Miércoles, 21 de Febrero del 2024
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Comentario del Evangelio Dominical del 2 septiembre 2012
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Domingo XXII, Tiempo Ordinario (ciclo B): 2 septiembre 2012

 

*Cumplan los mandamientos del Señor, tu Dios (Deut 4,1-8)

*No basta oír la Palabra de Dios, hay que practicarla (Stgo 1,17-27)

*¿Por qué tus discípulos comen sin lavarse las manos? (Mc 7,1-23)

 

CONVERSIÓN DEL CORAZÓN

 

La segunda lectura de hoy nos recuerda que la verdadera religión consiste en ayudar a los huérfanos y a las viudas. Y, sobre el ayuno que Dios quiere, el profeta Isaías dice: dejar libres a los oprimidos, compartir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que veas desnudo (Is 58). Se trata de prácticas religiosas que brotan de un corazón nuevo, fruto de una verdadera justicia.

 

Comer sin lavarse las manos

Mientras Jesús anuncia la Buena Noticia del Reino de Dios, desde Jerusalén -capital del poder económico, político y religioso- han llegado a Galilea varios fariseos y letrados (maestros de la ley). Estos intérpretes oficiales de la Ley solo buscan desautorizar a Jesús. Al ver que algunos de los discípulos comen con las manos impuras (es decir, sin lavárselas), se escandalizan y preguntan a Jesús: ¿Por qué tus discípulos no siguen la tradición de los mayores? Se preocupan por un rito externo, sin embargo no respetan la vida. Más tarde, ellos mismos, los sumos sacerdotes y autoridades romanas serán culpables de las torturas y de la muerte de Jesús en una cruz. Por éste y otros motivos, ellos tienen las manos machadas de sangre: ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas! (Mt 23,37;  27,24).

Durante el conflicto armado interno que sufrimos entre 1980 y 2000, hubo asesinatos de personas y poblaciones, ejecuciones arbitrarias, desapariciones, torturas, tratos inhumanos, violaciones sexuales (…). ¿Hasta cuándo, los que tienen las manos manchadas de sangre, gozarán de impunidad? ¿Se conocerá la verdad y habrá justicia? ¿Y qué diremos de las autoridades que incumplen sus promesas? ¿Se puede acallar ciertas manifestaciones con represión y muertes?

 

¡Ay de ustedes, fariseos y letrados hipócritas!

Jesús desenmascara la hipocresía de aquel grupo de ‘visitadores’ y, apoyándose en la verdadera tradición, cita el siguiente texto del profeta Isaías: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan es inútil, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos (Is 29,13).

Muchos de nosotros con frecuencia: *Decimos con la boca una cosa, y después hacemos lo contrario. *Pedimos los tres sacramentos de la iniciación cristiana: Bautismo, Confirmación y Eucaristía -fundamentos de toda vida cristiana- no para convertirnos, sino para quedar bien delante de la gente. *Pronunciamos el Credo, pero solo creemos lo que nos conviene. Por eso, sigamos meditando en las siguientes palabras de Jesús: No el que dice: ¡Señor, Señor! entrará en el Reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre celestial (Mt 7,21).

Luego, Jesús hace este breve comentario: Ustedes descuidan el mandamiento de Dios y se aferran a la tradición de los hombres. Y pone el siguiente ejemplo: Si un hijo destina para el culto divino una propiedad o cierta cantidad de dinero, ya no está obligado a cumplir con el cuarto mandamiento: Honra a tu padre y a tu madre. Con esta manera de proceder se deja de lado la voluntad de Dios, para seguir la tradición que solo beneficia a los sacerdotes del templo.

 

Conversión del corazón

*Estando en casa, Jesús se dirige a sus discípulos y les dice: Lo que sale del hombre es lo que contamina al hombre, porque del corazón del hombre salen los malos pensamientos:

-Fornicaciones. Se hace de la persona humana un ‘objeto’ de placer.

-Robos. ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero,

  si pierde la vida? ¿Qué precio pagará por su vida? (Mc 8,36s)

-Asesinatos. Mata a su prójimo quien le quita el sustento (Eclo 34).

-Adulterios. Infidelidad a la persona a quien se le prometió amor total.

-Avaricias. Dios le dijo: Necio, esta misma noche perderás la vida,

  y lo que tienes amontonado, ¿para quién será? (Lc 12,13-21).

-Maldades. Alegrarse y gozar haciendo daño a los demás.

-Fraude. Actuar con engaño (‘viveza’) para lograr sus deseos ocultos.

-Libertinaje. El único criterio de acción es el capricho personal.

-Envidia. ¿Por qué miras con malos ojos que yo sea bueno? (Mt 20,15).

-Blasfemia. Alguien considera que no tiene nada que agradecer a Dios.

-Orgullo. Las personas soberbias, autosuficientes y arrogantes miran

  con desprecio a los demás y se consideran ‘el ombligo del mundo’.

-Insensatez. Se trata de personas sin rumbo en la vida, sin proyecto.

Todas estas maldades salen del corazón y manchan al hombre.

www.arzhuancayoperu.org  clic: Homilías  -  Javier Castillo A.

 

LA QUEJA DE DIOS

Un grupo de fariseos de Galilea se acerca a Jesús en actitud crítica. No vienen solos. Los acompañan algunos escribas, venidos de Jerusalén, preocupados sin duda por defender la ortodoxia de los sencillos campesinos de las aldeas. La actuación de Jesús es peligrosa. Conviene corregirla.

Han observado que, en algunos aspectos, sus discípulos no siguen la tradición de los mayores. Aunque hablan del comportamiento de los discípulos, su pregunta se dirige a Jesús, pues saben que es Él quien les ha enseñado a vivir con aquella libertad sorprendente. ¿Por qué?

Jesús les responde con unas palabras del profeta Isaías que iluminan muy bien su mensaje y su actuación. Estas palabras con las que Jesús se identifica totalmente hemos de escucharlas con atención, pues tocan algo muy fundamental de nuestra religión. Según el profeta, esta es la  queja Dios.

Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Este es siempre el riesgo de toda religión: dar culto a Dios con los labios, repitiendo fórmulas, recitando salmos, pronunciando palabras hermosas, mientras nuestro corazón está lejos de Él. Sin embargo, el culto que agrada a Dios nace del corazón, de la adhesión interior, de ese centro íntimo de la persona de donde nacen nuestras decisiones y proyectos.

El culto que me dan está vacío. Cuando nuestro corazón está lejos de Dios, nuestro culto queda sin contenido. Le falta la vida, la escucha sincera de la Palabra de Dios, el amor al hermano. La religión se convierte en algo exterior que se practica por costumbre, pero donde faltan los frutos de una vida fiel a Dios.

La doctrina que enseñan son preceptos humanos. En toda religión hay tradiciones que son ‘humanas’. Normas, costumbres, devociones que han nacido para vivir la religiosidad en una determinada cultura. Pueden hacer mucho bien. Pero hacen mucho daño cuando nos distraen y alejan de la Palabra de Dios. Nunca han de tener la primacía.

Al terminar la cita del profeta Isaías, Jesús resume su pensamiento con unas palabras muy graves: Dejáis de lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres. Cuando nos aferramos ciegamente a tradiciones humanas, corremos el riesgo de olvidar el mandato del amor y desviarnos del seguimiento a Jesús, Palabra encarnada de Dios. En la religión cristiana lo primero es siempre Jesús y su llamada al amor. Solo después vienen nuestras tradiciones humanas por muy importantes que nos puedan parecer. No hemos de olvidar nunca lo esencial.  José Antonio Pagola (2012)

 

NO AFERRARNOS A TRADICIONES HUMANAS

No sabemos cuándo ni dónde ocurrió el enfrentamiento. A Marcos solo le interesa evocar la atmósfera en la que se mueve Jesús, rodeado de maestros de la ley, observantes escrupulosos de las tradiciones, que se resisten ciegamente a la novedad que el Profeta del amor quiere introducir en sus vidas.

Los fariseos observan indignados que sus discípulos comen con manos impuras. No lo pueden tolerar: ¿Por qué tus discípulos no siguen las tradiciones de los mayores ?. Aunque hablan de los discípulos, el ataque va dirigido a Jesús. Tienen razón. Es Jesús el que está rompiendo esa obediencia ciega a las tradiciones, al crear en torno suyo un ‘espacio de libertad’ donde lo decisivo es el amor.

Aquel grupo de maestros religiosos no entiende la Buena Noticia de Dios que Jesús les está anunciando. En su corazón no reina Dios. Sigue reinando la ley, la norma, la costumbre enseñado por ‘los mayores’. Para ellos lo importante es observar lo establecido por "los mayores". No piensan en el bien de las personas. No les preocupa buscar el Reino de Dios y su justicia.

El error es grave. Por eso, Jesús les responde con palabras duras: Vosotros  dejáis de lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres. Los doctores hablan con veneración de ‘tradición de los mayores’ y le atribuyen autoridad divina. Pero Jesús la califica de ‘tradición humana’. No hay que confundir la voluntad de Dios con lo que es fruto de los hombres.

Sería también hoy un grave error que la Iglesia quedara prisionera de tradiciones humanas de nuestros antepasados, cuando todo nos está llamando a una conversión profunda a Jesús, nuestro único Maestro y Señor. Lo que nos ha de preocupar no es conservar intacto el pasado, sino hacer posible el nacimiento de una Iglesia y de unas comunidades cristianas capaces de reproducir con fidelidad el Evangelio y de actualizar el proyecto del Reino de Dios en la sociedad contemporánea.

Nuestra responsabilidad primera no es repetir el pasado, sino hacer posible en nuestros días la acogida de Jesucristo, sin ocultarlo ni oscurecerlo con tradiciones humanas, por muy venerables que nos puedan parecer.  J. A. Pagola (2009)

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