Viernes, 14 de Junio del 2024
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Santa María, Madre de Dios: 1º de enero del 2019
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MADRE DE JESÚS Y MADRE NUESTRA


   Nuestro amor a María, la madre de Jesús y madre nuestra,

no debemos empañarlo con devociones y costumbres superficiales.

   Jamás debemos olvidar que la misión de su hijo Jesús,

es llamar a seguidores y seguidoras para que estén con Él,

y para enviarlos a anunciar el Reino de Dios (Mc 3,13ss).

Al respecto, María nos sigue diciendo: Hagan todo lo que Él les diga.

 


Los pastores van de prisa a Belén



   El ángel se aparece no a los sacerdotes ni a los estudiosos de la ley,

sino a unos pastores que pasan la noche cuidando las ovejas,

desde esta experiencia, saben que el pan de cada día es algo incierto,

   Sin embargo, al oír la Buena Noticia del nacimiento de Jesús,

van de prisa a Belén y encuentran al niño acostado en un establo.

En este niño está presente Dios como Salvador, Mesías, Señor

Ciertamente, los caminos de Dios no son como los nuestros (Is 55,8).

   Tratándose de pastores y ovejas, Jesús compasivo nos dice:

*Si uno tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja las noventa y nueve,

y va en busca de la oveja extraviada, hasta encontrarla? (Lc 15,3ss).

*Lamentablemente hay malos pastores que se apacientan a sí mismos,

buscan sus propios intereses, maltratan a los débiles (Ez 34,1ss).

Por eso, Jesús denuncia a los ladrones, y anuncia que es buen pastor:

El ladrón solo viene para robar, matar y destruir.

Pero yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia.

Yo soy el buen pastor que da su vida por las ovejas (Jn 10,10s).

   Algo más. “Aquel día”, el Hijo del hombre separará unos de otros,

como hace el pastor cuando separa las ovejas de las cabras

Entonces dirá a los buenos: Reciban el Reino preparado para ustedes,

porque tuve hambre y me alimentaron, tuve sed y me dieron de beber,

era forastero y me acogieron, estaba enfermo y me sanaron,

estaba encarcelado y me liberaron… Todo lo que hicieron

a uno de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí (Mt 25, 31ss).



María, madre de Jesús y madre nuestra



   Mientras Jesús enseña a la multitud, una mujer sencilla alza la voz

y exclama: Feliz la mujer que te dio a luz y te crió.

Sin quitar méritos a su madre, Jesús amplia esta felicidad

a todos los que oyen la Palabra de Dios y la practican (Lc 11,27s).

Al respecto, María después de escuchar el mensaje del ángel Gabriel,

dice: Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí tu palabra.

Precisamente, por su fidelidad y entrega a la Palabra de Dios

le seguimos suplicando: Ruega por nosotros pecadores.

   En las bodas de Caná (Jn 2,1-11), María le dice a su hijo Jesús:

No tienen vino. Luego, dirigiéndose a los servidores añade:

Hagan todo lo que Él le diga. Gracias a la intervención de su madre,

Jesús hace su primera señal milagrosa y sus discípulos creen en Él.

Desde entonces, estas palabras de María deben ayudarnos:

a escuchar las enseñanzas de su Hijo Jesús, a ponerlas en práctica,

y a comprometernos con los necesitados, como simples servidores.

   María acompaña a su Hijo Jesús desde Belén hasta el Calvario.

Con el corazón atravesado de dolor, escucha el testamento de Jesús:

Mujer, ahí tienes a tu hijo… Hijo, ahí tienes a tu madre (Jn 19,25ss).

María está presente allí donde la muerte es semilla de una nueva vida,

pues espera lo imposible, a saber, la Resurrección de su Hijo Jesús.

   Por su corazón pasan tristezas y gozos, angustias y esperanzas,

y, como buena madre, observa… escucha… medita

 


Al Niño le ponen por nombre Jesús



   Dios realiza una alianza con Abrahán, haciendo de él

-que tiene noventa y nueve años- padre de una multitud de pueblos.

Para pertenecer al pueblo de Dios, los varones deben circuncidarse.

  José y María, fieles a la tradición religiosa de su pueblo,

al octavo día del nacimiento del Niño van a Jerusalén;

allí circuncidan al Niño y le ponen por nombre Jesús (=Dios salva).

   En la Biblia, nombre y persona es lo mismo. Por eso, S. Pablo dice:

Dios exaltó a Jesús y le dio un nombre que está sobre todo nombre,

para que ante el nombre de Jesús, todos doblen las rodillas,

y todos proclamen que Jesucristo es el Señor (Flp 2,9-11).

    Que Dios Padre infunda en nuestros corazones el Espíritu Santo,

para vivir como hijos suyos… y como hermanos entre nosotros…

¡FELIZ AÑO NUEVO 2019!, les deseo a todos ustedes. 

 


LA MADRE NOS ACOMPAÑA


   Se dice que los cristianos de hoy vibramos menos ante la figura de María que los creyentes de otras épocas. Quizás somos víctimas inconscientes de muchos recelos y sospechas ante deformaciones habidas en la piedad mariana.

   A veces, se había insistido de manera excesivamente unilateral en la función protectora de María, la Madre que ampara a sus hijos e hijas de todos los males, sin convertirlos a una vida más evangélica.

   Otras veces, algunos tipos de devoción mariana no han sabido exaltar a María como madre sin crear una dependencia insana de una “madre idealizada” y fomentar una inmadurez y un infantilismo religioso.

   Quizás, esta misma idealización de María como “la mujer única” ha podido alimentar un cierto menosprecio a la mujer real y ser un refuerzo más del dominio masculino. Al menos, no deberíamos desatender ligeramente estos reproches que, desde frentes diversos, se nos hace a los católicos.

   Pero sería lamentable que empobreciéramos nuestra vida religiosa olvidando el regalo que María puede significar para los creyentes.

Una piedad mariana bien entendida no encierra a nadie en el infantilismo, sino que asegura en nuestra vida de fe la presencia enriquecedora de lo femenino. El mismo Dios ha querido encarnarse en el seno de una mujer. Desde entonces, podemos decir que lo femenino es camino hacia Dios y de Dios (L. Boff).

   La humanidad necesita siempre de esa riqueza que asociamos a lo femenino porque, aunque también se da en el varón, se condensa de manera especial en la mujer: intimidad, acogida, solicitud, cariño, ternura, entrega al misterio, gestación, donación de vida.

   Siempre que marginamos a María de nuestra vida, empobrecemos nuestra fe. Y siempre que despreciamos lo femenino, nos cerramos a cauces posibles de acercamiento a ese Dios que se nos ha ofrecido en los brazos de una madre.

   Comenzamos el año celebrando la fiesta de Santa María, Madre de Dios. Su fidelidad y entrega a la Palabra de Dios, su identificación con los pequeños, su adhesión a las opciones de su hijo Jesús, su presencia servidora en la Iglesia naciente y, antes que nada, su servicio de Madre del Salvador hacen de ella la Madre de nuestra fe y de nuestra esperanza.


José Antonio Pagola (2014): Los grupos de Jesús.


 

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