Sábado, 6 de Marzo del 2021
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16║ Domingo, Tiempo Ordinario, ciclo B: 22 de julio del 2018
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AL VER LA MULTITUD, JESÚS SE COMPADECE

   En el Evangelio de hoy, dos grupos se reúnen con Jesús:

-Los doce apóstoles que acaban de volver de la misión,

a ellos Jesús les dice: Vengan ustedes solos a descansar un poco.

-Unas cinco mil personas que andan como ovejas sin pastor.

Jesús se compadece y se pone a enseñarles con calma.

 

Vengan a descansar un poco

   Después de enseñar y sanar enfermos en la sinagoga de Cafarnaún,

sanar a la suegra de Pedro, y sanar a muchos enfermos que han acudido,

la fama de Jesús se divulga rápidamente por todas partes;

fue entonces cuando Él se va solo a orar, a un despoblado (Mc 1,21-39).

Desde esta experiencia, Jesús quiere que sus seguidores

busquen primero el Reinado de Dios y su justicia,

dejando de lado aspiraciones mundanas de poder, fama, títulos…

   Por eso, cuando vuelven los apóstoles después de predicar y sanar,  

Jesús los lleva a un lugar despoblado a descansar un poco;

a reflexionar -en el silencio- que todo discípulo es un simple servidor.

   Hoy, muchos vivimos: ahogados en un activismo deshumanizador,

sometidos a fríos cálculos económicos, obligados a vegetar sin rumbo.

   Lo que más me sorprende del hombre occidental,

es que pierden la salud para ganar dinero,

después pierden el dinero para recuperar la salud.

   Y por pensar ansiosamente en el futuro no disfrutan el presente,

por lo que no viven ni el presente ni el futuro.

   Y viven como si no tuviesen que morir nunca,

y mueren como si nunca hubieran vivido (Dalai Lama, 24/ mar/2014).

   Muy diferente si buscamos tiempo para meditar y encontrarnos:

-con Dios, amigo de la vida, defensor de los oprimidos.

-con los demás, preferentemente con los pobres cada vez más pobres;

-con nosotros mismos, convertirnos, creer y practicar el Evangelio; y

-con nuestra madre tierra, que nos sustenta y produce diversos frutos.

Andan como ovejas sin pastor

   Si caminamos, como Jesús, por pueblos y ciudades de nuestro país,

vamos a encontrar una inmensa multitud de niños, jóvenes y adultos;

que sufren no solo pobreza sino miseria… sufren exclusión social…

son tratados como objetos sobrantes… son como ovejas sin pastor

   Sin embargo, todos ellos son personas con rostros muy concretos,

en los que deberíamos reconocer los rasgos sufrientes de Cristo:

*Son niños huérfanos de padres vivos (que los han abandonado),

golpeados por la pobreza, y explotados cuando encuentran trabajo…

*Son jóvenes desorientados por no encontrar un lugar en la sociedad,

frustrados por falta de oportunidades de capacitación y ocupación…

*Son campesinos e indígenas privados de la tierra donde nacieron,

porque sin su consentimiento, sus tierras pertenecen a los poderosos…

*Son obreros que no pueden organizarse ni defender derechos,

que sobreviven con un miserable sueldo mensual de 930 soles,

mientras nuestros congresistas ganan mensualmente 30,000 soles…

*Son desempleados y sub-empleados sometidos a fríos cálculos

del sistema económico neocolonialista, para que otros vivan mejor…

*Son marginados y hacinados urbanos que viven en la miseria,

frente a la ostentación de riqueza de ciertos grupos privilegiados…

*Son ancianos, cada día más numerosos, marginados: de la sociedad,

y del progreso que prescinde de las personas que no producen…

(Puebla, n.32-39.  Santo Domingo, n.178.  Aparecida, n.65 y 402).

   Ante estos desafíos, los cristianos y personas de buena voluntad:

debemos ver el mundo que nos rodea con los ojos de Jesús…

ver también con un corazón compasivo… y -sobre todo- dar vida.

   El futuro de la humanidad no está únicamente en manos

de los grandes dirigentes, las grandes potencias y las elites. 

Está fundamentalmente en manos de los pueblos,

en su capacidad de organizarse y también en sus manos que riegan

con humildad y convicción este proceso de cambio. Los acompaño.

   Y cada uno, repitámonos desde el corazón:

ninguna familia sin vivienda, ningún campesino sin tierra,

ningún trabajador sin derechos, ningún pueblo sin soberanía,

ninguna persona sin dignidad, ningún niño sin infancia,

ningún joven sin posibilidades, ningún anciano sin venerable vejez.

   Sigan con su lucha y, por favor, cuiden mucho a la madre tierra.

(Papa Francisco, en Santa Cruz, Bolivia, 9 julio 2015).   J. Castillo A.

 

LA MIRADA DE JESÚS

   Marcos describe con todo detalle la situación. Jesús se dirige en barca con sus discípulos hacia un lugar tranquilo y retirado. Quiere escucharles con calma, pues han vuelto cansados de su primera correría evangelizadora y desean compartir su experiencia con el Profeta que los ha enviado.

   El propósito de Jesús queda frustrado. La gente descubre su intención y se les adelanta corriendo por la orilla. Cuando llegan al lugar, se encuentran con una multitud venida de todas las aldeas del entorno. ¿Cómo reaccionará Jesús?

   Marcos describe gráficamente su actuación: los discípulos han de aprender cómo han de tratar a la gente; en las comunidades cristianas se ha de recordar cómo era Jesús con esas personas perdidas en el anonimato, de las que nadie se preocupa. Al desembarcar, Jesús vio la multitud, se conmovió porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles con calma.

   Lo primero que destaca el evangelista es la mirada de Jesús. No se irrita porque han interrumpido sus planes. Los mira detenidamente y se conmueve. Nunca le molesta la gente. Su corazón intuye la desorientación y el abandono en que se encuentran los campesinos de aquellas aldeas.

   En la Iglesia hemos de aprender a mirar a la gente como la miraba Jesús: captando el sufrimiento, la soledad, el desconcierto o el abandono que sufren muchos y muchas. La compasión no brota de la atención a las normas o el recuerdo de nuestras obligaciones. Se despierta en nosotros cuando miramos atentamente a los que sufren.

   Desde esa mirada Jesús descubre la necesidad más profunda de aquellas gentes: andan como ovejas sin pastor. La enseñanza que reciben de los maestros y letrados de la ley no les ofrece el alimento que necesitan. Viven sin que nadie cuide realmente de ellas. No tienen un pastor que las guíe y las defienda.

   Movido por su compasión, Jesús se pone a enseñarles con calma. Sin prisas, se dedica pacientemente a enseñarles la Buena Noticia de Dios y su proyecto humanizador del Reino. No lo hace por obligación. No piensa en sí mismo. Les comunica la Palabra de Dios, conmovido por la necesidad que tienen de un pastor.

   No podemos permanecer indiferentes ante tanta gente que, dentro de nuestras comunidades cristianas, anda buscando un alimento más sólido que el que recibe. No hemos de aceptar como normal la desorientación religiosa dentro de la Iglesia. Hemos de reaccionar de manera lúcida y responsable. No pocos cristianos buscan ser mejor alimentados. Necesitan pastores que les transmitan la enseñanza de Jesús.             

José Antonio Pagola (2012)

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