Sábado, 6 de Marzo del 2021
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ASUNCIËN DE LA VIRGEN MAR═A
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*Una mujer revestida del sol aparece en el cielo (Ap 11,19; 12,1-6.10)

*Cristo resucitó como primer fruto ofrecido a Dios (1Cor 15,20-26)

*Isabel le dice: ¡Feliz eres, María, porque has creído!  (Lc 1,39-56)

 

EL CAMINO QUE RECORRE MARÍA

   La Asunción de María nos colma de esperanza en la Vida plena,

pues la resurrección de Jesús, su Hijo, se cumple en ella, su madre:

Padre bueno, que has elevado en cuerpo y alma a los cielos

a la Virgen María, Madre de tu Hijo; concédenos, te rogamos,

que aspirando siempre a las realidades divinas,

lleguemos a participar con ella de su misma gloria en el cielo.

 

María se levanta, va de prisa y visita a su prima Isabel

   Mientras los poderosos explotan y acumulan riquezas,

-¿qué se puede esperar de Palestina, país dominado por los romanos?,

-¿algún profeta puede surgir de familias pobres del campo?,

-¿de un pueblo desconocido como Nazaret puede salir algo bueno?

   Sin embargo, en la montaña de Judá, a unos cien km. de Nazaret,

dos mujeres del pueblo se encuentran y se saludan; ellas son:

Isabel, una anciana, con una vida llena de experiencia, y

María, una joven esposa, que mira el futuro con esperanza.

   Cuando Isabel oye el saludo de María que fue a visitarla,

el niño que lleva en su seno salta de alegría, se llamará Juan.

María también lleva en su seno a Jesús (=Dios salva).

   Isabel y María representan a las mujeres de nuestro tiempo,

pues entre las personas pobres y creyentes (del campo y de la ciudad),

germina, crece y se multiplica los valores del Reino de Dios: 

Algo nuevo está naciendo, con los pobres va creciendo.

   Hace muchos años, fui a visitar a una señora anciana y enferma.

Mientras conversábamos, ella me dijo: Soy madre soltera.

El que le abrió la puerta es mi hijo, solo él me atiende día y noche.

Sin embargo, por consejos de otros, intenté varias veces abortarlo.

Ahora, antes de morir, ¿le puedo decir todo esto a mi hijo?

Guardamos silencio… Luego, juntos recitamos esta sencilla oración:

Bendita eres entre las mujeres… Bendito es el fruto de tu vientre

Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.

María proclama la liberación de su pueblo

   Al comparar el Magnificat con el canto de Ana, madre de Samuel,

(1Sam 2,1-10); vemos que hay mucha semejanza, pues se trata:

de confiar en Dios, y no en los planes de muerte de los poderosos.

   Meditemos, a continuación, en el Magnificat, himno de liberación,

que brota del corazón de María; meditando, al mismo tiempo,

en las enseñanzas y obras de su Hijo Jesús (según el texto de Lucas.

   Proclama mi alma la grandeza del Señor,

 se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador,

 porque ha mirado la humillación de su servidora.

*Jesús, movido por el Espíritu Santo, se estremece de alegría y dice:

Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra,

porque, has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos,

y se las diste a conocer a la gente sencilla (Lc 10,21).

   Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque Dios ha hecho obras grandes por mí,  su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

*Cuando Jesús terminó de orar, uno de sus discípulos le dice:

Señor, enséñanos a orar como Juan enseñó a sus seguidores.

Jesús les dice: Cuando oren, digan:

Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino;

danos hoy nuestro pan de cada día (Lc 11,1ss).

   Dios actúa con todo su poder:

derriba del trono a los poderosos  y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes, a los ricos los despide vacíos.

*Felices los que ahora tienen hambre, porque serán saciados…

¡Ay de ustedes los que ahora están satisfechos,

porque tendrán hambre! (Lc 6,20ss).

   Ayuda al pueblo de Israel, su siervo, tratándolo con misericordia.

Como lo había prometido a nuestros antepasados,

a Abraham y a sus futuros descendientes.

*El Espíritu del Señor está sobre mí, porque Él me ha consagrado:

para anunciar la Buena Noticia a los pobres,

me ha enviado para dar libertad a los presos, vista a los ciegos,

para despedir libres a los oprimidos,

y para proclamar el año de gracia del Señor (Lc 4,18s). J. Castillo A

 

MADRE DE LA ESPERANZA

Hoy es fiesta grande para los creyentes. Una fiesta que no es sino el eco del anuncio pascual: Cristo ha resucitado.

También María ha sido resucitada por Dios. Aquella mujer que supo acoger como nadie la salvación que se le ofrecía en su propio Hijo, ha alcanzado ya la vida definitiva.

La que supo sufrir junto a la cruz la injusticia y el dolor de perder a su Hijo, comparte hoy su vida gloriosa de resucitado y nos invita a caminar por la vida con esperanza.

Porque, antes que nada, la asunción de María es una fiesta que confirma nuestra esperanza cristiana: hay salvación para el hombre. Hay una vida definitiva que se ha cumplido ya en Cristo y que se le ha regalado ya a María en plenitud. Hay resurrección.

María es la Madre de nuestra esperanza. Ella es “la perfectamente redimida” (K. Rahner). En ella se ha realizado ya de manera eminente y plena lo que esperamos un día vivir también nosotros.

Pero María es sobre todo Madre de esperanza para los más pobres y los más crucificados de este mundo. Si María es grande y bienaventurada para siempre es porque Dios es el Dios de los pobres.

María se alegra de que Dios sea así. El Dios de los pobres y los humillados. El que ha sabido mirar la humillación y bajeza de su esclava. El que no se ha detenido ante Popea o Cleopatra, sino que ha fijado su mirada en una pobre campesina sin aureola, cultura ni riquezas.

Al cantar hoy el Magnificat, recordemos quién es el Dios que ha glorificado a María y en el que ella ha puesto todo su gozo y su esperanza.

No es el Dios neutral e indiferente en el que, con frecuencia, nosotros pensamos. Es el Dios de los pobres. El que derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; el que colma de bienes a los hambrientos, y a los ricos despide con las manos vacías».

Estas palabras, como dice J. L. González Faus: no son palabras de ningún profeta agresivo ni de ningún guerrillero violento, sino que han brotado de la ternura, la limpieza y el gozo que caben en el corazón de María; ese corazón que había guardado la memoria y el gozo de Jesús, quien bendecía al Padre porque ha ocultado su reino a los aristócratas de la tierra y lo ha revelado a los poca cosa.

José Antonio Pagola

 

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