Sábado, 6 de Marzo del 2021
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18║ Domingo, Tiempo Ordinario, ciclo B: 5 de agosto del 2018
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DEL HAMBRE DE PAN, AL HAMBRE DE DIOS

Después de compartir panes y peces con más de cinco mil personas,

Jesús se va solo al monte a orar, evitando así que le proclamen rey.

   Al día siguiente, Jesús pasa a la otra orilla… a Cafarnaún.

Allí, a las personas preocupadas por el pan de cada día, les dice:

Crean en aquel que Dios ha enviado… Yo soy el pan de Vida…

 

Creer en Jesús, el enviado de Dios

   Aquella multitud busca a Jesús pero de una manera equivocada:

Ustedes me buscan porque han comido pan hasta saciarse.

   Jesús partiendo de esa búsqueda les muestra el verdadero alimento:

Trabajen -les dice- no solo por el alimento que se acaba,

sino por el alimento que dura, dando Vida eterna.

  Hoy, por ejemplo, durante una fiesta patronal o peregrinación,

hay personas que buscan a Dios por motivos no muy cristianos.

En estos casos, lo que hace falta es purificar esas devociones,

para no quebrar la caña débil ni apagar la vela humeante (Mt 12,20).

   Es por eso que Jesús nos pide creer en su persona, en su proyecto.

Creer no es repetir ciertas frases del catecismo o de un devocionario,

sino tener fe en Él, seguirle, oír sus enseñanzas y practicarlas.

Al respecto, meditemos en los siguientes textos de san Juan:

*A los que reciben a Jesús, Hijo de Dios, a los que creen en Él,

les concedió el privilegio de llegar a ser hijos de Dios (1,12).

*Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único,

para que quien cree en Él no muera, sino tenga Vida eterna (3,16).

*Quien cree en Aquel que me ha enviado tiene Vida eterna (5,24).

*Si ustedes no creen que Yo soy, morirán en sus pecados (8,24).

*Yo soy la Resurrección y la Vida. Quien cree en mí, aunque muera,

vivirá; y quien vive y cree en mí, no morirá jamás (11,25).

*El que cree en mí, en realidad no cree en mí,

sino en el Padre que me ha enviado (12,44).

*Felices los que creen sin haber visto (20,29).

Yo soy el pan de Vida

   Cuando Jesús dice: El pan que Dios da

es el que ha bajado del cielo y da Vida al mundo;

la gente reacciona con una petición que  brota de sus corazones:

Señor, danos siempre de ese pan.

Al decir esto, aquellas personas reconocen que Jesús alimenta,

no solo con el pan de cada día sino con el pan que viene del cielo.

   A continuación, Jesús les anuncia esta Buena Noticia:

Yo soy el Pan  de Vida. Quien viene a mí, nunca tendrá hambre

y quien cree en mí nunca tendrá sed.

   Yo soy el que soy es el nombre de Dios revelado a Moisés (Ex 3,14).

Jesús al decir Yo soy… anuncia que Él es el Hijo de Dios,

que vino a salvarnos, a sanar enfermos, a perdonar a los pecadores.

*Dejando de lado el desprecio, la marginación, el machismo…

Jesús dialoga con una mujer samaritana.

Ella cuando le dice: Yo sé que el Cristo está por venir

Jesús le responde: Yo soy, el que habla contigo (Jn 4,26).

*A quienes somos incapaces de ver a tantas personas que sufren,

el Profeta de Nazaret nos dice: Yo soy la Luz del mundo (Jn 8,12).

*Jesús después de decir a los fariseos: Si no creen que Yo soy

anuncia: Cuando sea crucificado comprenderán que Yo soy (8,24ss).

*Para no dejarnos engañar por los que roban… matan… destruyen

Jesús nos sigue diciendo: Yo soy la Puerta del rebaño (Jn 10,8ss).

*A los que padecen hambre de pan… de justicia… de libertad…

Jesús les dice: Yo soy el Buen Pastor que da Vida plena (Jn 10,10s).

*A quienes lloran por la muerte de un ser querido,

Jesús llora y les dice: Yo soy la Resurrección y la Vida (Jn 11,25).

*Después de lavarles los pies y sabiendo que será traicionado,

Jesús dice a sus discípulos: Crean que Yo soy (Jn 13,19ss).

*Para no ser esclavos de tanta propaganda ni del consumismo,

Jesús nos dice; Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14,6).

*Jesús nos pide estar unidos a Él para dar fruto abundante:

Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador (Jn 15,1ss).

*A Judas Iscariote y a los soldados que buscan a Jesús el Nazareno,

el Señor les responde: Yo soy… Ellos -de inmediato- lo toman preso,

le amarran las manos y se lo llevan para que sea juzgado (Jn 18,1ss).

Como muchísimas personas inocentes, Jesús es condenado a morir,

pero Dios Padre -amigo de la Vida- resucita a su Hijo amado.  J. C.A.

 

PAN DE VIDA

   ¿Por qué seguir interesándonos por Jesús después de veinte siglos? ¿Qué podemos esperar de Él? ¿Qué nos puede aportar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo? ¿Nos va a resolver acaso los problemas del mundo actual? El Evangelio de Juan habla un diálogo de gran interés, que Jesús mantiene con una muchedumbre a orillas del lago Galilea.

   El día anterior han compartido con Jesús una comida sorprendente y gratuita. Han comido pan hasta saciarse. ¿Cómo lo van a dejar marchar? Lo que buscan es que Jesús repita su gesto y los vuelva a alimentar gratis. No piensan en nada más.

   Jesús los desconcierta con un planteamiento inesperado: Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el que perdura hasta la vida eterna. Pero ¿cómo no preocuparnos por el pan de cada día? El pan es indispensable para vivir. Lo necesitamos y debemos trabajar para que nunca le falte a nadie.

   Jesús lo sabe. El pan es lo primero. Sin comer no podemos subsistir. Por eso se preocupa tanto de los hambrientos y mendigos que no reciben de los ricos ni las migajas que caen de su mesa. Por eso maldice a los terratenientes insensatos que almacenan el grano sin pensar en los pobres. Por eso enseña a sus seguidores a pedir cada día al Padre pan para todos sus hijos.

   Pero Jesús quiere despertar en ellos un hambre diferente. Les habla de un pan que no sacia solo el hambre de un día, sino el hambre y la sed de vida que hay en el ser humano. No lo hemos de olvidar. En nosotros hay un hambre de justicia para todos, un hambre de libertad, de paz, de verdad. Jesús se presenta como ese Pan que nos viene del Padre, no para hartarnos de comida sino para dar vida al mundo.

   Este Pan, venido de Dios, perdura hasta la vida eterna. Los alimentos que comemos cada día nos mantienen vivos durante años, pero llega un momento en que no pueden defendernos de la muerte. Es inútil que sigamos comiendo. No nos pueden dar vida más allá de la muerte.

   Jesús se presenta como ese Pan de vida eterna. Cada uno ha de decidir cómo quiere vivir y cómo quiere morir. Pero, creer en Cristo es alimentar en nosotros una fuerza indestructible, empezar a vivir algo que no terminará con nuestra muerte. Seguir a Jesús es entrar en el misterio de la muerte sostenidos por su fuerza resucitadora.

   Al escuchar sus palabras, aquellas gentes de Cafarnaún le gritan desde lo hondo de su corazón: Señor, danos siempre de ese pan. Desde nuestra fe vacilante, nosotros no nos atrevemos a pedir algo semejante. Quizás, solo nos preocupa la comida de cada día. Y, a veces, solo la nuestra.

José Antonio Pagola (2012)

 

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