Miércoles, 22 de Noviembre del 2017
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LA MADRE DE JESÚS
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Santa María, Madre de Dios,  ciclo C: 1 de enero del 2016

Num 6,22-27  -  Gal 4,4-7  -  Lc 2,16-21

 

LA MADRE DE JESÚS

Desde el momento que María acepta ser la madre de Jesús (Lc 2,38),

toda su vida está consagrada a servir: Yo soy la servidora del Señor.

-Está al servicio de su Hijo desde el establo de Belén hasta el calvario.

-Está al servicio de la nueva familia que Jesús inaugura (Lc 8,31),

 y nos sigue diciendo: Hagan todo lo que Él les diga (Jn 2,5).

-Está al servicio de la Iglesia que nace con la venida del Espíritu Santo.

 

Los pastores hallan a María, a José y al Niño

A Jesús, el Salvador, no lo vamos a encontrar en las costosas fiestas

que se realizan en su “honor”… donde se da preferencia a los adornos

superfluos… olvidándonos de los niños, jóvenes y adultos que sufren:

hambre, sed, desnudez, enfermedad…Todos ellos, personas pobres

e insignificantes, son hermanos y hermanas de Jesús (Mt 25).

   Cuando el ángel del Señor anuncia a los pastores de aquella región,

la Buena Noticia del nacimiento del Salvador, les dice:

Encontrarán un niño envuelto en pañales y acostado en un establo.

Aquellos pastores que pasan la noche cuidando rebaños, se levantan,

van a Belén y hallan a María, a José y al Niño acostado en un establo.

   Hoy, ¿podemos permanecer indiferentes al grito de tantos pobres

explotados en el campo y en la ciudad? El Papa Francisco nos pide:

Hacer gestos concretos en favor de nuestros hermanos y hermanas

que sufren por la falta de trabajo, tierra y techo. Pienso en la creación

de puestos de trabajo digno para afrontar la herida social de la

desocupación, que afecta a un gran número de familias y de jóvenes,

y tiene consecuencias gravísimas sobre toda la sociedad.

Luego, como quien pone la mirada en María, la madre de Jesús, dice:

Una atención especial debería ser dedicada a las mujeres

-desgraciadamente todavía discriminadas en el campo del trabajo-

y a algunos grupos de trabajadores, cuyas condiciones son precarias

o peligrosas y cuyos salarios no son adecuados a la importancia de

su misión social. (Mensaje: 49º Jornada Mundial de la Paz, 2016).

 

María conserva y medita todo esto en su corazón

   Los que oyen el testimonio de los pastores, quedan asombrados.

Pero María conserva y medita todo esto en su corazón. Más adelante,

esta buena madre al oír las primeras palabras de su Hijo que le dice:

Debo de ocuparme en las cosas de mi Padre, no entiende y lo único

que hace es: guardar fielmente estos recuerdos en su corazón.

   Hoy más que nunca, tengamos presente que la evangelización

es una Buena Noticia que hace posible transformar nuestra manera

de vivir, para oír las enseñanzas de Jesús, meditarlas en nuestro

corazón y ponerlas en práctica. Solo entonces, como dice el Papa:

No perdamos la esperanza de que 2016 nos encuentre a todos firme

y confiadamente comprometidos, en realizar la justicia y trabajar

por la paz en los diversos ámbitos… La paz es don de Dios, pero

confiado a todos los hombres y a todas las mujeres, llamados

a llevarlo a la práctica (49º Jornada Mundial de la Paz, 2016).

 

Le ponen por nombre Jesús, Dios salva

   Cuando se narra la circuncisión de Juan el Bautista (Lc 1,59s),

es su madre Isabel quien le pone el nombre: Se ha de llamar Juan.

En el caso de Jesús, recordemos lo que dice el ángel Gabriel a María:

Concebirás y darás a luz un hijo, a quien llamarás Jesús (Lc 1,31).

Que las madres pongan nombre a sus hijos, en una sociedad donde

se las margina, es algo revolucionario; como es revolucionario

solidarizarnos con los excluidos para que tengan nombre y dignidad.

  No olvidemos que Jesús significa: Dios salva (Mt 1,21); y Él mismo

dice: Vine a buscar y salvar lo que está perdido (Lc 19,10; Jn 12,47).

Sigamos el ejemplo de Jesús, como nos lo recuerda el Papa Francisco:

Jesús no se limita a enseñar a la muchedumbre, sino que se preocupa

de ella, especialmente cuando la ve hambrienta (Mc 6,34-44)

o desocupada (Mt 20,3). Su mirada no está dirigida solamente a los

hombres, sino también a los peces del mar, a las aves del cielo,

a las plantas y a los árboles, pequeños y grandes: abraza a toda la

creación. Ciertamente, Jesús ve, pero no se limita a esto, puesto que

toca a las personas, habla con ellas, actúa en su favor y hace el bien

a quien se encuentra en necesidad. No solo, sino que se deja

conmover y llora (Jn 11,35). Y actúa para poner fin: al sufrimiento,

a la tristeza, a la miseria y a la muerte (Jornada Mundial de la Paz).

Tengamos FELIZ AÑO NUEVO, con Justicia y Paz.   

J. Castillo A.

 

LA MADRE NOS ACOMPAÑA

   Se dice que los cristianos de hoy vibramos menos ante la figura de María que los creyentes de otras épocas. Quizás somos víctimas inconscientes de muchos recelos y sospechas ante deformaciones habidas en la piedad mariana.

   A veces, se había insistido de manera excesivamente unilateral en la función protectora de María, la Madre que ampara a sus hijos e hijas de todos los males, sin convertirlos a una vida más evangélica.

   Otras veces, algunos tipos de devoción mariana no han sabido exaltar a María como madre sin crear una dependencia insana de una “madre idealizada” y fomentar una inmadurez y un infantilismo religioso.

   Quizás, esta misma idealización de María como “la mujer única” ha podido alimentar un cierto menosprecio a la mujer real y ser un refuerzo más del dominio masculino. Al menos, no deberíamos desatender ligeramente estos reproches que, desde frentes diversos, se nos hace a los católicos.

   Pero sería lamentable que empobreciéramos nuestra vida religiosa olvidando el regalo que María puede significar para los creyentes.

Una piedad mariana bien entendida no encierra a nadie en el infantilismo, sino que asegura en nuestra vida de fe la presencia enriquecedora de lo femenino. El mismo Dios ha querido encarnarse en el seno de una mujer. Desde entonces, podemos decir que ‘lo femenino es camino hacia Dios y de Dios’ (L. Boff).

   La humanidad necesita siempre de esa riqueza que asociamos a lo femenino porque, aunque también se da en el varón, se condensa de manera especial en la mujer: intimidad, acogida, solicitud, cariño, ternura, entrega al misterio, gestación, donación de vida.

   Siempre que marginamos a María de nuestra vida, empobrecemos nuestra fe. Y siempre que despreciamos lo femenino, nos cerramos a cauces posibles de acercamiento a ese Dios que se nos ha ofrecido en los brazos de una madre.

   Comenzamos el año celebrando la fiesta de Santa María, Madre de Dios. Su fidelidad y entrega a la Palabra de Dios, su identificación con los pequeños, su adhesión a las opciones de su hijo Jesús, su presencia servidora en la Iglesia naciente y, antes que nada, su servicio de Madre del Salvador hacen de ella la Madre de nuestra fe y de nuestra esperanza.

José Antonio Pagola (2014): Los grupos de Jesús.

 

 

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