Miércoles, 28 de Febrero del 2024
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Domingo XXXI, Tiempo Ordinario, ciclo B: 4 noviembre 2012
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LO IMPORTANTE ES AMAR

 

*Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón (Deut 6,2-6)   

*Jesús se ofreció a sí mismo en sacrificio una sola vez (Heb 7,23-28)   

*Amar Dios y al prójimo vale más que los sacrificios (Mc 12,28-34)

 

El mandamiento más importante

Cuando Dios se aparece a Moisés, en una zarza ardiente, le dice:

He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus lamentos,

he bajado para liberarlo y llevarlo a una tierra nueva (Ex 3,7-10).

Camino a la tierra prometida, Dios hace una alianza con su pueblo:

Yo seré tu Dios y tú serás mi pueblo. Desde entonces, este pueblo

se compromete cumplir con los diez mandamientos (Ex 20,1-17).

En la época de Jesús, habían más de seiscientos preceptos o normas

que se debían observar, dejando de lado el mandamiento de Dios.

Por ejemplo: -el descanso del sábado (Mc 2,23-28;  3,1-6);

-comer con las manos impuras, es decir, sin lavárselas (Mc 7,1-5);

-dejar de lado el amor al padre y a la madre (Mc 7,8-13);

-no comer la carne de animales impuros (Mc 7,14-23);

-ir al templo de Jerusalén al menos una vez al año; etc. 

Éstas y otras normas eran pesadas cargas para el pueblo (Mt 23,4).

Ahora bien, Jesús después de ingresar a la ciudad de Jerusalén:

-denuncia a los que convirtieron el templo y la religión en un negocio,

-desenmascara las intenciones homicidas de las autoridades religiosas,

-discute con fariseos y herodianos sobre el tributo del César,

  y con los saduceos sobre la resurrección (Mc 11,1 - 12,27).

En este contexto, un maestro de la Ley que había escuchado aquellas

discusiones y viendo que las respuestas de Jesús eran perfectas,

se acerca y le pregunta: ¿Cuál es el mandamiento más importante?

Jesús le responde a partir de dos textos de la Sagrada Escritura:

El más importante es: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón,

con toda tu alma, con toda tu mente, con todas tus fuerzas (Dt 6,4ss).

El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Lev 19,18.34).

Luego, Jesús añade: No hay mandamiento más importante que éstos.

¿Qué espacio ocupa Dios y el prójimo en nuestros corazones?


No estás lejos del Reino de Dios

El maestro de la Ley, que tomó distancia de los grupos religiosos,

se muestra totalmente de acuerdo con Jesús y reconoce que

el amor a Dios y al prójimo vale más que todos los sacrificios.

Es por eso que Jesús le dice: No estás lejos del Reino de Dios.

En efecto, Dios no acepta los sacrificios de los malvados

que privan a los pobres del pan que necesitan,

y niegan a su prójimo el justo salario (Eclo 34,18-22).

Refiriéndose al ayuno que Dios quiere, el profeta Isaías dice:

Romper las cadenas de las injusticias, dejar libres a los oprimidos,

compartir tu pan con el hambriento, acoger al pobre sin techo,

vestir al que veas desnudo, no despreocuparte de tu prójimo (Is 58).

¿En nuestras celebraciones religiosas vemos el rostro misericordioso

de Dios que ama a buenos y malos, y hace salir el sol para todos?

Los siguientes textos son el mejor comentario del Evangelio de hoy:

*Nosotros amamos a Dios porque Él nos amó primero.

Si uno dice que ama a Dios y odia a su hermano, es un mentiroso.

¿Puede amar a Dios a quien no ve, y no amar al hermano a quien ve?

El mandato que Jesucristo nos ha dado es el siguiente:

quien ama a Dios que ame también a su hermano (1Jn 4,19-21).

*El amor es paciente y servicial, no es envidioso ni busca aparentar,

no es orgulloso, ni actúa con bajeza, no busca su interés, ni se irrita,

sino que deja atrás las ofensas y las perdona,

nunca se alegra de la injusticia, y siempre se alegra de la verdad.

Todo lo aguanta y lo cree, todo lo espera y lo soporta (1Cor 13).

San Agustín (354-430) nos dice que para elevarnos hacia Dios

debemos utilizar dos alas: el amor a Dios y el amor a los hermanos.

Si quieres saber lo que vale tu amor, mira a dónde te conduce.

No les hemos dicho: no amen, sino no se aten a las cosas terrenales;

solo así amarán con toda libertad al Creador de todas las cosas.

Si tú te hallas muy atado a alguna cosa de este mundo,

es como si tuvieras goma en las alas, no eres capaz de volar.

Al contrario, si te encuentras desprendido de las cosas terrenales,

tus alas estarán libres de todo aquello que te paraliza, y tú tomarás

vuelo con la ayuda de dos mandamientos: el amor a Dios y el amor

a tu prójimo. ¿A dónde ir sino hacia Dios? Tú te remontas volando,

porque tú subes amando (Comentario al Salmo 121,1).    J. Castillo A


LO IMPORTANTE

 

Un escriba se acerca a Jesús. No viene a tenderle una trampa. Tampoco a discutir con Él. Su vida está fundamentada en leyes y normas que le indican cómo comportarse en cada momento. Sin embargo, en su corazón se ha despertado una pregunta: ¿Qué mandamiento es el primero de todos? ¿Qué es lo más importante para acertar en la vida?

Jesús entiende muy bien lo que siente aquel hombre. Cuando en la religión se van acumulando normas y preceptos, costumbres y ritos, es fácil vivir dispersos, sin saber exactamente qué es lo fundamental para orientar la vida de manera sana. Algo de esto ocurría en ciertos sectores del judaísmo.

Jesús no le cita los mandamientos de Moisés. Sencillamente, le recuerda la oración que esa misma mañana han pronunciado los dos al salir el sol, siguiendo la costumbre judía: Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón.

El escriba está pensando en un Dios que tiene poder de mandar. Jesús le coloca ante un Dios cuya voz hemos de escuchar. Lo importante no es conocer preceptos y cumplirlos. Lo decisivo es detenernos a escuchar a ese Dios que nos habla sin pronunciar palabras humanas.

Cuando escuchamos al verdadero Dios, se despierta en nosotros una atracción hacia el amor. No es propiamente una orden. Es lo que brota en nosotros al abrirnos al Misterio último de la vida: ‘Amarás’. En esta experiencia, no hay intermediarios religiosos, no hay teólogos ni moralistas. No necesitamos que nadie nos lo diga desde fuera. Sabemos que lo importante es amar.

Este amor a Dios no es un sentimiento ni una emoción. Amar al que es la fuente y el origen de la vida es vivir amando la vida, la creación, las cosas y, sobre todo, a las personas. Jesús habla de amar con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser. Sin mediocridad ni cálculos interesados. De manera generosa y confiada.

Jesús añade, todavía, algo que el escriba no ha preguntado. Este amor a Dios es inseparable del amor al prójimo. Solo se puede amar a Dios amando al hermano. De lo contrario, el amor a Dios es mentira. ¿Cómo vamos a amar al Padre sin amar a sus hijos e hijas?

No siempre cuidamos los cristianos esta síntesis de Jesús. Con frecuencia, tendemos a confundir el amor a Dios con las prácticas religiosas y el fervor, ignorando el amor práctico y solidario a quienes viven excluidos por la sociedad y olvidados por la religión. Pero, ¿qué hay de verdad en nuestro amor a Dios si vivimos de espaldas a los que sufren?     

José Antonio Pagola (2012)

 

LO DECISIVO EN LA VIDA

A Jesús le hicieron muchas preguntas. La gente lo veía como un maestro que enseñaba a vivir de manera sabia. Pero la pregunta que esta vez le hace un letrado no es una más. Lo que le plantea aquel hombre preocupa a muchos: ¿qué mandamiento es el primero de todos?, ¿qué es lo primero que hay que hacer en la vida para acertar?

Jesús le responde con unas palabras que tanto el letrado como Él mismo han pronunciado esa misma mañana al recitar la oración Shemá: Escucha, Israel, el Señor es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser. A Jesús le ayudaban a vivir a lo largo del día amando a Dios con todo su corazón y todas sus fuerzas. Esto es lo primero y decisivo.

A continuación, Jesús añade algo que nadie le ha preguntado: El segundo mandamiento es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Ésta es la síntesis de la vida. De estos dos mandatos depende todo: la religión, la moral, el acierto en la existencia.

El amor no está en el mismo plano que otros deberes. No es una ‘norma’ más, perdida entre otras más o menos importantes. Amar es la única forma sana de vivir ante Dios y ante las personas. Si en la política o en la religión, en la vida social o en el comportamiento individual, hay algo que no se deduce del amor o va contra él, no sirve para construir una vida más humana. Sin amor no hay progreso.

Se puede vaciar de ‘Dios’ la política y decir que basta pensar en el ‘prójimo’. Se puede suprimir de la religión al ‘prójimo’ y decir que lo decisivo es servir a ‘Dios’. Para Jesús ‘Dios’ y ‘prójimo’ son inseparables. No es posible amar a Dios y desentenderse del hermano.

El riesgo de distorsionar la vida desde una religión ‘egoísta’ es siempre grande. Por eso es tan necesario recordar este mensaje esencial de Jesús. No hay un ámbito sagrado en el que podamos estar a solas con Dios ignorando a los demás. No es posible adorar a Dios en el fondo del alma y vivir olvidando a los que sufren. El amor a Dios que excluye al prójimo se reduce a mentira. Si no amamos al prójimo, no amamos al Padre de todos.                 

J. A. Pagola (2009)



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