Domingo, 18 de Febrero del 2018
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5º Domingo, Tiempo Ordinario, ciclo B: 4 de febrero del 2018
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UN DÍA EN LA VIDA DE JESÚS


   Aquel día, Jesús sana a muchos enfermos de diversas dolencias,

en la sinagoga de Cafarnaún… y también en la casa de Pedro…

   Luego, se levanta de madrugada y va a un lugar despoblado a orar.

Ciertamente, para hablar de Dios, hace falta primero oír a Dios.

   Cuando Pedro y sus compañeros van a buscarlo, Jesús les dice:

Vamos a los pueblos vecinos para predicar, que para eso he venido.

 

De la sinagoga… a la casa de Pedro


   Hoy, en el campo y en la ciudad, hay enfermos abandonados.

La cosa se agrava, cuando los hospitales estatales tienen deficiencias,

y -en lugar de mejorarlos- se van multiplicando las clínicas privadas,

donde los pobres no pueden ingresar para ser atendidos.

   Jesús, el Profeta de la compasión, actúa de manera diferente.

Mientras camina por los pueblos de Galilea: sana a los enfermos…

y anuncia que el Reinado de Dios está cerca.

Por eso Él y sus discípulos, después de haber estado en la sinagoga,

van a la casa de Pedro donde su suegra está enferma.

   Al lado de aquella mujer, Jesús realiza varios gestos concretos:

*Se acerca. Se hace prójimo de la enferma, la acompaña, la escucha.

*La coge con sus manos. Esas mismas manos acogen con cariño,

a las personas humildes y despreciadas que sufren injustamente.

*La levanta. Jesús no quiere que los enfermos sean objetos de caridad

ni de proyectos paternalistas, sino sujetos de su propia liberación.

   Ahora bien, al quedar sana, la suegra de Pedro se levanta,  

recupera su capacidad de servir y actúa como auténtica discípula.

Servir (diaconía) es el distintivo de todos los seguidores/as de Jesús,

que vino no a ser servido, sino a servir y a dar su vida (Mc 10,45).

   Jesús que ha recorrido las etapas de vida de toda persona humana,

coge de la mano a una adolescente (Mc 5,41), a un joven (Mc 9,27),

y sana a un adulto (Mc 2,11); diciendo a cada uno: Levántate.

   Actualmente, hace falta: Levantarnos, orar, salir, ir al encuentro


De la casa de Pedro… a un lugar solitario


   En aquella época, los hipócritas oran de pié en las sinagogas

y en las esquinas de las plazas, para que la gente los vea (Mt 6,5).

Un fariseo va al templo y, de pié, ora así: Oh Dios, te doy gracias

porque no soy como los demás que son ladrones, injustos, adúlteros,

ni como ese publicano. Yo ayuno… y pago el diezmo… (Lc 18,11ss).

Los escribas, por su parte, despojan de sus bienes a las viudas

y para disimularlo hacen largas oraciones (Mc 12,40).

   Jesús que no busca alabanzas humanas, nos muestra otro camino:

Se levanta de madrugada, va a un lugar despoblado y se pone a orar.

Dialoga a solas con el Padre: -para confiarle los problemas que ve,

-para mantenerse fiel en la misión que Él le ha encomendado,

-para no dejarse arrastrar por la corriente del éxito y del poder,

-para no desgastarse por la actividad agotadora de cada día.

   Jesús quiere que nos amemos mutuamente, y por eso nos dice:

Cuando oren perdonen primero si tienen algo contra otro,

para que el Padre les perdone a ustedes sus pecados (Mc 11,24s).

 

De un lugar solitario… a los pueblos vecinos


  Jesús quiere que el Reino de vida, verdad, justicia… llegue a todos,

preferentemente a los pobres… a los perseguidos… (Mt 5,1-12).

Ahora bien, cuando sus discípulos quieren retenerlo, Jesús les dice:

Vamos a los pueblos vecinos para predicar, que para eso he venido.

Esta misma misión confía a sus seguidores/as, de ayer y de hoy,

diciéndoles: Mientras caminen, anuncien el Reino de Dios,

sanen a los enfermos y leprosos, expulsen a los espíritus mundanos,

den gratuitamente lo que gratuitamente han recibido (Mt 10,5ss).

   En el Encuentro con los Movimientos Eclesiales (18 de mayo 2013),

el Papa Francisco dijo: No se encierren, por favor. Esto es un peligro.

Nos encerramos en la parroquia, con los amigos, en el movimiento,

con quienes pensamos las mismas cosas... pero ¿saben qué ocurre?

Cuando la Iglesia se cierra, se enferma. Luego, nos desafía diciendo:

Pero yo les digo: prefiero mil veces una Iglesia accidentada,

que haya tenido un accidente, que una Iglesia enferma por encerrarse.

Para el Papa, lo más importante es salir para ir al encuentro.

Esta palabra es muy importante para mí: el encuentro con los demás.

¿Por qué? Porque la fe es un encuentro con Jesús, y nosotros

debemos hacer lo mismo que hace Jesús: encontrar a los demás. JCA

 

A LA PUERTA DE NUESTRA CASA


   En la sinagoga de Cafarnaún Jesús ha liberado por la mañana a un hombre poseído por un espíritu maligno. Ahora se nos dice que sale de la sinagoga y marcha a la casa de Simón y Andrés. La indicación es importante, pues en el evangelio de Marcos lo que sucede en esa casa encierra siempre alguna enseñanza para las comunidades cristianas.

   Jesús pasa de la sinagoga, lugar oficial de la religión judía, a la casa, lugar donde se vive la vida cotidiana junto a los seres más queridos. En esa casa se va a ir gestando la nueva familia de Jesús. En las comunidades cristianas hemos de saber que no son un lugar religioso donde se vive de la Ley, sino un hogar donde se aprende a vivir de manera nueva en torno a Jesús.

   Al entrar en la casa, los discípulos le hablan de la suegra de Simón. No puede salir a acogerlos pues está postrada en cama con fiebre. Jesús no necesita más. De nuevo va a romper el sábado por segunda vez el mismo día. Para él, lo importante es la vida sana de las personas, no las observancias religiosas. El relato describe con todo detalle los gestos de Jesús con la mujer enferma. 

  «Se acercó. Es lo primero que hace siempre: acercarse a los que sufren, mirar de cerca su rostro y compartir su sufrimiento. Luego, la cogió de la mano: toca a la enferma, no teme las reglas de pureza que lo prohíben; quiere que la mujer sienta su fuerza curadora. Por fin, la levantó, la puso de pie, le devolvió la dignidad.

   Así está siempre Jesús en medio de los suyos: como una mano tendida que nos levanta, como un amigo cercano que nos infunde vida. Jesús solo sabe servir, no ser servido. Por eso la mujer curada por Él se pone a servir a todos. Lo ha aprendido de Jesús. Sus seguidores han de vivir acogiéndose y cuidándose unos a otros.

   Pero sería un error pensar que la comunidad cristiana es una familia que piensa solo en sus propios miembros y vive de espaldas al sufrimiento de los demás. El relato dice que, ese mismo día, al ponerse el sol, cuando ha terminado el sábado, le llevan a Jesús toda clase de enfermos y poseídos por algún mal.

   Los seguidores de Jesús hemos de grabar bien esta escena. Al llegar la oscuridad de la noche, la población entera, con sus enfermos, se agolpa a la puerta. Los ojos y las esperanzas de los que sufren buscan la puerta de esa casa donde está Jesús. La Iglesia solo atrae de verdad cuando la gente que sufre puede descubrir dentro de ella a Jesús curando la vida y aliviando el sufrimiento. A la puerta de nuestras comunidades hay mucha gente sufriendo. No lo olvidemos.


José  Antonio Pagola (2012)

 

 

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