Miércoles, 22 de Noviembre del 2017
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31º Domingo, Tiempo Ordinario, ciclo A: 5 de noviembre del 2017
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COMUNIDAD CRISTIANA SERVIDORA


   Después de oír las respuestas de Jesús, los dirigentes de Jerusalén:

¿han cambiado su manera de actuar?, ¿se han convertido? No se sabe.

   Sin embargo, Jesús sigue enseñando a la gente y a sus seguidores,

para prevenirles sobre ciertas prácticas religiosas que esclavizan.

 

Denuncias que tienen actualidad


   Examinemos nuestra vida, a la luz del texto evangélico de hoy.

*Dicen y no hacen

   Muchas veces tenemos la boca llena de palabras piadosas,

pero nuestro corazón está apegado a las riquezas mundanas.

Lanzamos al aire muchas promesas y, después, no las cumplimos.

Por eso, las personas de buena voluntad escuchan más a gusto

a los que dan testimonio que a los que enseñan,

y si escuchan a los que enseñan es porque dan testimonio (EN, 41).

*Ponen pesadas cargas sobre las espaldas de la gente

   ¿Por qué en países cristianos se dan leyes que favorecen a los ricos,

y se ponen sobre las espaldas de los pobres pesadas cargas?

¿Por qué nos encerramos en estructuras que nos dan falsa seguridad,

y en normas que nos hacen jueces implacables? (EG, 2013, n.49).

¿Puede un cristiano actuar de esa manera, cuando Jesús nos dice:

Mi yugo es suave y mi carga es ligera (Mt 11,28-30)?

*Todo lo hacen para que la gente los vea

   Para no seguir escandalizando… un grupo de obispos-profetas:

-Renunciaron para siempre a la apariencia y realidad de la riqueza,

especialmente, en el vestir y en símbolos de metales preciosos

-Rechazaron a los nombres y títulos que expresan grandeza y poder.

(“Pacto de las catacumbas”. Roma, 16 noviembre 1965).

*Les gusta ocupar los primeros puestos y los asientos de honor

   En las masivas y pasajeras concentraciones religiosas:

-¿Se da preferencia a los hambrientos, enfermos,  forasteros…?

-¿Hasta cuándo los pobres mal vestidos serán marginados?


Todos ustedes son hermanos


   Jesús no quiere que entre sus seguidores se usen los títulos de:

maestro padrejefe… como hacen los escribas y fariseos,

para dominar a los demás, y también por vanidad y ambición.

   Por eso, hoy en día, quienes se dejan guiar por esa mentalidad,

lamentablemente, harán del Mensaje de Jesús un conjunto de normas;

no para amar a Dios y al prójimo, sino para controlar las conciencias,

dejando a los creyentes sin base para actuar como personas libres.

   Luego, desde su experiencia, Jesús nos pide ser simples servidores:

El primero entre ustedes que se haga servidor de los demás.

Tengamos presente que en el Reino de Dios y su justicia,

los preferidos son: los niños, los jóvenes y los adultos necesitados.

   Es por eso que Jesús nos pide vivir como hermanos, y nos dice:

El que quiera ser grande, deberá servir a los demás,

y el que quiera ser el primero, deberá ser su servidor.

Pues el Hijo del hombre  no vino para que le sirvan, sino para servir

y para dar su vida en rescate de los hombres y mujeres (Mt 20,26ss).

   Que nuestra comunidad cristiana sea una comunidad servidora

y preocupada porque muchos hermanos nuestros viven:

-sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesús,

-sin una comunidad de fe que los acoja,

-sin horizonte que dé sentido a sus vidas (cf. EG, n.49).

   En seguida, Jesús añade: El que se engrandece será humillado,

y el que se humilla será engrandecido.

   Con el paso del tiempo, en nuestra Iglesia latinoamericana,

se ha acumulado mucho polvo: poder… privilegios… riquezas…

grandes edificios… vehículos propios, muchas veces lujosos…

además el sistema de aranceles ha llegado a ser mal visto…

Estos hechos, denunciados por los obispos en Medellín (XIV, n.2),

han llevado a decir que la Iglesia es rica y aliada de los ricos.

   Pero también los obispos anuncian: Queremos que nuestra Iglesia

-sea evangelizadora de los pobres y solidaria con ellos,

-sea testigo de los valores y de los bienes del Reino de Dios,

-sea humilde servidora de los hombres y mujeres de nuestros pueblos.

   Y se comprometen diciendo: Los obispos queremos acercarnos

cada vez más -con sencillez y sincera fraternidad- a los pobres,

haciendo posible y acogedor su acceso a nosotros (ib. n.8s).    J. Castillo A.


EN ACTITUD DE CONVERSIÓN


   Jesús habla con indignación profética. Su discurso dirigido a la gente y a sus discípulos es una dura crítica a los dirigentes religiosos de Israel. Mateo lo recoge hacia los años ochenta para que los dirigentes de la Iglesia cristiana no caigan en conductas parecidas.

   ¿Podremos recordar hoy las recriminaciones de Jesús con paz, en actitud de conversión, sin ánimo alguno de polémicas estériles? Sus palabras son una invitación para que obispos, presbíteros y cuantos tenemos alguna responsabilidad eclesial hagamos una revisión de nuestra actuación.

   No hacen lo que dicen. Nuestro mayor pecado es la incoherencia. No vivimos lo que predicamos. Tenemos poder pero nos falta autoridad. Nuestra conducta nos desacredita. Nuestro ejemplo de vida más evangélica cambiaría el clima en muchas comunidades cristianas.

   Cargan fardos pesados sobre los hombros de la gente... pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar’. Es cierto. Con frecuencia, somos exigentes y severos con los demás, comprensivos e indulgentes con nosotros. Agobiamos a la gente sencilla con nuestras exigencias pero no les facilitamos la acogida del Evangelio. No somos como Jesús que se preocupaba de hacer ligera su carga pues era sencillo y humilde de corazón.

   Todo lo que hacen es para que los vea la gente. No podemos negar que es muy fácil vivir pendientes de nuestra imagen, buscando casi siempre “quedar bien” ante los demás. No vivimos ante ese Dios que ve en lo secreto. Estamos más atentos a nuestro prestigio personal.

   Les gustan los primeros puestos y los asientos de honor... y que les hagan reverencias por la calle. Nos da vergüenza confesarlo, pero nos gusta. Buscamos ser tratados de manera especial, no como un hermano más. ¿Hay algo más ridículo que un testigo de Jesús buscando ser distinguido y reverenciado por la comunidad cristiana?

   No os dejéis llamar maestros... ni guías... porque uno solo es vuestro Maestro y vuestro Guía: Cristo. El mandato evangélico no puede ser más claro: renunciad a los títulos para no hacer sombra a Cristo; orientad la atención de los creyentes solo hacia Él. ¿Por qué la Iglesia no hace nada por suprimir tantos títulos, prerrogativas, honores y dignidades para mostrar mejor el rostro humilde y cercano de Jesús?

   No llaméis padre vuestro a nadie en la tierra porque uno solo es vuestro Padre del cielo. Para Jesús el título de Padre es tan único, profundo y entrañable que no ha de ser utilizado por nadie en la comunidad cristiana. ¿Por qué lo permitimos?

 

José  Antonio Pagola (2011)


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