Miércoles, 21 de Febrero del 2024
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Cuerpo y Sangre de Cristo, ciclo B: 3 de junio del 2018
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PAN PARTIDO PARA UN MUNDO NUEVO


   En una catequesis sobre la Santa Misa, el Papa Francisco pregunta:

¿Cuánto tengo que pagar para que digan el nombre de mi familia?

Y el mismo Papa responde: ¡Nada! ¿Lo han entendido? ¡Nada!

La Misa no se paga, es el sacrificio de Cristo que es gratuito…

Si quieres hacer una oferta, hazla, pero no se paga (7, marzo, 2018).

   Den gratis -dice Jesús- lo que han recibido gratuitamente (Mt 10,8).

  

Jesús tiene compasión de la gente

   Jesús, al ver a aquella multitud de cinco mil personas,

se compadece, pues son como ovejas sin pastor; y se pone a enseñar.

   Como ya era tarde, sus discípulos se acercan y le dicen: Despídelos.

Pero Jesús no piensa así y les responde: Denles ustedes de comer

   Los gestos de  partir los panes se asemejan a la Última Cena:

Toma los cinco panes y los dos pescados, mira al cielo, bendice,

parte los panes, y los da a sus discípulos para que los sirvan.

Reparte también los pescados. Todos comen… (Mc 6,30-44).

   En otra ocasión, Jesús  ve a unas cuatro mil personas,

llama a sus discípulos para decirles: Tengo compasión de esta gente,

ya son tres días que están conmigo y no tienen qué comer.

Si los despido a casa en ayunas, desfallecerán por el camino

   Después, Jesús ordena a la gente sentarse en el suelo,

y, una vez más, realiza la fracción del pan con sabor eucarístico:

Toma los siete panes, da gracias a Dios, los parte,

y se los da a sus discípulos para que los sirvan a la gente.

También bendice los pescados y manda que los sirvan.

Todos comieron hasta quedar satisfechos (Mc 8,1-10).

   Hoy, ante los casos de necesidad, no se debe dar preferencia:

-a los adornos superfluos de los templos,

-ni a los objetos preciosos del culto divino.

Al contrario, podría ser obligatorio vender esos bienes,

para dar pan, bebida, vestido y casa a quien carece de ello (SRS, 31).

Jesús dice: Tomen y coman, tomen y beban

   Las autoridades religiosas conspiran para detener y matar a Jesús.

Lamentablemente, Judas Iscariote le traiciona por dinero,

y -durante la Cena- comparte el pan de Jesús… (Mc 14,10s. 18ss).

   En este ambiente de miedo y traición, Jesús celebra la Cena Pascual,

recordando la liberación de su pueblo de la esclavitud de Egipto.

*Jesús toma el pan, lo bendice, lo parte y se lo da a sus discípulos.

   Cuando Jesús y sus discípulos llegan a la casa, se sientan a la mesa.

Mientras comen, Jesús toma el pan, pronuncia la bendición,

lo parte, y se lo da, diciendo: Tomen, esto es mi cuerpo.

   El gesto de tomar un trozo de pan y repartirlo entre todos,

expresa la propia vida de Jesús, que pasó haciendo el bien,

y sanando a los enfermas, porque Dios estaba con Él (Hch 10, 38).

   Comunión no es recibir “algo”… Es unirnos-con el mismo Jesús,

que nos sigue diciendo: Ejemplo les he dado… hagan lo mismo.

*Jesús toma la copa, agradece, se la da y todos beben. Y les dice:

Esta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos.

   Jesús les da la copa sin decir nada… y todos beben de ella.

Después que sus discípulos bebieron el vino, Jesús les dice:

Esta  es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos.

(Este relato es propio de Marcos, su evangelio es el más antiguo).

   Recordemos que para los judíos la sangre es la vida.

En consecuencia, cuando Jesús dice: sangre derramada por todos,

nos está diciendo que debemos seguirle y comprometernos como Él.

   Por eso, hoy, no basta oír misa entera los domingos y días festivos.

Hace falta  identificarnos con la persona de Jesús,

que se entregó por todos, preferentemente, por sus hermanos pobres.

Al respecto, San Juan Crisóstomo (349-407) dice lo siguiente:

¿Deseas honrar el Cuerpo de Cristo?

No lo desprecies cuando lo contemples desnudo en los pobres,

ni lo honres aquí, en el templo, con lienzos de seda,

si al salir lo abandonas en su frío y desnudez.

Porque el mismo que dijo: Esto es mi cuerpo,

y con su palabra llevó a realidad lo que decía,

afirmó también: Tuve hambre y no me dieron de comer.

Y añade: Lo que no hicieron a una de estas personas más humildes,

dejaron de hacerlo conmigo mismo (Homilía 50 sobre Mateo). J.C.A.

 

EUCARISTÍA Y CRISIS

   Todos los cristianos lo sabemos. La eucaristía dominical se puede convertir fácilmente en un “refugio religioso” que nos protege de la vida conflictiva en la que nos movemos a lo largo de la semana. Es tentador ir a misa para compartir una experiencia religiosa que nos permite descansar de los problemas, tensiones y malas noticias que nos presionan por todas partes.

   A veces somos sensibles a lo que afecta a la dignidad de la celebración, pero nos preocupa menos olvidarnos de las exigencias que entraña celebrar la cena del Señor. Nos molesta que un sacerdote no se atenga estrictamente a la normativa ritual, pero podemos seguir celebrando rutinariamente la misa, sin escuchar las llamadas del Evangelio.

   El riesgo siempre es el mismo: Comulgar con Cristo en lo íntimo del corazón, sin preocuparnos de comulgar con los hermanos que sufren. Compartir el pan de la eucaristía e ignorar el hambre de millones de hermanos privados de pan, de justicia y de futuro.

   En los próximos años se van a ir agravando los efectos de la crisis mucho más de lo que nos temíamos. La cascada de medidas que se nos dictan de manera inapelable e implacable irán haciendo crecer entre nosotros una desigualdad injusta. Iremos viendo cómo personas de nuestro entorno más o menos cercano se van empobreciendo hasta quedar a merced de un futuro incierto e imprevisible.

   Conoceremos de cerca inmigrantes privados de asistencia sanitaria, enfermos sin saber cómo resolver sus problemas de salud o medicación, familias obligadas a vivir de la caridad, personas amenazadas por el desahucio, gente desasistida, jóvenes sin un futuro nada claro... No lo podremos evitar. O endurecemos nuestros hábitos egoístas de siempre o nos hacemos más solidarios.

   La celebración de la eucaristía en medio de esta sociedad en crisis puede ser un lugar de concienciación. Necesitamos liberarnos de una cultura individualista que nos ha acostumbrado a vivir pensando solo en nuestros propios intereses, para aprender sencillamente a ser más humanos. Toda la eucaristía está orientada a crear fraternidad.

   No es normal escuchar todos los domingos a lo largo del año el Evangelio de Jesús, sin reaccionar ante sus llamadas. No podemos pedir al Padre el pan nuestro de cada día sin pensar en aquellos que tienen dificultades para obtenerlo. No podemos comulgar con Jesús sin hacernos más generosos y solidarios. No podemos darnos la paz unos a otros sin estar dispuestos a tender una mano a quienes están más solos e indefensos ante la crisis.

José Antonio Pagola (2012)

 

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