Jueves, 18 de Abril del 2024
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BUENA NOTICIA PARA LOS POBRES
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3º Domingo, Tiempo Ordinario, ciclo C: 24 de enero del 2016

Neh 8,2-10  -  1Cor 12,12-30  -  Lc 1,1-4 y 4,14-21

 

BUENA NOTICIA PARA LOS POBRES

   El Evangelio de este domingo tiene dos partes:

-La primera (Lc 1) es una breve introducción, donde Lucas afirma

que para escribir acerca de las enseñanzas y obras de Jesús,

recogió datos de quienes fueron testigos y servidores de la Palabra.

-La segunda parte (Lc 4) presenta el programa de Jesús, donde

los pobres, cautivos, ciegos y oprimidos tienen un lugar privilegiado.

 

Testigos y servidores de la Palabra

Hoy en día, en la ciudad y en el campo, hay devotos del Niño Jesús

que dan más importancia a los adornos de la “imagen material”. Otra

preocupación es llevar la imagen al templo para que “escuche misa”

y le rocíen con agua bendita. Y, como ya es costumbre, sigue después

la fiesta en “homenaje al Niño” donde se consume tanto licor que,

mientras unos pasan hambre otros están borrachos (1Cor 11,21).

   Ciertamente, no basta lamentarnos denunciando estos hechos.

Debemos reconocer que hace falta una evangelización, pero

no decorativa ni superficial, sino vital y en profundidad (EN, 20).

Hace falta también purificar y dinamizar, desde el Evangelio,

las devociones populares de tanta gente sencilla (DP, 457).

Para ello, oigamos a los primeros testigos y servidores de la Palabra,

quienes dan testimonio de Jesús que nace, vive y muere pobre.

*Jesús nace pobre en un establo, porque no hay lugar en la posada.

*Recibe la visita de unos pastores pobres y despreciados.

*Según el anciano Simeón, está destinado a que muchos en Israel

caigan o se levanten, será signo de contradicción.

*Cuando cumple doce años, va a Jerusalén para la fiesta de la Pascua.

Se queda en el templo tres días… A María, su madre, le dice: Debo

de ocuparme en las cosas de mi Padre. Y pensar que años más tarde,

morirá crucificado en Jerusalén… pero al tercer día resucitará.

   Nuestra devoción a Jesús debe llevarnos a ser testigos y servidores

de la Palabra, dando vida a los que sufren pobreza y miseria.

 

Ungido para anunciar la Buena Noticia a los pobres

   Jesús, que ya tiene treinta años, va a Nazaret donde ha crecido

en edad, sabiduría y gracia delante de Dios y de los hombres.

   Allí, desde la sinagoga de un pequeño pueblo despreciado (Jn 1,46),

anuncia el programa que viene a ser la meta de toda su misión:

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque Él me ha ungido para:

Anunciar la Buena Noticia a los pobres… Liberar a los oprimidos…

Dar vista a los ciegos… Proclamar el año de gracia del Señor

Por este proyecto, el Profeta de Nazaret será entregado a los paganos,

se burlarán de Él, le insultarán, le escupirán, le azotarán

y le matarán; y al tercer día resucitará (Lc 18,31ss).

   Al respecto, el Papa Francisco al tratar sobre el lugar privilegiado

que deben tener los pobres en el Pueblo de Dios, dice:

El corazón de Dios tiene un sitio preferencial para los pobres,

tanto que Él mismo “se hizo pobre” (2Cor 8,9).

Todo el camino de nuestra redención está señalado por los pobres.

Esta salvación vino a nosotros a través del “sí”

de una humilde muchacha de un pequeño pueblo

perdido en la periferia de un gran imperio.

El Salvador nació en un establo, entre animales,

como lo hacían los hijos de los más pobres.

Fue presentado en el templo junto con dos pichones, la ofrenda

de quienes no podían permitirse pagar un cordero (Lc 2,24).

Creció en un hogar de sencillos trabajadores

y trabajó con sus manos para ganarse el pan.

Cuando comenzó a anunciar el Reino,

le seguían multitudes de desposeídos.

Y así manifestó lo que Él mismo dijo:

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido.

Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres” (Lc 4,18).

A los que estaban cargados de dolor, agobiados de pobreza,

les aseguró que Dios los tenía en el centro de su corazón:

“Felices ustedes, los pobres,

porque el Reino de Dios les pertenece” (Lc 6,20).

Con ellos se identificó: “Tuve hambre y me dieron de comer”,

y enseño que la misericordia hacia ellos es la llave del cielo (Mt 25).

(La alegría del Evangelio, 2013, n.197).

J. Castillo A.

 

PROFETA

   En una aldea perdida de Galilea, llamada Nazaret, los vecinos del pueblo se reúnen en la sinagoga una mañana de sábado para escuchar la Palabra de Dios. Después de algunos años vividos buscando a Dios en el desierto, Jesús vuelve al pueblo en el que había crecido. La escena es de gran importancia para conocer a Jesús y entender bien su misión. Según el relato de Lucas, en esta aldea casi desconocida por todos, va a hacer Jesús su presentación como Profeta de Dios y va a exponer su programa aplicándose a sí mismo un texto del profeta Isaías.

   Después de leer el texto, Jesús lo comenta con una sola frase: Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír. Según Lucas, la gente tenía los ojos fijos en Él. La atención de todos pasa del texto leído a la persona de Jesús. ¿Qué es lo que nosotros podemos descubrir hoy si fijamos nuestros ojos en Él?

   Movido por el Espíritu de Dios. La vida entera de Jesús está impulsada, conducida y orientada por el aliento, la fuerza y el amor de Dios. Creer en la divinidad de Jesús no es confesar teóricamente una fórmula dogmática elaborada por los concilios. Es ir descubriendo de manera concreta en sus palabras y sus gestos, su ternura y su fuego, el Misterio último de la vida que los creyentes llamamos “Dios”.

   Profeta de Dios. Jesús no ha sido ungido con aceite de oliva como se ungía a los reyes para transmitirles el poder de gobierno o a los sumos sacerdotes para investirlos de poder sacro. Ha sido “ungido” por el Espíritu de Dios. No viene a gobernar ni a regir. Es profeta de Dios dedicado a liberar la vida. Solo le podremos seguir si aprendemos a vivir con su espíritu profético.

   Buena Noticia para los pobres. Su actuación es Buena Noticia para la clase social más marginada y desvalida: los más necesitados de oír algo bueno; los humillados y olvidados por todos. Nos empezamos parecer a Jesús cuando nuestra vida, nuestra actuación y amor solidario puede ser captado por los pobres como algo bueno.

   Dedicado a liberar. Vive entregado a liberar al ser humano de toda clase de esclavitudes. La gente lo siente como liberador de sufrimientos, opresiones y abusos; los ciegos lo ven como luz que libera del sinsentido y la desesperanza; los pecadores lo reciben como gracia y perdón. Seguimos a Jesús cuando nos va liberando de todo lo que nos esclaviza, empequeñece o deshumaniza. Entonces creemos en Él como Salvador que nos encamina hacia la Vida definitiva.

José Antonio Pagola (2013)

 

 

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