Miércoles, 28 de Febrero del 2024
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¿QUÉ DEBEMOS HACER?
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3º Domingo de Adviento (ciclo C): 13 de diciembre del 2015

Sof 3,14-18  -  Flp 4,4-7  -  Lc 3,10-18

 

¿QUÉ DEBEMOS HACER?

   La gente, al escuchar a Juan y ver el testimonio de su vida sencilla,

reacciona positivamente y exclama: ¿Qué debemos hacer?

   Cierto día, un hombre rico llega corriendo, se arrodilla ante Jesús y

le pregunta: ¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna? (Mc 10).

   Los que oyen a Pedro y a los Once, conmovidos por el anuncio

de Jesús resucitado, dicen: ¿Hermanos, qué debemos hacer? (Hch 2).

   No basta decirdebemos hacer la voluntad de Dios Padre (Mt 7).

 

Compartir tu pan con el hambriento

   A la multitud que se acerca y le pregunta: ¿Qué debemos hacer?

Juan el Bautista, siguiendo lo dicho por el profeta Isaías (58,7),

responde: El que tenga dos abrigos, dé una al que no tiene,

y el que tenga para comer haga lo mismo.

   El hambre, la sed, la desnudez, la enfermedad… no se solucionan

con promesas vacías ni con proyectos paliativos que no van

a las causas de la injusticia, de la violencia, de la corrupción…

Hacen falta acciones concretas y gestos de verdadera solidaridad.

   Hoy en día, muchos devotos del Niño Jesús, en vez de solidarizarse

con las personas necesitadas, prefieren alquilar costosos disfraces…

divertirse al compás de orquestas y bandas… comer y beber…

Y así, mientras unos pasan hambre, otros están borrachos (1Cor 11).

¿Quiénes son los que se benefician con esos gastos superfluos?

   Ojalá tengamos la capacidad de oír el mensaje del profeta Isaías:      

Esto dice el Señor: Sus solemnidades y fiestas las detesto.

Cuando ustedes levantan las manos para orar, yo cierro los ojos;

por más que multipliquen sus oraciones, yo no las escucho.

¡Sus manos están manchadas de sangre! ¡Lávense, purifíquense!

¡Aparten de mi vista sus malas acciones! ¡Dejen de hacer el mal!

¡Aprendan a hacer el bien, esfuércense en hacer lo que es justo,

ayuden al oprimido, hagan justicia al huérfano,

defiendan los derechos de la viuda! (Is 1,14-17).

 

No cobren más de lo debido

   También algunos cobradores de impuestos o publicanos que van

a bautizarse, preguntan al profeta Juan: ¿Qué debemos hacer?

Estos cobradores son considerados pecadores, colaboran con Roma,

y explotan a los demás exigiendo sumas superiores a las establecidas.

A todos ellos, Juan les dice: No exijan más de lo que está ordenado.

   Tiempo después, un cobrador de impuestos, llamado Zaqueo,

acoge con alegría a Jesús y, desde ese momento, su vida cambia,

piensa en los pobres, se levanta y dice a Jesús resueltamente:

La mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres, y a quienes 

exigí algo injustamente, les devolveré cuatro veces más (Lc 19).

   Un mundo nuevo -más justo y fraterno- es posible, si en vez

de amontonar riquezas materiales como el rico necio (Lc 12,19);

nos solidaricemos con los necesitados compartiendo nuestros bienes,

para que no haya entre nosotros ningún necesitado (Hch 4,34).

 

No maltraten ni hagan denuncias falsas

   Unos soldados le preguntan: Y nosotros, ¿qué debemos hacer?

Juan les contesta: No maltraten a nadie, no hagan denuncias falsas.

   Al respecto es doloroso recordar casos increíbles como el siguiente:

Un 13 de diciembre de 1984, un grupo de malos y cobardes militares

ingresan a la comunidad campesina de Putis (Ayacucho-Perú).

Convocan con engaños a los campesinos, refugiados en los cerros

por miedo a las incursiones del grupo terrorista Sendero Luminoso.

Con el pretexto de construir un criadero de truchas, los militares

obligan, a unos 123 comuneros, a cavar una enorme fosa.

Quién se iba a imaginar que esa fosa iba a ser su propia tumba.

Mientras los campesinos cavan, los militares violan a las mujeres;

luego, asesinan a todos de seis en seis y los entierran en la fosa.

Ese día, hombres y mujeres; niños, jóvenes, adultos y ancianos,

fueron “llevados al matadero como corderos y ovejas” (Is 53,7).

(Cf. Revista SIGNOS, Lima, nº 6, septiembre 2009). 

   Ante estas injusticias que claman al cielo, nuestros obispos dicen: 

La Iglesia en el Perú y todos los peruanos debemos pedir perdón por

nuestros pecados de obra y omisión que permitieron y encubrieron

la violación de los más elementales derechos humanos. Pedir perdón

también por la corrupción pública o privada, el afán de  lucro,

las estructuras sociales injustas (Mensaje, 13 diciembre 2003). 

J. Castillo A.

       

¿QUÉ PODEMOS HACER?

   La predicación del Bautista sacudió la conciencia de muchos. Aquel profeta del desierto les estaba diciendo en voz alta lo que ellos sentían en su corazón: era necesario cambiar, volver a Dios, prepararse para acoger al Mesías. Algunos se acercaron a él con esta pregunta: ¿Qué podemos hacer?

   El Bautista tiene las ideas muy claras. No les propone añadir a su vida nuevas prácticas religiosas. No les pide que se queden en el desierto haciendo penitencia. No les habla de nuevos preceptos. Al Mesías hay que acogerlo mirando atentamente a los necesitados.

   No se pierde en teorías sublimes ni en motivaciones profundas. De manera directa, en el más puro estilo profético, lo resume todo en una fórmula genial: El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, que haga lo mismo. Y nosotros, ¿qué podemos hacer para acoger a Cristo en medio de esta sociedad en crisis?

   Antes que nada, esforzarnos mucho más en conocer lo que está pasando: la falta de información es la primera causa de nuestra pasividad. Por otra parte, no tolerar la mentira o el encubrimiento de la verdad. Tenemos que conocer, en toda su crudeza, el sufrimiento que se está generando de manera injusta entre nosotros.

   No basta vivir a golpes de generosidad. Podemos dar pasos hacia una vida más sobria. Atrevernos a hacer la experiencia de “empobrecernos” poco a poco, recortando nuestro actual nivel de bienestar, para compartir con los más necesitados tantas cosas que tenemos y no necesitamos para vivir.

   Podemos estar, especialmente, atentos a quienes han caído en situaciones graves de exclusión social: desahuciados, privados de la debida atención sanitaria, sin ingresos ni recurso social alguno... Hemos de salir instintivamente en defensa de los que se están hundiendo en la impotencia y la falta de motivación para enfrentarse a su futuro.

   Desde las comunidades cristianas podemos desarrollar iniciativas diversas para estar cerca de los casos más sangrantes de desamparo social: conocimiento concreto de situaciones, movilización de personas para no dejar solo a nadie, aportación de recursos materiales, gestión de posibles ayudas...

   La crisis va a ser larga. En los próximos años se nos va a ofrecer la oportunidad de humanizar nuestro consumismo alocado, hacernos más sensibles al sufrimiento de las víctimas, crecer en solidaridad práctica, contribuir a denunciar la falta de compasión en la gestión de la crisis... Será nuestra manera de acoger con más verdad a Cristo en nuestras vidas.

José Antonio Pagola (2012)  

 

 

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