Viernes, 14 de Junio del 2024
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5º Domingo, Tiempo Ordinario, ciclo C: 10 de febrero del 2019
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DEJAN TODO Y SIGUEN A JESÚS


   Pedro, Santiago y Juan dejan todo y siguen a Jesús. En adelante,

-como pescadores de personas- colaborarán en el anuncio del Reino.

   has venido a la orilla/, no has buscado ni a sabios ni a ricos/,

tan solo quieres que yo te siga (…). sabes bien lo que tengo/,

en mi barca no hay oro ni espadas/, tan solo redes y mi trabajo.

 


Desde una barca, a orillas del lago


   Después del rechazo que tuvo en Nazaret, Jesús sigue su camino

Un día, llega a las orillas del lago de Genesaret, región de Galilea,

y -desde la barca de Pedro- Jesús enseña a muchísima gente reunida,

con palabras y comparaciones sencillas, que todos comprenden.

Quizás algunos no estarán de acuerdo con sus enseñanzas,

pero nadie podrá decir que no le ha entendido.

   Años después, los cristianos se reúnen para oír a los apóstoles,

y participar en la fracción del pan y en las oraciones (Hch 2,42).

Cuando les prohíben enseñar en nombre de Jesús, Pedro y Juan dicen:

No podemos callar lo que hemos visto y oído (Hch 4,20).

Incluso, en medio de las persecuciones, no cesan de orar diciendo:

Señor, concede a tus siervos anunciar tu Palabra sin miedo (4,29).

   San Pablo, el apóstol de los paganos, nos ofrece su testimonio:

Anunciar la Buena Noticia no es para mí motivo de orgullo,

sino una obligación a la que no puedo renunciar.

¡Ay de mí si no anuncio la Buena Noticia! (1Cor 9,16).

   Hoy, hacen falta seguidores de Jesús que oigan y enseñen como Él.

¿Qué nos impide oír el grito de los pobres y de la tierra… y actuar?

*Después de saquear los recursos naturales de África y Sudamérica,

los países ricos cierran sus fronteras a miles de emigrantes,

que huyen del hambre, de la guerra, de la muerte…en frágiles barcas.

*Es lamentable constatar: la contaminación de lagunas, ríos y mares,

y la destrucción de la tierra, sin pensar en las próximas generaciones.

¿Qué nos diría Jesús que enseña desde una barca, a orillas del lago?


Maestro, por tu palabra, echaré las redes


   Después de haber enseñado a la gente, Jesús dice a Simón Pedro:

Rema mar adentro y echa las redes para pescar.

Simón Pedro que es un experto en las tareas del mar, responde:

Maestro, hemos trabajado toda la noche sin pescar nada.

Desde su experiencia, Pedro sabe que Jesús le pide algo imposible,

sin embargo, cree y exclama: por tu Palabra, voy a echar las redes.

   Habiendo realizado una pesca abundante que las redes se rompían,

Pedro se arroja a los pies de Jesús y le suplica:

Señor, apártate de mí que soy un pecador.

Pedro que tiene un corazón sincero, reconoce sus pecados,

y Jesús que vino a buscar y salvar al que se ha extraviado (Lc 19,10),

lo acoge y le dice: No temas, en adelante serás pescador de personas.

Desde su experiencia personal, Pedro acogerá también a pecadores,

-hombres y mujeres- para que entren en el proyecto salvador de Dios.

   Nuestra comunidad cristiana será más evangélica y más creíble,

si reconoce sus pecados y confiesa su necesidad de conversión:

No vine a llamar a justos, sino a pecadores para que se arrepientan,

dice Jesús que come y bebe con personas de mala fama (Lc 5,27ss).

 


Lo dejan todo y siguen a Jesús


   Al final de esta jornada “bien ocupada”, Pedro y sus compañeros

llevan sus barcas a tierralo dejan todoy siguen a Jesús

   Seguir a Jesús es una gracia… y también una respuesta libre

Pedro, Santiago y Juan viven de la pesca, dejan trabajo y familia,

y -como seguidores de Jesús- anunciarán que el Reino de los cielos

se parece a una red que se echa al mar… (Mt 13,47ss).

   En la actualidad, los cristianos y personas de buena voluntad,

estamos llamados a construir una sociedad según la voluntad de Dios.

Para ello, debemos dejar: el egoísmo que busca dinero y poder;

dejar también aquellas costumbres y ritualismos religiosos,

que nos llevan a realizar gastos superfluos, por orgullo y apariencia.

   Por eso, ante la necesidad de quienes no tienen el pan de cada día,

practiquemos lo que dice Jesús: Denles ustedes de comer (Lc 9,12s).

Cuando el pobre nada tiene y aún reparte,

cuando un hombre pasa sed y agua nos da,

cuando el débil a su hermano fortalece,

va Dios mismo en nuestro mismo caminar (bis).  J. Castillo A.

 


LA FUERZA DEL EVANGELIO


   El episodio de una pesca sorprendente e inesperada en el lago de Galilea ha sido redactado por el evangelista Lucas para infundir aliento a la Iglesia cuando experimenta que todos sus esfuerzos por comunicar su mensaje fracasan. Lo que se nos dice es muy claro: hemos de poner nuestra esperanza en la fuerza y el atractivo del Evangelio.

   El relato comienza con una escena insólita. Jesús está de pie a orillas del lago, y la gente se va agolpando a su alrededor para oír la Palabra de Dios. No vienen movidos por la curiosidad. No se acercan para ver prodigios. Solo quieren escuchar de Jesús la Palabra de Dios.

   No es sábado. No están congregados en la cercana sinagoga de Cafarnaún para oír las lecturas que se leen al pueblo a lo largo del año. No han subido a Jerusalén a escuchar a los sacerdotes del Templo. Lo que les atrae tanto es el Evangelio del Profeta Jesús, rechazado por los vecinos de Nazaret.

   También la escena de la pesca es insólita. Cuando de noche, en el tiempo más favorable para pescar, Pedro y sus compañeros trabajan por su cuenta, no obtienen resultado alguno. Cuando, ya de día, echan las redes confiando solo en la Palabra de Jesús que orienta su trabajo, se produce una pesca abundante, en contra de todas sus expectativas.

   En el trasfondo de los datos que hacen cada vez más patente la crisis del cristianismo entre nosotros, hay un hecho innegable: la Iglesia está perdiendo de modo imparable el poder de atracción y la credibilidad que tenía hace solo unos años.

   Los cristianos venimos experimentando que nuestra capacidad para transmitir la fe a las nuevas generaciones es cada vez menor. No han faltado esfuerzos e iniciativas. Pero, al parecer, no se trata solo ni primordialmente de inventar nuevas estrategias.

   Ha llegado el momento de recordar que en el Evangelio de Jesús hay una fuerza de atracción que no hay en nosotros. Esta es la pregunta más decisiva: ¿Seguimos “haciendo cosas” desde una Iglesia que va perdiendo atractivo y credibilidad, o ponemos todas nuestras energías en recuperar el Evangelio como la única fuerza capaz de engendrar fe en los hombres y mujeres de hoy?

   ¿No hemos de poner el Evangelio en el primer plano de todo? Lo más importante en estos momentos críticos no son las doctrinas elaboradas a lo largo de los siglos, sino la vida y la persona de Jesús. Lo decisivo no es que la gente venga a tomar parte en nuestras cosas sino que puedan entrar en contacto con Él. La fe cristiana solo se despierta cuando las personas descubren el fuego de Jesús.                           


José Antonio Pagola (2013)



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