Miércoles, 22 de Noviembre del 2017
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30º Domingo, Tiempo Ordinario, ciclo A: 29 de octubre del 2017
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AMAR A DIOS… Y AMAR AL PRÓJIMO


   A la pregunta del fariseo: ¿Cuál es el mandamiento principal?,

Jesús le responde uniendo inseparablemente dos textos del AT:

*El primer mandato es: Amarás al Señor, tu Dios,

con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser (Deut 6,4s).

*Pero en seguida, Jesús añade que el segundo mandato es:

Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Lev 19,18).

   Para Jesús no hay otro mandamiento mayor que estos dos.


 

Amar a Dios


   El amor a Dios no podemos reducirlo a ciertas prácticas religiosas,

como son los adornos de los templos y de las imágenes… si después,

abandonamos a Cristo con hambre y sed, desnudo y enfermo.


   Tampoco consiste en la repetición rutinaria de ciertas frases,

que están en los folletos de preparación para recibir algún sacramento.

   Amar a Dios, -Es hacer su voluntad, como Jesús nos enseñó

en varias ocasiones (cf. Mateo 6,10;  7,21-23;  12,47-50;  26,42)

-Es formar parte del Reino anunciado por su Hijo amado, a saber:

Reino de amor y vida, de gracia y santidad, de justicia y paz.

-Es confiar en su ternura, compasión y misericordia,

pues Dios -amigo de la vida- Hace salir el sol sobre malos y buenos,

y hace llover sobre justos y pecadores (Mt 5,45).

   A cerca del amor a Dios, sigamos meditando en el siguiente texto:

Nosotros hemos conocido y hemos creído que Dios nos ama.

Dios es Amor y el que vive en el amor vive en Dios y Dios en él

Donde hay amor no hay miedo, al contrario,

el amor perfecto echa fuera el miedo, pues el miedo supone el castigo.

Si alguien tiene miedo, es que no ha llegado a amar perfectamente.

Nosotros amamos porque Dios nos amó primero.

Si uno dice que ama a Dios mientras odia a su hermano, miente;

porque si no ama al hermano a quien ve,

no puede amar a Dios a quien no ve (1Juan, 4,16-20).


Amar al prójimo


   ¿Cómo se explica que teniendo tantos recursos naturales,

millones de peruanas y peruanos viven en la pobreza y miseria?

   Lamentablemente, para que esta injusta situación se perpetúe,

el actual sistema neocolonialista tiene el respaldo:

-Del poder ejecutivo, legislativo, judicial… cuyos representantes,

muchas veces, son incapaces de ver el rostro sufriente de los pobres.

-De los medios de comunicación, controlados por el gran capital,

que solo buscan ganar a costa del consumismo esclavizador.

-Del sistema educativo que no enseña a pensar… y menos a hacer,

para perfeccionar: la producción…modos de servicio…el bien común.

   Tratándose del amor al prójimo, no basta “hablar” sobre:

-Opción preferencial por los pobres, no exclusiva ni excluyente.

-La Iglesia siente el impulso del Espíritu a ser pobre entre los pobres.

-La Iglesia es abogada de la justicia y de los pobres.

-Escuchar el clamor de la tierra y el clamor de los pobres… etc.

   Tampoco basta ir al templo para oír Misa entera, rezar, cantar,

tranquilizar la conciencia… y, luego, durante la semana, seguir:

explotando, robando y maltratando a los hijos e hijas de Dios.

   Con relación al prójimo, en el texto paralelo de Lucas (10,25-37),

dos funcionarios del templo no hacen nada por la persona herida.

Muy diferente las acciones concretas que hace el hombre de Samaría:

Lo vese le remueven las entrañas… se acercacura sus heridas…

lo sube en su propia cabalgadura… lo lleva a un alojamiento…

cuida de él… al día siguiente da dos denarios al dueñoy le dice:

cuida a este herido, y si gastas algo más, yo te lo pagaré al volver.

   Para Jesús el amor al prójimo tiene una importancia especial.

Él ama y acoge a los niños, a los jóvenes, a los adultos…

porque son personas que sufren y necesitan ayuda. Por eso, nos pide:

-dar de comer al hambriento y de beber al sediento, para que vivan;

-acoger al forastero y vestir al desnudo, para que no se mueran;

-sanar al enfermo y liberar al preso, para que se levanten y caminen.

   Tengamos presente también que durante la Cena de despedida,

Jesús -después de lavar los pies a sus discípulos- les dice:

Les he dado ejemplo, para que ustedes hagan lo mismo (Jn 13,15).

Luego añade: Les doy un mandamiento nuevo, ámense unos a otros...

En esto conocerán que ustedes son mis discípulos (Jn 13,34s).   J.C.A


CREER EN EL AMOR


   La religión cristiana les resulta a no pocos un sistema religioso difícil de entender y, sobre todo, un entramado de leyes demasiado complicado para vivir correctamente ante Dios. ¿No necesitamos los cristianos concentrar mucho más nuestra atención en cuidar antes que nada lo esencial de la experiencia cristiana?

   Los evangelios han recogido la respuesta de Jesús a un sector de fariseos que le preguntan cuál es el mandamiento principal de la Ley. Así resume Jesús lo esencial: lo primero es amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu ser; lo segundo es amarás a tu prójimo como a ti mismo.

   La afirmación de Jesús es clara. El amor es todo. Lo decisivo en la vida es amar. Ahí está el fundamento de todo. Lo primero es vivir ante Dios y ante los demás en una actitud de amor. No hemos de perdernos en cosas accidentales y secundarias, olvidando lo esencial. Del amor arranca todo lo demás. Sin amor todo queda pervertido.

   Al hablar del amor a Dios, Jesús no está pensando en los sentimientos o emociones que pueden brotar de nuestro corazón; tampoco nos está invitando a multiplicar nuestros rezos y oraciones. Amar al Señor, nuestro Dios, con todo el corazón es reconocer a Dios como Fuente última de nuestra existencia, despertar en nosotros una adhesión total a su voluntad, y responder con fe incondicional a su amor universal de Padre de todos.

   Por eso añade Jesús un segundo mandamiento. No es posible amar a Dios y vivir de espaldas a sus hijos e hijas. Una religión que predica el amor a Dios y se olvida de los que sufren es una gran mentira. La única postura realmente humana ante cualquier persona que encontramos en nuestro camino es amarla y buscar su bien como quisiéramos para nosotros mismos.

   Todo este lenguaje puede parecer demasiado viejo, demasiado gastado y poco eficaz. Sin embargo, también hoy el primer problema en el mundo es la falta de amor, que va deshumanizando, uno tras otro, los esfuerzos y las luchas por construir una convivencia más humana.

   Hace unos años, el pensador francés, Jean Onimus escribía así: El cristianismo está todavía en sus comienzos; nos lleva trabajando solo dos mil años. La masa es pesada y se necesitarán siglos de maduración antes de que la caridad la haga fermentar. Los seguidores de Jesús no hemos de olvidar nuestra responsabilidad. El mundo necesita testigos vivos que ayuden a las futuras generaciones a creer en el amor pues no hay un futuro esperanzador para el ser humano si termina por perder la fe en el amor.


José Antonio Pagola (2014)

 

 

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