Miércoles, 17 de Enero del 2018
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Epifanía del Señor: 7 de enero del 2018
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BUSQUEN Y ENCONTRARÁN


   Jesús es rechazado por judíos creyentes… y aceptado por paganos,

pues no basta decir: ¡Señor! ¡Señor! sino hacer su voluntad (Mt 7,21).

*El rey Herodes quiere saber dónde está el Niño… para matarlo.

*Los sacerdotes y los maestros de la ley saben que el Mesías

ha de nacer en Belén (Miq 5,1s)… pero permanecen indiferentes.

*Sin embargo, unos magos de Oriente: Preguntan… Oyen…

Buscan y hallan al Niño… Le adoran y le ofrecen sus dones


 

En Jerusalén, Jesús es rechazado por las autoridades


*Herodes es un “rey extranjero”, al servicio del imperio romano.

Para mantenerse en el poder, no solo asesina a sus enemigos,

sino también a sus propios familiares: cuñado, suegra, esposa e hijos.

   Cuando Herodes se entera que unos magos de Oriente preguntan:

¿Dónde está el Rey de los judíos que acaba de nacer?,

se pone nervioso, teme a ese Niño pobre que ha nacido en un establo,

y para acabar con Él, ordena matar a los niños menores de dos años.

   Como Herodes, hay personas particulares y autoridades corruptas,

que oprimen a los pobres indefensos para mantener sus privilegios. 

Al respecto, el papa Francisco hace esta denuncia, en EG, n.53:

Hoy, todo entra dentro del juego de la competitividad

y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil.

Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población

se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida.

*Mientras los magos se arriesgan y caminan hasta encontrar a Jesús,

las autoridades religiosas solo buscan condenar a Jesús (Jn 19,15).

*Los maestros de la ley y fariseos -expertos en la Escritura-

no se preocupan por seguir el ejemplo de los magos de Oriente.

A ellos, Jesús les dirá: Ustedes estudian la Escritura con cuidado,

porque esperan encontrar en ella la vida eterna…

pero ustedes no quieren venir a mí para tener esa vida (Jn 5,39s).

Así es. Jesús vino a los suyos y los suyos no le recibieron (Jn 1,11).


En Belén, Jesús es adorado por unos magos extranjeros


   El texto de Mateo no dice que son tres reyes, ni de razas diferentes.

Todo eso es imaginación de la tradición cristiana (G. Gutiérrez).

   El mérito de los magos es que saben leer los signos de los tiempos,

y, dejando todo, buscan al que es Camino, Verdad y Vida (Jn 14, 6).

En aquellos magos se cumple lo que dice el profeta Isaías (9,1):

Habitaban en una tierra de sombras y una luz brilló ante sus ojos.

   Después de haber estado en Jerusalén… los magos llegan a Belén:

Entran en la casa. Ven al Niño con María, su madre. Se arrodillan.

Le adoran. Abren sus cofres y le ofrecen: oro, incienso y mirra.

Desde la época de los Santos Padres (siglo IV) se dice que ofrecen:

oro porque es Rey, incienso porque es Dios, mirra porque padecerá.

Sin embargo, lo que dice Santo Tomás de Aquino es más acertado:

-Oro, porque los padres de Jesús son pobres

-Incienso, por el mal olor que hay en el establo…

-Mirra, para la salud del Niño… (Lectura, n.201).

   Reflexionemos sobre los pobres… el mal olor… las enfermedades.

*¿Hasta cuándo los pobres nativos de nuestra Sierra y Selva,

seguirán siendo expulsados de la tierra donde han nacido?

¿Por qué se permite a quienes buscan y adoran el becerro de oro,

destruir la naturaleza y explotar a los pobres con salarios miserables?

*Sobre el mal olor, escuchemos al Papa Francisco (Laudato si, n.21):

La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más

en un inmenso depósito de porquería. En muchos lugares del planeta,

los ancianos añoran los paisajes de otros tiempos, que ahora se ven

inundados de basura… Muchas veces se toman medidas solo cuando

se ha producido efectos irreversibles para la salud de las personas.

*Siendo el hambre la causa principal de enfermedades y muertes:

¿Es justo que los fabricantes y traficantes de armas amontonen dinero,

causando enfermedad y muerte a millones de personas indefensas?

¿Qué nos impide seguir a Jesús, el Profeta de la compasión,

que pasó haciendo el bien y sanando a los enfermos? (Hch 10,38).

¿Por qué dejamos en el olvido las enseñanzas de Jesús que nos dice:

Misericordia quiero y no sacrificios? (Mt 9,13). También San Pablo

dice: Mientras uno pasa hambre otro se emborracha (1Cor 11,20ss).

   Teniendo presente el ejemplo de aquellos magos “extranjeros”,

ojalá los cristianos, con el testimonio de nuestra vida, podamos decir:

Señor, te he buscado y te he encontrado (Mt 7,7s).        J. Castillo A.

¿A QUIÉN ADORAMOS?

   Los magos vienen del “Oriente”, un lugar que evoca en los judíos la patria de la astrología y de otras ciencias extrañas. Son paganos. No conocen las Escrituras sagradas de Israel, pero sí el lenguaje de las estrellas. Buscan la verdad y se ponen en marcha para descubrirla. Se dejan guiar por el misterio, sienten necesidad de “adorar”.

   Su presencia provoca un sobresalto en toda Jerusalén. Los magos han visto brillar una estrella nueva que les hace pensar que ya ha nacido “el rey de los judíos” y vienen a “adorarlo”. Este rey no es Augusto. Tampoco Herodes. “¿Dónde está?” Ésta es su pregunta.

   Herodes se “sobresalta”. La noticia no le produce alegría alguna. Él es quien ha sido designado por Roma “rey de los judíos”. Hay que acabar con el recién nacido: ¿dónde está ese rival extraño? Por su parte, los “sumos sacerdotes y letrados” conocen las Escrituras sagradas y saben que ha de nacer en Belén, pero no se interesan por el niño ni se ponen en marcha para adorarlo.

   Esto es lo que encontrará Jesús a lo largo de su vida: hostilidad y rechazo en los representantes del poder político; indiferencia y resistencia en los dirigentes religiosos. Solo quienes buscan el reino de Dios y su justicia lo acogerán.

   Los magos prosiguen su larga búsqueda. A veces, la estrella que los guía desaparece dejándolos en la incertidumbre. Otras veces, brilla de nuevo llenándolos de “inmensa alegría”. Por fin se encuentran con el Niño, y “cayendo de rodillas, le adoran”. Después, ponen a su servicio las riquezas que tienen y los tesoros más valiosos que poseen. Este Niño puede contar con ellos pues lo reconocen como su Rey y Señor.

   En su aparente ingenuidad, este relato nos plantea preguntas decisivas: ¿ante quién nos arrodillamos nosotros?, ¿cómo se llama el “dios” que adoramos en el fondo de nuestro ser? Nos decimos cristianos, pero ¿vivimos adorando al Niño de Belén?, ¿ponemos a sus pies nuestras riquezas y nuestro bienestar?, ¿estamos dispuestos a escuchar su llamada a entrar en el reino de Dios y su justicia? En nuestras vidas siempre hay alguna estrella que nos puede guiar hacia Belén.

José Antonio Pagola (2008)

 

 

 

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