirige a dar tierra a su hijo único. A Jesús le sale desde dentro su amor hacia aquella desconocida: Mujer, no llores. Quien ama como Jesús vive aliviando el sufrimiento y secando lágrimas.

   Los evangelios recuerdan en diversas ocasiones cómo Jesús captaba con su mirada el sufrimiento de la gente. Los miraba y se conmovía: los veía sufriendo o abatidos, como ovejas sin pastor. Rápidamente se ponía a curar a los más enfermos o a alimentarlos con sus palabras. Quien ama como Jesús aprende a mirar los rostros de las personas con compasión.

   Es admirable la disponibilidad de Jesús para hacer el bien. No piensa en sí mismo. Está atento a cualquier llamada, dispuesto siempre a hacer lo que pueda. A un mendigo ciego que le pide compasión mientras va de camino lo acoge con estas palabras: ¿Qué quieres que haga por ti? Con esta actitud anda por la vida quien ama como Jesús.

   Jesús sabe estar junto a los más desvalidos. No hace falta que se lo pidan. Hace lo que puede por curar sus dolencias, liberar sus conciencias o contagiar confianza en Dios. Pero no puede resolver todos los problemas de aquellas gentes.

   Entonces se dedica a hacer gestos de bondad: abraza a los niños de la calle: no quiere que nadie se sienta huérfano; bendice a los enfermos: no quiere que se sientan olvidados por Dios; acaricia la piel de los leprosos: no quiere que se vean excluidos. Así son los gestos de quien ama como Jesús.  

José Antonio Pagola (2012)

 

 

 

 

 

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