Miércoles, 28 de Febrero del 2024
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Domingo XXIII, Tiempo Ordinario (ciclo B): 9 septiembre 2012
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¡TODO LO HIZO BIEN!

 

*Los ciegos verán, los sordos oirán, los mudos gritarán (Is 35,4-7)

*Si creen en Jesús no hagan diferencia entre las personas (Stgo 2,1-5)

*Todo lo hizo bien: los sordos oyen y los mudos hablan (Mc 7,31-37)

 

Jesús va a una región extranjera

Según el Evangelio de Marcos, en un primer momento son extranjeros de Idumea, Transjordania, Tiro, Sidón… los que acuden para escuchar las enseñanzas de Jesús y ser sanados de sus enfermedades (3,7-12).

Con el correr del tiempo, la semilla sembrada en los corazones de aquellas personas despreciadas por los judíos, dará sus frutos. Por eso, en un segundo momento, Jesús va a las regiones extranjeras de Gerasa (5,1), Tiro (7,24), Decápolis (7,31), Dalmanuta (8,10), Betsaida (8,22), Cesarea de Felipo (8,27)… para seguir sembrando -con palabras y gestos audaces- la Buena Noticia del Reino de Dios. Por ejemplo, cuando Jesús llega a Tiro no pudo pasar desapercibido, una mujer sirofenicia se entera de su venida y le pide sanar a su hija. Años más tarde, habiendo llegado a Roma, Pablo dirá a los judíos: Sepan ustedes que de ahora en adelante esta salvación de Dios va a ser anunciada a los paganos, ellos sí escucharán (Hch 28,28).

Jesús ha llegado a la región de la Decápolis (=Diez ciudades). Allí, un grupo de personas se acercan a Él, le presentan un hombre que es sordo y tartamudo, y le suplican poner las manos sobre él. Probablemente, aquellas personas son seguidores anónimos de Jesús, preocupadas por los que viven excluidos por la sociedad y la religión. Jesús toma consigo al sordomudo, lo aparta de la gente, le pone los dedos en los oídos y con saliva le toca la lengua; luego, mira al cielo, suspira y dice: ¡Ábrete! De inmediato, aquel hombre comenzó a oír y hablar correctamente.

Hoy, muchos cristianos tenemos oídos pero somos sordos al Evangelio, hablamos pero somos incapaces de anunciar el mensaje de Jesús. Necesitamos que Jesús sane nuestra incapacidad de ver, oír, hablar… No debemos olvidar que el día de nuestro bautismo, el celebrante -tocando con el dedo pulgar nuestros oídos y nuestra boca- dijo: El Señor Jesús, que hizo oír a los sordos y hablar a los mudos, te conceda, a su tiempo, escuchar su Palabra y proclamar la fe...

 

¡Todo lo hizo bien!

Viendo el milagro, los habitantes de aquella región comentan: Todo lo hizo bien, hace oír a los sordos y hablar a los mudos. La frase ‘todo lo hizo bien’ nos recuerda lo que Dios vio y dijo después de haber creado el mundo que nos rodea: Dios vio que todo lo que había hecho era muy bueno (Gén 1,31). En consecuencia, el proyecto que el Padre le confió a su Hijo Jesús es crear un mundo nuevo donde todos los hombres y mujeres podamos vivir como verdaderos hijos de Dios (filiación), y como verdaderos hermanos entre nosotros (fraternidad).

Sin embargo, ¿por qué hay personas que no ven, no oyen, no hablan? A veces, somos ciegos, sordos y mudos porque así nos han educado; con la única finalidad de no ver ni oír el sufrimiento de los demás.

Otras veces, con el tiempo nos volvemos ciegos, sordos y mudos; porque descubrimos que es mejor vivir encerrados en nuestro egoísmo. Pero también, sucede con frecuencia, que a determinados sectores… les conviene que la gente sea incapaz de ver, oír, hablar. Para ello, manipulan los medios de comunicación, ocultan la verdad, inauguran programas paliativos para no ir a la raíz de las injusticias, multiplican proyectos improvisados para ocultar la corrupción, etc.

Frente a los desafíos que encontramos en la sociedad, hacen falta cristianos que escuchen, practiquen y anuncien la Palabra de Dios.

*Dijo Dios a Moisés: He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído los gritos de dolor provocados por sus opresores, conozco sus sufrimientos. Por eso he bajado para liberarlos del poder de los egipcios, y llevarlos a una tierra fértil y espaciosa (Ex 3,7-8).

*Llamaron a Pedro y Juan y les prohibieron terminantemente hablar y enseñar en nombre de Jesús. Pedro y Juan les respondieron: Nosotros, no podemos callar lo que hemos visto y oído (Hch 4,18-20).

*Hermanos, ¿acaso no escogió Dios a los pobres de este mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que le aman? Ustedes, en cambio, desprecian al pobre (Stgo 2,5).

*Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y han palpado nuestras manos, es lo que les anunciamos: la Palabra de vida. Esta vida se manifestó; la vimos, damos testimonio y les anunciamos esta vida eterna que estaba junto al Padre (1Jn 1,1-2).    J. Castillo A

 

CURAR LA SORDERA

 

La curación de un sordomudo en la región pagana de Sidón está narrada por Marcos con una intención claramente pedagógica. Es un enfermo muy especial. Ni oye ni habla. Vive encerrado en sí mismo, sin comunicarse con nadie. No se entera de que Jesús está pasando cerca de él. Son otros los que lo llevan hasta el Profeta.

También la actuación de Jesús es especial. No impone sus manos sobre él como le han pedido, sino que lo toma aparte y lo lleva a un lugar retirado de la gente. Allí trabaja intensamente, primero sus oídos y luego su lengua. Quiere que el enfermo sienta su contacto curador. Solo un encuentro profundo con Jesús podrá curarlo de una sordera tan tenaz.

Al parecer, no es suficiente todo aquel esfuerzo. La sordera se resiste. Entonces Jesús acude al Padre, fuente de toda salvación: mirando al cielo, suspira y grita al enfermo una sola palabra: Effetá, es decir, Ábrete. Esta es la única palabra que pronuncia Jesús en todo el relato. No está dirigida a los oídos del sordo sino a su corazón.

Sin duda, Marcos quiere que esta palabra de Jesús resuene con fuerza en las comunidades cristianas que leerán su relato. Conoce a más de uno que vive sordo a la Palabra de Dios. Cristianos que no se abren a la Buena Noticia de Jesús ni hablan a nadie de su fe. Comunidades sordomudas que escuchan poco el Evangelio y lo comunican mal.

Tal vez uno de los pecados más graves de los cristianos es esta sordera. No nos detenemos a escuchar el Evangelio de Jesús. No vivimos con el corazón abierto para acoger sus palabras. Por eso, no sabemos escuchar con paciencia y compasión a tantos que sufren sin recibir apenas el cariño ni la atención de nadie.

A veces se diría que la Iglesia, nacida de Jesús para anunciar la Buena Noticia de Jesús, va haciendo su propio camino, lejos de la vida concreta de preocupaciones, miedos, trabajos y esperanzas de la gente. Si no escuchamos bien las llamadas de Jesús, no pondremos palabras de esperanza en la vida de los que sufren.

Hay algo paradójico en algunos discursos de la Iglesia. Se dicen grandes verdades y se proclaman mensajes muy positivos, pero no tocan el corazón de las personas. Algo de esto está sucediendo en estos tiempos de crisis. La sociedad no está esperando ‘doctrina social’ de los especialistas, pero escucha con atención una palabra clarividente, inspirada en el Evangelio y pronunciada por una Iglesia sensible al sufrimiento de las víctimas, que sale instintivamente en su defensa invitando a todos a estar cerca de quienes más ayuda necesitan para vivir con dignidad.  José Antonio Pagola (2012)

 

DEJARNOS CURAR LA SORDERA

 

Los profetas de Israel usaban con frecuencia la ‘sordera’ como una metáfora provocativa para hablar de la cerrazón y la resistencia del pueblo a su Dios. Israel tiene oídos, pero no oye lo que Dios le está diciendo. Por eso, un profeta llama a todos a la conversión con estas palabras: Sordos, escuchad y oíd.

En este marco, las curaciones de sordos narradas por los evangelistas pueden ser leídas como ‘relatos de conversión’ que nos invitan a dejarnos curar por Jesús de sorderas y resistencias que nos impiden escuchar su llamada al seguimiento. En concreto, Marcos ofrece en su relato matices muy sugerentes para trabajar esta conversión en las comunidades cristianas.

El sordo vive ajeno a todos. No parece ser consciente de su estado. No hace nada por acercarse a quien lo puede curar. Por suerte para él, unos amigos se interesan por él y lo llevan hasta Jesús. Así ha de ser la comunidad cristiana: un grupo de hermanas y hermanos que se ayudan mutuamente para vivir en torno a Jesús dejándose curar por Él.

La curación de la sordera no es fácil. Jesús toma consigo al enfermo, se retira aparte y se concentra en él. Es necesario el recogimiento y la relación personal. Necesitamos en nuestros grupos cristianos un clima que permita un contacto más personal y vital de los creyentes con Jesús. La fe en Jesucristo nace y crece en esa relación con Él.

Jesús trabaja intensamente los oídos y la lengua del enfermo, pero no basta. Es necesario que el sordo colabore. Por eso, Jesús, después de levantar los ojos al cielo, buscando que el Padre se asocie a su trabajo curador, le grita al enfermo la primera palabra que ha de escuchar quien vive sordo a Jesús y a su Evangelio: Ábrete.

Es urgente que los cristianos escuchemos también hoy esta llamada de Jesús. No son momentos fáciles para su Iglesia. Se nos pide actuar con lucidez y responsabilidad. Sería funesto vivir hoy sordos a su llamada: desoír sus palabras de vida, no escuchar su Buena Noticia, no captar los signos de los tiempos, vivir encerrados en nuestra sordera. La fuerza sanadora de Jesús nos puede curar.  J.  A. Pagola (2009)

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