Miércoles, 17 de Enero del 2018
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Sagrada Familia, ciclo B: 31 de diciembre del 2017
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EXPERIENCIA Y ESPERANZA

Cuando la experiencia de los adultos y la esperanza de los jóvenes

caminan juntos… es más fácil construir un mundo fraterno.

   En efecto: La juventud no es solo la falta de arrugas y de canas…

La vejez no es solo la edad avanzada… Ser joven es tener una causa

a la que consagrar la propia vida (Mons. Helder Cámara, en 1968).

 

La experiencia de Simeón y Ana, personas mayores


   En el diálogo con la samaritana, Jesús dice a sus discípulos:

Yo les he enviado a cosechar donde otros han trabajado,

ahora ustedes recogen el fruto del esfuerzo de ellos (Jn 4,38).

¿Qué frutos ofrecemos los adultos/as a las próximas generaciones?

   Simeón no es funcionario del templo. Es un hombre justo, piadoso;

y -siendo de edad avanzada- espera la liberación de su pueblo.

Por eso, cuando José y María llegan al templo llevando al niño Jesús,

Simeón -conducido por el Espíritu Santo- va al encuentro de ellos…

toma al niño Jesús en sus brazos… y bendice a Dios diciendo:

Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz,

porque mis ojos han visto la salvación… Luego, le dice a María:

Mira, este niño será acogido por unos y rechazado por otros.

Y añade: En cuanto a ti, una espada de dolor atravesará tu corazón.

En el Calvario, María está junto a su hijo Jesús crucificado (Jn 19,25).

   Ana es viuda, anciana de ochenta y cuatro años,  y profetisa.

Ella también va al templo y, desde que ve al niño Jesús, alaba a Dios

y habla del niño a todos los que esperan la liberación de Jerusalén.

Recordemos: Jesús acoge a varias mujeres como discípulas (Lc 8,1s),

y son mujeres las que proclaman a Jesús resucitado (Mt 28,5ss).

Hoy hacen falta  profetas y profetisas que anuncien el Reino de Dios:

-Les recomiendo a nuestra hermana Febe, diaconisa… (Rom 16).

-Saluden a Prisca y Áquila y a la iglesia que se reúne en su casa

-Dios ha querido que en la Iglesia haya en primer lugar apóstoles,

en segundo lugar profetas, en tercer lugar maestros… (1Cor 12,28).


La esperanza de José y María, jóvenes esposos


   Después que María de Nazaret acepta ser la madre de Jesús,

va de prisa a las montañas de Judea para visitar a su prima Isabel.

Desde aquel humilde hogar, ambas mujeres gestantes elevan su voz:

*Para defender la dignidad de la mujer, frecuentemente pisoteada

por una sociedad machista: Bendita eres entre las mujeres

*Para valorar el don de la vida de los más indefensos, a saber,

los que están en el seno materno: Bendito es el fruto de tu vientre

*Para anunciar la liberación que Dios nos ofrece desde los pobres:

Dios derriba del trono a los poderosos y eleva a los humildes,

colma de bienes a los hambrientos y despide vacíos a los ricos

   Más tarde, Jesús retomará estas palabras de María, su madre,

y anunciará un mensaje liberador a los pobres y hambrientos,

a los que lloran y son odiados, a los excluidos y despreciados (Lc 6).

   Meses después, José y María -jóvenes esposos- van a Belén.

Allí, en un establo, María da a luz a Jesús su hijo primogénito;

y, en ese establo, reciben la visita de unos pastores despreciados.

   Cuarenta días después José y María, van al templo de Jerusalén

para el rito de la purificación de la madre (Lev 12),

y para la presentación de Jesús, hijo primogénito de María (Ex 13).

   Días antes de su pasión y muerte, Jesús ingresa en Jerusalén,

y purifica el templo convertido en un lugar de negocios, exclamando:

Mi casa es casa de oración y no cueva de ladrones (Lc 19,45s).

 

Jesús de Nazaret crece en edad, sabiduría y gracia


   Jesús, que ha recorrido las etapas de vida de toda persona humana,

es el Camino, la Verdad y la Vida para niños jóvenes adultos

   Al respecto, escuchemos el mensaje a los jóvenes del Vaticano II:

Ustedes jóvenes van a recibir la antorcha de manos de sus mayores

y van a vivir en el mundo en el momento

de sus más gigantescas transformaciones de su historia.

Ustedes, recogiendo lo mejor del ejemplo y de las enseñanzas

de sus padres y maestros, van a formar la sociedad de mañana;

se salvarán o perecerán con ella… Luego, los obispos dicen:

Sobre todo para ustedes jóvenes, la Iglesia acaba de alumbrar

en su Concilio una luz, luz que alumbrará el porvenir…Y terminan:

Miren el rostro de Jesús, el héroe verdadero, humano y sabio,

el Profeta de la verdad, del amor, el amigo de los jóvenes. J. Castillo


BANDERA DISCUTIDA

   Simeón es un personaje entrañable. Lo imaginamos casi siempre como un sacerdote anciano del Templo, pero nada de esto se nos dice en el texto. Simeón es un hombre bueno del pueblo que guarda en su corazón la esperanza de ver un día “el consuelo” que tanto necesitan. Impulsado por el Espíritu de Dios, sube al templo en el momento en que están entrando María, José y su niño Jesús.

   El encuentro es conmovedor. Simeón reconoce en el niño que trae consigo aquella pareja pobre de judíos piadosos al Salvador que lleva tantos años esperando. El hombre se siente feliz. En un gesto atrevido y maternal, toma al niño en sus brazos con amor y cariño grande. Bendice a Dios y bendice a los padres. Sin duda, el evangelista lo presenta como modelo. Así hemos de acoger al Salvador.

   Pero, de pronto, se dirige a María y su rostro cambia. Sus palabras no presagian nada tranquilizador: Una espada te traspasara el alma. Este niño que tiene en sus brazos será una “bandera discutida”: fuente de conflictos y enfrentamientos. Jesús hará que unos caigan y otros se levanten. Unos lo acogerán y su vida adquirirá una dignidad nueva: su existencia se llenará de luz y de esperanza. Otros lo rechazarán y su vida se echará a perder. El rechazo a Jesús será su ruina.

   Al tomar postura ante Jesús, quedará clara la actitud de muchos corazones. Él pondrá al descubierto lo que hay en lo más profundo de las personas. La acogida de este niño pide un cambio profundo. Jesús no viene a traer tranquilidad, sino a generar un proceso doloroso y conflictivo de conversión radical.

   Siempre es así. También hoy. Una Iglesia que tome en serio su conversión a Jesucristo, no será nunca un espacio de tranquilidad sino de conflicto. No es posible una relación más vital con Jesús sin dar pasos hacia mayores niveles de verdad. Y esto es siempre doloroso para todos.

   Cuanto más nos acerquemos a Jesús, mejor veremos nuestras incoherencias y desviaciones; lo que hay de verdad o de mentira en nuestro cristianismo; lo que hay de pecado en nuestros corazones y nuestras estructuras, en nuestras vidas y nuestras teologías.


José Antonio Pagola (2008)


 

 

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