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Levántense… alcen la cabeza


I Domingo de Adviento (ciclo C): 2 de diciembre del 2012

Jer 33,14-16  -  1Tes 3,12-4,2  -  Lc 21,25-36

 

Durante este tiempo de Adviento, que significa: llegada, venida;

nos preparamos, una vez más, para recordar el nacimiento de Jesús.

Siendo Adviento un tiempo privilegiado de ‘espera y vigilancia’,

escuchemos a Jesús que nos dice: Los pueblos se angustiarán

la gente desfallecerá de miedo… Veamos dos hechos muy concretos:

*Durante la dictadura militar argentina (1976-1983) la situación de las

mujeres prisioneras y embarazadas fue dolorosa. Después del parto

sus bebés terminaban en manos de militares o amigos del régimen

que no podían procrear; y ellas eran arrojadas al mar desde un avión.

Ante estas maldades, ¿podemos permanecer ciegos, sordos, mudos?

*La Pachamama -Madre Tierra- está enferma porque tiene:

fiebre (calentamiento atmosférico); problema digestivo (lluvia ácida);

problema en la piel o superficie (deforestación, desertificación);

problema de deshidratación (falta de agua dulce, el líquido vital);  

problema respiratorio (exceso de carbono en la atmósfera), etc.

Ojalá los responsables de esta destrucción escuchen lo siguiente:

Para el hombre blanco un pedazo de tierra es igual a otro pedazo.

Para el hombre blanco la tierra no es su hermana sino su enemiga

porque, después de saquearla, la abandona. El hombre blanco

trata a su madre la tierra y a su hermano el cielo, como cosas

que se pueden comprar, saquear, vender. Su voracidad arruinará

la tierra dejando detrás un inmenso desierto (Jefe Seattle, 1855).

Teniendo presente éstos y otros hechos, Jesús nos sigue diciendo:

LevántenseAlcen la cabezaSe acerca el día de su liberación

Así es, levantarnos como lo hicieron: -la suegra de Pedro (Lc 4,38-39);

-el paralítico (Lc 5,18-26); -Leví, cobrador de impuestos (Lc 5,27-28);

-dos jóvenes que habían muerto (Lc 7,11-17;  8,51-56); -el hijo menor

que dejó de cuidar cerdos (Lc 15,11-32); -Zaqueo que era un hombre

muy rico porque robaba y engañaba a los pobres (19,1-10).

 

No dejen que sus corazones se hagan insensibles

Este tiempo de Adviento coincide también con cierta propaganda

comercial, pues se usa ‘navidad’ para obtener ganancias económicas.

Por eso, quienes buscamos seguir a Jesús, escuchemos sus palabras:

Tengan cuidado y no dejen que sus corazones se hagan insensibles

por el vicio… la borrachera… las preocupaciones de la vida

Tengamos cuidado para no quedar atrapados por el desmedido afán

de riquezas pasajeras, del bienestar material, de ‘la doce vita’

Debe ser lamentable vivir de manera rutinaria, frívola y vulgar;

como es lamentable haber perdido la salud para acumular dinero

y, después, gastar ese dinero para intentar recuperar la salud.

¿Tiene sentido vivir como si nunca vamos a morir

y, luego, morir como si no hubiéramos vivido?

A los que viven satisfechos, no les importa un futuro mejor para todos.

Tampoco se rebelan ante las injusticias y sufrimientos de los demás.

El tipo de vida que llevan les satisface y eso les basta.

Solo buscan: descansar, comer, beber, disfrutar… (Lc 12,16-21).

Se asemejan a los peces muertos que son arrastrados por la corriente,

lo que no sucede con los peces vivos que avanzan contra la corriente.

Las futuras generaciones cosecharán lo que ahora estamos sembrando,

pues, uno es el que siembra y otro el que cosecha (Jn 4,36-38).

Por todo esto, Jesús nos vuelve a decir a cada uno de nosotros:

Estén vigilantes… oren en todo tiempo y lugar…

así podrán presentarse de pié ante el Hijo del Hombre

Bueno sería que a partir de este tiempo de Adviento (llegada, venida),

trabajemos por hacer un mundo más humano y fraterno, donde:

-Los niños tengan nutrición suficiente, salud, educación.

-Los campesinos tengan tierra para vivir y desenvolverse dignamente.

-Los trabajadores no sean maltratados ni disminuidos en sus derechos.

-El hombre no sea explotado por el hombre o por el Estado.

-No haya a quien le sobra mucho, mientras a muchos les falte todo.

-Haya familias bien constituidas, unidas y suficientemente atendidas.

-No haya injusticia y desigualdad en la administración de la justicia.

-La ley ampare a todos por igual.

-La verdad y el derecho prevalezca sobre la fuerza.

-No prevalezca jamás lo económico ni lo político sobre lo humano.

(Juan Pablo II, en Santo Domingo: 25 de enero de 1979). J. Castillo A

 

INDIGNACIÓN Y ESPERANZA

Una convicción indestructible sostiene desde sus inicios la fe de los seguidores de Jesús: alentada por Dios, la historia humana se encamina hacia su liberación definitiva. Las contradicciones insoportables del ser humano y los horrores que se cometen en todas las épocas no han de destruir nuestra esperanza.

Este mundo que nos sostiene no es definitivo. Un día la creación entera dará ‘signos’ de que ha llegado a su final para dar paso a una vida nueva y liberada que ninguno de nosotros puede imaginar ni comprender.

Los evangelios recogen el recuerdo de una reflexión de Jesús sobre este final de los tiempos. Paradójicamente, su atención no se concentra en los ‘acontecimientos cósmicos’ que se puedan producir en aquel momento. Su principal objetivo es proponer a sus seguidores un estilo de vivir con lucidez ante ese horizonte.

El final de la historia no es el caos, la destrucción de la vida, la muerte total. Lentamente, en medio de luces y tinieblas, escuchando las llamadas de nuestro corazón o desoyendo lo mejor que hay en nosotros, vamos caminando hacia el misterio último de la realidad que los creyentes llamamos ‘Dios’.

No hemos de vivir atrapados por el miedo o la ansiedad. El ‘último día’ no es un día de ira y de venganza, sino de liberación. Lucas resume el pensamiento de Jesús con estas palabras admirables: Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación. Solo entonces conoceremos de verdad cómo ama Dios al mundo.

Hemos de reavivar nuestra confianza, levantar el ánimo y despertar la esperanza. Un día los poderes financieros se hundirán. La insensatez de los poderosos se acabará. Las víctimas de tantas guerras, crímenes y genocidios conocerán la vida. Nuestros esfuerzos por un mundo más humano no se perderán para siempre.

Jesús se esfuerza por sacudir las conciencias de sus seguidores. Tened cuidado: que no se os embote la mente. No viváis como imbéciles. No os dejéis arrastrar por la frivolidad y los excesos. Mantened viva la indignación. Estad siempre despiertos. No os relajéis. Vivid con lucidez y responsabilidad. No os canséis. Mantened siempre la tensión.

¿Cómo estamos viviendo estos tiempos difíciles para casi todos, angustiosos para muchos, y crueles para quienes se hunden en la impotencia? ¿Estamos despiertos? ¿Vivimos dormidos? Desde las comunidades cristianas hemos de alentar la indignación y la esperanza. Y solo hay un camino: estar junto a los que se están quedando sin nada, hundidos en la desesperanza, la rabia y la humillación. 

José Antonio Pagola (2012)

ESTAD SIEMPRE DESPIERTOS

Los discursos apocalípticos recogidos en los evangelios reflejan los miedos y la incertidumbre de aquellas primeras comunidades cristianas, frágiles y vulnerables, que vivían en medio del vasto Imperio romano, entre conflictos y persecuciones, con un futuro incierto, sin saber cuándo llegaría Jesús, su amado Señor.

También las exhortaciones de esos discursos representan, en buena parte, las exhortaciones que se hacían unos a otros aquellos cristianos recordando el mensaje de Jesús. Esa llamada a vivir despiertos  cuidando la oración y la confianza son un rasgo original y característico de su Evangelio y de su oración.

Por eso, las palabras que escuchamos hoy, después de muchos siglos, no están dirigidas a otros destinatarios. Son llamadas que hemos de escuchar los que vivimos ahora en la Iglesia de Jesús en medio de las dificultades e incertidumbres de estos tiempos.

La Iglesia actual marcha a veces como una anciana ‘encorvada’ por el peso de los siglos, las luchas y trabajos del pasado. ‘Con la cabeza baja’, consciente de sus errores y pecados, sin poder mostrar con orgullo la gloria y el poder de otros tiempos.

Es el momento de escuchar la llamada que Jesús nos hace a todos.

Levantaos, animaos unos a otros. Alzad la cabeza con confianza. No miréis al futuro solo desde vuestros cálculos y previsiones. Se acerca vuestra liberación. Un día ya no viviréis encorvados, oprimidos ni tentados por el desaliento. Jesucristo es vuestro Liberador.

Pero hay maneras de vivir que impiden a muchos caminar con la cabeza levantada  confiando en esa liberación definitiva. Por eso, tened cuidado de que no se os embote la mente. No os acostumbréis a vivir con un corazón insensible y endurecido, buscando llenar vuestra vida de bienestar y placer, de espaldas al Padre del Cielo y a sus hijos  que sufren en la tierra. Ese estilo de vida os hará cada vez menos humanos.

Estad siempre despiertos. Despertad la fe en vuestras comunidades. Estad más atentos a mi Evangelio. Cuidad mejor mi presencia en medio de vosotros. No seáis comunidades dormidas. Vivid pidiendo fuerza. ¿Cómo seguiremos los pasos de Jesús si el Padre no nos sostiene? ¿Cómo podremos mantenernos en pie ante el Hijo del Hombre?                                                   J. A. Pagola (2009)


 

 

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