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ANUNCIEN LA BUENA NOTICIA DEL REINO
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Ascensión del Señor (ciclo B): 17 de mayo del 2015

Hch 1,1-11  -  Ef 4,1-13  -  Mc 16,15-20

 

ANUNCIEN LA BUENA NOTICIA DEL REINO

   Refiriéndose a Jesús, Juan Bautista da este significativo testimonio:

Ahora mi alegría es perfecta, que Él crezca y yo disminuya (Jn 3,30).

En esta misma perspectiva y habiendo llegado la hora de ir al Padre,

Jesús dice a sus discípulos: Les conviene que yo me vaya (Jn 16,7).

   Aunque sea motivo de tristeza, esta ausencia es necesaria. Solo así,

sus discípulos -guiados por el Espíritu Santo enviado por Jesús- serán

responsables y creativos en el anuncio de la Buena Noticia del Reino.

   La Ascensión nos invita a vivir guiados por el Espíritu de Jesús.

 

Jesús es Buena Noticia

   Recordemos que Marcos empieza su Evangelio diciendo:

Buena Noticia (=Evangelio) de Jesús, el Cristo, Hijo de Dios.

   Después que arrestan a Juan el Bautista, Jesús va a Galilea para

anunciar a la gente: Conviértanse y crean en la Buena Noticia.

   Buena Noticia es el mismo Jesús, porque sus enseñanzas y obras

despiertan esperanza y dan vida a los pobres y excluidos, por ejemplo:

-sana a los endemoniados privados de dignidad,

-limpia a los leprosos marginados por la sociedad y la religión,

-se solidariza con los paralíticos para que se levanten y caminen,

-quiere misericordia en vez de la observancia farisaica del sábado,

-da de comer a los hambrientos privados del pan de cada día,

-alaba la fe de los paganos despreciados como si fueran perros,

-acaricia y bendice a los niños imponiéndoles las manos…

   Mientras la gente sencilla alaba a Dios por las obras de Jesús,

las autoridades políticas y religiosas buscan matarlo.

   Hoy, los más débiles y frágiles esperan de nosotros gestos audaces:

Abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo,

las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad,

y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio. Nuestras

manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotros para que

sientan el calor de nuestra presencia, amistad y fraternidad (MV 15).

 

Los discípulos anuncian la Buena Noticia

   Para que la Buena Noticia del Reino llegue a toda la humanidad,

Jesús busca colaboradores que se identifiquen con su proyecto (Mc 3).

   Entre estos seguidores hay también un grupo de mujeres:

Ellas, cuando Jesús estaba en Galilea, le habían seguido y servido;

y otras muchas que habían subido con Él a Jerusalén (Mc 15,41).

   A tres de ellas -María Magdalena, María de Santiago y Salomé-

un joven vestido con un hábito blanco les anuncia esta Buena Noticia:

No tengan miedo. Ustedes buscan a Jesús Nazareno, el crucificado.

No está aquí, ha resucitado… Vayan ahora y digan a sus discípulos

y a Pedro que irá delante de ellos a Galilea. Allí lo verán (Mc 16).

   Con la Ascensión se abre un tiempo nuevo para sus seguidores/as:

-Pedro y Juan anuncian la resurrección de Jesús y son arrestados.

-El diácono Esteban habla con sabiduría; es calumniado y apedreado.

-En Samaría, el diácono Felipe proclama la Palabra de Dios.

-En Antioquía, el Espíritu Santo y la comunidad cristiana separan

  a Pablo y Bernabé, para una misión especial entre los paganos.

-La diaconisa Febe goza de autoridad en la comunidad de Sencreas.

-En Corinto, la comunidad se reúne en casa de Aquila y Prisca… etc.

¿Cómo respondemos, hoy, a los grandes desafíos de nuestra sociedad?

 

El que crea y se bautice se salvará

   Actualmente, hay creyentes que viven su fe de una manera infantil,

pues, al no actuar en conciencia ni ejercer su propia libertad, esperan

que la autoridad religiosa les digan todo lo que deben creer y hacer.

   Al respecto, reflexionemos en el siguiente texto del Vaticano II:

Dios tiene en cuenta la dignidad de la persona humana, que Él mismo

ha creado, y que debe regirse por su propia determinación y usar

de libertad… Cristo, nuestro Maestro y Señor, de corazón manso

y humilde, atrajo e invitó pacientemente a sus discípulos. Cierto que

apoyó y confirmó con milagros su predicación para suscitar la fe 

de sus oyentes y afianzarla, pero no para forzarlos… Dio testimonio

de la verdad, pero no la quiso imponer por la fuerza a los que le

contradecían. Pues su Reino no se defiende con la violencia, sino que

se establece dando testimonio de la verdad… La Iglesia reconoce y

promueve la libertad religiosa, como conforme a la dignidad humana.  

(Declaración sobre la Libertad Religiosa, nº 11-12).    

J. Castillo A.

 

NUEVO COMIENZO

   Los evangelistas describen con diferentes lenguajes la misión que Jesús confía a sus seguidores. Según Mateo, han de “hacer discípulos” que aprendan a vivir como Él les ha enseñado. Según Lucas, han de ser “testigos” de lo que han vivido junto Él. Marcos lo resume todo diciendo que han de proclamar el Evangelio a toda la creación.

   Quienes se acercan hoy a una comunidad cristiana no se encuentran directamente con el Evangelio. Lo que perciben es el funcionamiento de una religión envejecida, con graves signos de crisis. No pueden identificar con claridad en el interior de esa religión la Buena Noticia proveniente del impacto provocado por Jesús hace veinte siglos.

   Por otra parte, muchos cristianos no conocen directamente el Evangelio. Todo lo que saben de Jesús y su mensaje es lo que pueden reconstruir de manera parcial y fragmentaria escuchando a catequistas y predicadores. Viven su religión privados del contacto personal con el Evangelio.

   ¿Cómo podrán proclamarlo si no lo conocen en sus propias comunidades? El Concilio Vaticano II ha recordado algo demasiado olvidado en estos momentos: El Evangelio es, en todos los tiempos, el principio de toda su vida para la Iglesia. Ha llegado el momento de entender y configurar la comunidad cristiana como un lugar donde lo primero es acoger el Evangelio de Jesús.

   Nada puede regenerar el tejido en crisis de nuestras comunidades  como la fuerza del Evangelio. Solo la experiencia directa e inmediata del Evangelio puede revitalizar a la Iglesia. Dentro de unos años, cuando la crisis nos obligue a centrarnos solo en lo esencial, veremos con claridad que nada es más importante hoy para los cristianos que reunirnos a leer, escuchar y compartir juntos los relatos evangélicos.

   Lo primero es creer en la fuerza regeneradora del Evangelio. Los relatos evangélicos enseñan a vivir la fe, no por obligación sino por atracción. Hacen vivir la vida cristiana, no como deber sino como irradiación y contagio. Es posible introducir ya en las parroquias una dinámica nueva. Reunidos en pequeños grupos, en contacto con el Evangelio, iremos recuperando nuestra verdadera identidad de seguidores de Jesús.

   Hemos de volver al Evangelio como nuevo comienzo. Ya no sirve cualquier programa o estrategia pastoral. Dentro de unos años, escuchar juntos el Evangelio de Jesús no será una actividad más entre otras, sino la matriz desde la que comenzará la regeneración de la fe cristiana en las pequeñas comunidades dispersas en medio de una sociedad secularizada.                             

José Antonio Pagola (2012)

 

 

 

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