Miércoles, 17 de Enero del 2018
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Santa María, Madre del Señor, ciclo B: 1º de enero del 2018
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JESÚS VINO A SALVARNOS


   Quienes promueven: consumo, injusticia, corrupción, violencia…

son lobos rapaces (Mt 7,15) que solo buscan amontonar dinero.

Las consecuencias están a la vista: pocos ricos cada vez más ricos,

a costa de una multitud de pobres cada vez más pobres (cf. DP 30).

   Muy diferente las obras y los gestos de Jesús: sana a los enfermos,

da de comer a los hambrientos, acoge y perdona a los pecadores.

 

Los pastores van de prisa a Belén


   El ángel se aparece no a los sacerdotes ni a los estudiosos de la ley,

sino a unos pastores que pasan la noche cuidando ovejas ajenas;

ellos saben por experiencia que el pan de cada día es algo incierto.

Sin embargo, al escuchar la Buena Noticia del nacimiento de Jesús,

van de prisa a Belén y encuentran al niño acostado en un establo.

En este niño está presente Dios como Salvador, Mesías, Señor

Ciertamente, los caminos de Dios no son como los nuestros (Is 55,8).

   Tratándose de pastores y ovejas, escuchemos a Jesús que dice:

Si uno tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja las noventa y nueve,

y va en busca de la extraviada hasta encontrarla? (Lc 15,3ss).

   En otra ocasión, Jesús se presenta como el verdadero Pastor:  

El ladrón solo viene para robar, matar y destruir.

Pero yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia.

Yo soy el buen pastor que da su vida por las ovejas (Jn 10,10s).

   Durante la última cena, después de lavar los pies a sus discípulos,

Jesús les dice: Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien.

Si yo, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado los pies,

también ustedes deben lavarse los pies unos a otros (Jn 13,13ss).

   Mientras los malos pastores se apacientan a sí mismos…

buscan sus propios intereses… maltratan a los débiles (Ez 34,1ss);

Jesús el Pastor Bueno nos muestra el camino que debemos seguir:

tratar con amor a los que sufren hambre, a los enfermos y heridos,

a los extraviados… Solo así seremos sal y luz del mundo (Mt 5,13ss).


María, madre de Jesús y madre nuestra


   Mientras Jesús enseña a la multitud, una mujer alza la voz

y exclama: Feliz la mujer que te dio a luz y te crió.

Sin quitar méritos a su madre, Jesús amplia esta felicidad

a todos los que oyen la Palabra de Dios y la practican (Lc 11,27s).

Al respecto, María después de escuchar el mensaje del ángel Gabriel,

dice: Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí tu palabra.

Precisamente, por su fidelidad y entrega a la Palabra de Dios

le seguimos suplicando: Ruega por nosotros pecadores.

   En las bodas de Caná (Jn 2,1-11), María le dice a su hijo Jesús:

No tienen vino. Luego, dirigiéndose a los servidores añade:

Hagan todo lo que Él le diga. Gracias a la intervención de su madre,

Jesús hace su primera señal milagrosa y sus discípulos creen en Él.

Desde entonces, estas palabras de María nos invitan:

a escuchar las enseñanzas de su Hijo Jesús, a ponerlas en práctica,

y a comprometernos con los necesitados como simples servidores.

Por su corazón pasan tristezas y gozos, angustias y esperanzas;

y, como toda madre, observa… escucha… y medita en su corazón.

   María acompaña a su Hijo Jesús desde Belén hasta el Calvario.

Con el corazón atravesado de dolor, escucha el testamento de Jesús:

Mujer, ahí tienes a tu hijo… Hijo, ahí tienes a tu madre (Jn 19,25ss).

María está presente allí donde la muerte es semilla de una nueva vida,

pues espera lo imposible, a saber, la Resurrección de su Hijo Jesús.

 

Al niño le ponen por nombre Jesús


   Dios realiza una alianza con Abraham, haciendo de él

-que tiene noventa y nueve años- padre de una multitud de pueblos.

Para pertenecer al pueblo de Dios, los varones deben circuncidarse.

  José y María, fieles a la tradición religiosa de su pueblo,

al octavo día del nacimiento del Niño van a Jerusalén;

allí circuncidan al niño y le ponen por nombre Jesús (=Dios salva).

   En la Biblia, nombre y persona es lo mismo. Por eso, S. Pablo dice:

Dios exaltó a Jesús y le dio un nombre que está sobre todo nombre,

para que ante el nombre de Jesús, todos doblen las rodillas,

y todos proclamen que Jesucristo es el Señor (Flp 2,9-11).

    Que Dios infunda en nuestros corazones el Espíritu de su Hijo,

para vivir felices como hijos de Dios y hermanos entre nosotros.

Esta es la felicidad que les deseo para el Año Nuevo 2018J.C.A


H O Y


   Lucas concluye su relato del nacimiento de Jesús indicando a los lectores que María guardaba todas estas cosas meditándolas en su corazón. No conserva lo sucedido como un recuerdo del pasado, sino como una experiencia que actualizará y revivirá a lo largo de su vida.

   No es una observación gratuita. María es modelo de fe. Según este evangelista, creer en Jesús Salvador no es recordar acontecimientos de otros tiempos, sino experimentar hoy su fuerza salvadora, capaz de hacer más humana nuestra vida.

   Por eso, Lucas utiliza un recurso literario muy original. Jesús no pertenece al pasado. Intencionadamente va repitiendo que la salvación de Jesús resucitado se nos está ofreciendo ‘HOY’, ahora mismo, siempre que nos encontramos con Él. Veamos algunos ejemplos.

   Así se nos anuncia el nacimiento de Jesús: Os ha nacido hoy en la ciudad de David un Salvador. Hoy puede nacer Jesús para nosotros. Hoy puede entrar en nuestra vida y cambiarla para siempre. Con Él podemos nacer a una existencia nueva.

   En una aldea de Galilea traen ante Jesús a un paralítico. Jesús se conmueve al verlo bloqueado por su pecado y lo sana ofreciéndole el perdón: Tus pecados quedan perdonados. La gente reacciona alabando a Dios: Hoy hemos visto cosas admirables. También nosotros podemos experimentar hoy el perdón, la paz de Dios y la alegría interior si nos dejamos sanar por Jesús.

   En la ciudad de Jericó, Jesús se aloja en casa de Zaqueo, rico y poderoso recaudador de impuestos. El encuentro con Jesús lo transforma: devolverá lo robado a tanta gente y compartirá sus bienes con los pobres. Jesús le dice: Hoy ha llegado la salvación a esta casa. Si dejamos entrar a Jesús en nuestra vida, hoy mismo podemos empezar una vida más digna, fraterna y solidaria.

   Jesús está agonizando en la cruz en medio de dos malhechores. Uno de ellos se confía a Jesús: Jesús, acuérdate de mí cuando estés en tu reino. Jesús reacciona inmediatamente: Hoy estarás conmigo en el paraíso. También el día de nuestra muerte será un día de salvación. Por fin escucharemos de Jesús esas palabras tan esperadas: descansa, confía en mí, hoy estarás conmigo para siempre.

   Hoy comenzamos un año nuevo. Pero, ¿qué puede ser para nosotros algo realmente nuevo y bueno? ¿Quién hará nacer en nosotros una alegría nueva? ¿Qué psicólogo nos enseñará a ser más humanos? De poco sirven los buenos deseos. Lo decisivo es estar más atentos a lo mejor que se despierta en nosotros. La salvación se nos ofrece cada día. No hay que esperar a nada. Hoy mismo puede ser para mí un día de salvación.   

José Antonio Pagola (2012)


 

Mensaje para la 51º Jornada Mundial de la Paz: 1º de enero del 2018.


http://w2.vatican.va/content/francesco/es/messages/peace/documents/papa-francesco_20171113_messaggio-51giornatamondiale-pace2018.html

 

 

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