Miércoles, 17 de Enero del 2018
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4º Domingo de Adviento, ciclo B: 24 de diciembre del 2017
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PARA DIOS TODO ES POSIBLE


  Lejos del templo de Jerusalén, de sus riquezas y ceremonias,

está Nazaret, un pequeño pueblo donde vive María una joven judía.

Ella oye el mensaje de alegría que le anuncia el ángel Gabriel,

y acepta colaborar con el Proyecto de Dios que nos envía a su Hijo.

   Hoy, para hacer realidad una sociedad según la voluntad de Dios,

pongamos: amor donde hay odio… vida donde hay violencia…

verdad donde hay corrupción… luz donde hay tinieblas

 

No temas, concebirás y darás a luz un hijo


   María es: mujerjovenpobre No tiene títulos ni privilegios.

Es esposa de José, descendiente de David (Mt 1,20),

ella vive en Nazaret, un pequeño y despreciado pueblo,

de donde -como dice Natanael- no puede salir algo bueno (Jn 1,46).

   Sin embargo, el proyecto de salvación que viene de Dios se realiza,

no desde el poder político, económico y religioso de Jerusalén,

sino desde los marginados: Dios mira la pequeñez de su servidora.

   Dios envía al ángel Gabriel (=Dios es fuerte. Quién como Dios)

a casa de María (=Amada de Dios. Dios es mi Señor),

para decirle: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.

Como María quiere saber lo que significa este saludo,

el Ángel le responde: No temas, concebirás y darás a luz un Hijo.

Esta respuesta debemos relacionarla con el saludo de Isabel a María:

Bendita eres entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre

y la respuesta de María: Dios eleva a los humildes (Lc 1,39ss).

   Ahora bien, al celebrar un aniversario más del nacimiento de Jesús,

sigamos el ejemplo de María que acoge el don de la vida,

y acepta ser la madre de Jesús: Que se haga en mí lo que has dicho.

   Defendamos la vida, sobre todo, allí donde la vida no vale nada

¿Qué hubiera sucedido si José denunciaba o abandonaba a María?

Sin embargo, José -siendo un hombre justo- escucha la voz de Dios,

acoge a María su esposa, y la lleva a su casa (Mt 1,18ss).


María, madre de los pobres


   Invoquemos a María, la madre de Jesús y madre nuestra,

con la siguiente oración del Card. Eduardo Pironio (1920-1998):

Virgen de la esperanza, Madre de los pobres,

Señora de los que peregrinan: óyenos.

Hoy te pedimos por América Latina,

el Continente que tú visitas con los pies descalzos,

ofreciéndole la riqueza del Niño que aprietas en tus brazos.

Un Niño frágil, que nos hace fuertes.

Un Niño pobre, que nos hace ricos.

Un Niño esclavo, que nos hace libres.

Virgen de la esperanza, América despierta.

Sobre sus cerros despunta la luz de una mañana nueva.

Es el día de la salvación que ya se acerca.

Sobre los pueblos que marchaban en tinieblas,

ha brillado una gran luz.

Esa luz es el Señor que tú nos diste,

hace mucho, en Belén, a medianoche.

Queremos caminar en la esperanza.

Madre de los pobres: hay mucha miseria entre nosotros.

Falta el pan material en muchas casas.

Falta el pan de la verdad en muchas mentes.

Falta el pan del amor en muchos hombres.

Falta el Pan del Señor en muchos pueblos.

Tú conoces la pobreza y la viviste,

danos el alma de pobres para ser felices.

Alivia la miseria de los cuerpos y arranca del corazón

de tantos hombres el egoísmo que empobrece.

Que los obispos tengan un corazón de padre.

Que los sacerdotes sean los amigos de Dios para los hombres.

Que los religiosos muestren la alegría anticipada del Reino.

Que los laicos sean, ante el mundo, testigos del Señor resucitado.

Y que caminemos juntos con todos los hombres,

compartiendo sus angustias y esperanzas.

Que los pueblos de América Latina

vayan avanzando hacia su liberación integral,

por los caminos de la paz en la justicia.       Javier Castillo A



CON ALEGRÍA Y CONFIANZA


   El Concilio Vaticano II presenta a María, Madre de Jesucristo, como “prototipo y modelo para la Iglesia”, y la describe como mujer humilde que escucha a Dios con confianza y alegría. Desde esa misma actitud hemos de escuchar a Dios en la Iglesia actual.

   Alégrate. Es lo primero que María escucha de Dios y lo primero que hemos de escuchar también hoy. Entre nosotros falta alegría. Con frecuencia nos dejamos contagiar por la tristeza de una Iglesia envejecida y gastada. ¿Ya no es Jesús Buena Noticia? ¿No sentimos la alegría de ser sus seguidores? Cuando falta la alegría, la fe pierde frescura, la cordialidad desaparece, la amistad entre los creyentes se enfría. Todo se hace más difícil. Es urgente despertar la alegría en nuestras comunidades y recuperar la paz que Jesús nos ha dejado en herencia.

   El Señor está contigo. No es fácil la alegría en la Iglesia de nuestros días. Solo puede nacer de la confianza en Dios. No estamos huérfanos. Vivimos invocando cada día a un Dios Padre que nos acompaña, nos defiende y busca siempre el bien de todo ser humano.

   Esta Iglesia, a veces tan desconcertada y perdida, que no acierta a volver al Evangelio, no está sola. Jesús, el Buen Pastor, nos está buscando. Su Espíritu nos está atrayendo. Contamos con su aliento y comprensión. Jesús no nos ha abandonado. Con Él todo es posible.

   No temas. Son muchos los miedos que nos paralizan a los seguidores de Jesús. Miedo al mundo moderno y a la secularización. Miedo a un futuro incierto. Miedo a nuestra debilidad. Miedo a la conversión al Evangelio. El miedo nos está haciendo mucho daño. Nos impide caminar hacia el futuro con esperanza. Nos encierra en la conservación estéril del pasado. Crecen nuestros fantasmas. Desaparece el realismo sano y la sensatez cristiana. Es urgente construir una Iglesia de la confianza. La fortaleza de Dios no se revela en una Iglesia poderosa sino humilde.

   Darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. También a nosotros, como a María, se nos confía una misión: contribuir a poner luz en medio de la noche. No estamos llamados a juzgar al mundo sino a sembrar esperanza. Nuestra tarea no es apagar la mecha que se extingue sino encender la fe que, en no pocos, está queriendo brotar: Dios es una pregunta que humaniza.

   Desde nuestras comunidades, cada vez más pequeñas y humildes, podemos ser levadura de un mundo más sano y fraterno. Estamos en buenas manos. Dios no está en crisis. Somos nosotros los que no nos atrevemos a seguir a Jesús con alegría y confianza.  

José Antonio Pagola (2011)        

   

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