Domingo, 18 de Febrero del 2018
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3º Domingo, Tiempo Ordinario, ciclo B: 21 de enero del 2018
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DESDE GALILEA

   La voz de Juan Bautista no termina con su prisión y asesinato…

Jesús -el Profeta de Nazaret- retoma su antorcha y, desde Galilea,

anuncia la Buena Noticia del Reino de Dios: vida, justicia, verdad

   También llama a sus primeros discípulos diciéndoles: Síganme.

Ellos responden con prontitud, lo dejan todo y siguen a Jesús.

 

Jesús anuncia la Buena Noticia del Reino de Dios


   Anunciar el Reino de Dios sobre todo a los insignificantes y pobres,

es lo más importante para Jesús, es el centro de toda su vida.

   Con el anuncio de esta Buena Noticia, Jesús quiere hacer realidad:

*Una sociedad más humana, pues todos nosotros

hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios (Gen 1,26).  

*Una sociedad más fraterna, donde todas las personas vivamos:

como hijos de un mismo Padre… y como hermanos entre nosotros.

*Una sociedad más justa, donde los ricos “creyentes”, puedan decir:

Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes,

y a quien le he robado, le devolveré cuatro vece más (Lc 19,1-10).

   Acoger el Reino de Dios es un don y también una respuesta libre.

Así lo dice Pablo VI: Este Reino y esta salvación pueden ser recibidos

por todo hombre, como gracia y misericordia;

pero a la vez cada uno debe conquistarlos con la fuerza (Mt 11,12),

con la fatiga y el sufrimiento, con una vida conforme al Evangelio,

con la renuncia y la cruz, con el espíritu de las Bienaventuranzas.

Pero ante todo cada uno lo consigue mediante un cambio interior…

una conversión radical, una transformación profunda

de la mente y del corazón (cf. Anuncio del Evangelio, 1975, n.10).

   Jamás debemos olvidar que nuestra vocación es anunciar el Reino:  

Evangelizar constituye la dicha y vocación propia de la Iglesia,

su identidad más profunda. La Iglesia existe para evangelizar,

es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia,

reconciliar a los pecadores con Dios (EN, n.14).


Jesús busca seguidores


   Anunciar la Buena Noticia del Reino no es tarea de una persona.

Por eso, el mismo Jesús busca seguidores para que vivan con Él,

y sean formados mientras recorre pueblos y ciudades de Galilea.

   Un día, mientras Jesús camina por las orillas del lago de Galilea,

ve a Simón y a su hermano Andrés, que echan las redes en el mar.

Más allá ve a Santiago y a su hermano Juan, arreglando las redes.

A ellos les dice: Síganme, yo haré de ustedes pescadores de personas.

   Jesús llama, no a gente desocupada, sino a personas que trabajan,

que saben echar las redes en el mar y arreglar las redes malogradas.

Estos pescadores no son profesionales en materia religiosa,

son personas que conocen bien su oficio: mar, barca, redes, peces…

Desde esta experiencia, ellos comprenderán lo que significa:

ser pescadores de personas, y anunciar el Reino de Dios y su justicia.

Ellos dejan redes y barca, familiares y jornaleros… y siguen a Jesús.

   Hoy en día -como dice el Papa Francisco- nos hace bien recordar

que la Iglesia no es una elite de los sacerdotes, de los consagrados,

de los obispos, sino que todos formamos el Santo Pueblo fiel de Dios.

   Desde esta perspectiva, el Papa nos pide dejar el clericalismo,

que es una de las deformaciones de nuestra Iglesia Latinoamericana.

*El clericalismo no solo anula la personalidad de los cristianos,

sino que tiene una tendencia a desvalorizar la gracia bautismal

que el Espíritu Santo puso en el corazón de nuestra gente.

*El clericalismolimita las distintas iniciativas, esfuerzos

y hasta me animo a decir, osadías necesarias para llevar el Evangelio

a todos los ámbitos del quehacer social y especialmente político.

*El clericalismo lejos de impulsar los distintos aportes, propuestas,

poco a poco va apagando el fuego profético que toda la Iglesia

está llamada a testimoniar en el corazón de sus pueblos.

   Luego, el Obispo de Roma recuerda el rol de la autoridad eclesial:

No es el pastor el que le dice al laico lo que tiene que hacer o decir,

ellos lo saben tanto o mejor que nosotros…

Como pastores, unidos a nuestro pueblo, nos hace bien preguntamos

cómo estimulamos y promovemos la caridad y la fraternidad,

el deseo del bien, de la verdad y la justicia.

Qué hacemos para que la corrupción no anide en nuestros corazones.

(Carta al Cardenal Marc Quellet. Roma, 19/marzo/2016).

   Así es, hace falta dejarlo todo para seguir a Jesús (Mc 10,28). JCA  

 

OTRO MUNDO ES POSIBLE


   No sabemos con certeza cómo reaccionaron los discípulos del Bautista cuando Herodes Antipas lo encarceló en la fortaleza de Maqueronte. Conocemos la reacción de Jesús. No se ocultó en el desierto. Tampoco se refugió entre sus familiares de Nazaret. Comenzó a recorrer las aldeas de Galilea predicando un mensaje original y sorprendente.

   El evangelista Marcos lo resume diciendo que marchó a Galilea proclamando la Buena Noticia de Dios. Jesús no repite la predicación del Bautista, ni habla de su bautismo en el Jordán. Anuncia a Dios como algo nuevo y bueno. Este es su mensaje.

Se ha cumplido el plazo. El tiempo de espera que se vive en Israel ha acabado. Ha terminado también el tiempo del Bautista. Con Jesús comienza una era nueva. Dios no quiere dejarnos solos ante nuestros problemas, sufrimientos y desafíos. Quiere construir junto con nosotros un mundo más humano.

  Está cerca el Reino de Dios. Con una audacia desconocida, Jesús sorprende a todos anunciando algo que ningún profeta se había atrevido a declarar: “Ya está aquí Dios, con su fuerza creadora de justicia, tratando de reinar entre nosotros”. Jesús experimenta a Dios como una Presencia buena y amistosa que está buscando abrirse camino entre nosotros para humanizar nuestra vida.

   Por eso, toda la vida de Jesús es una llamada a la esperanza. Hay alternativa. No es verdad que la historia tenga que discurrir por los caminos de injusticia que le trazan los poderosos de la tierra. Es posible un mundo más justo y fraterno. Podemos modificar la trayectoria de la historia.

  Convertíos. Ya no es posible vivir como si nada estuviera sucediendo. Dios pide a sus hijos e hijas colaboración. Por eso grita Jesús: Cambiad de manera de pensar y de actuar. Somos las personas las que primero hemos de cambiar. Dios no impone nada por la fuerza, pero está siempre atrayendo nuestras conciencias hacia una vida más humana.

  Creed en esta Buena Noticia. Tomadla en serio. Despertad de la indiferencia. Movilizad vuestras energías. Creed que es posible humanizar el mundo. Creed en la fuerza liberadora del Evangelio. Creed que es posible la transformación. Introducid en el mundo la confianza.

   ¿Qué hemos hecho de este mensaje apasionante de Jesús? ¿Cómo lo hemos podido olvidar? ¿Con qué lo hemos sustituido?

¿En qué nos estamos entreteniendo si lo primero es buscar el Reino de Dios y su justicia? ¿Cómo podemos vivir tranquilos observando que el proyecto creador de Dios de una tierra llena de paz y de justicia está siendo aniquilado por los hombres?                              

José Antonio Pagola (2012)

 

 

 

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