Viernes, 14 de Junio del 2024
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6º Domingo, Tiempo Ordinario, ciclo C: 17 de febrero del 2019
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ABISMO  ENTRE  RICOS  Y  POBRES


   Desde hace más de dos mil años, Jesús nos sigue diciendo:

Felices ustedes los pobres¡Ay de ustedes los ricos…!

Cuánta falta nos hace: examinar nuestra vida y convertirnos.

¿Por qué preferimos estar cerca del rico explotador y lejos del pobre?


¿Bastará repetir una y otra vez: opción preferencial por los pobres?

¿Se puede servir al mismo tiempo a Dios y al dinero? (Lc 16,13).

 


Felices ustedes los pobres


   Jesús que vive entre los pobres, tiene autoridad moral para decir:

   Felices ustedes los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece.

*Jesús se despoja de su rango divino, toma la condición de esclavo,

y se hace semejante a una persona humana cualquiera (Flp 2,7).

*En Belén, la ciudad de David, nace pobre en un establo de animales.

*Cuando alguien le dice: Te seguiré adonde vayas, Jesús le contesta:

El Hijo del hombre no tiene donde recostar la cabeza (Lc 9,57s).

   Felices ustedes los que tienen hambre, porque serán saciados.

*En el desierto, no comió nada y, al final, tuvo hambre (Lc 4,1s).

*Jesús acoge a una multitud de personas, les habla del Reino de Dios,

sana a los enfermos y, en vez de despedir a la gente,

toma los cinco panes y dos peces, los bendice y reparte (Lc 9,10ss).

   Felices ustedes los que lloran, porque reirán.

*En el pueblo de Naín, al ver que llevan a enterar al hijo único

de una madre viuda, Jesús compasivo le dice: No llores (Lc 7,13).

*Viendo llorar a María, Jesús profundamente conmovido llora;

los judíos comentan: ¡Miren, cuánto quería a Lázaro! (Jn 11,33ss).

*Al ver la ciudad de Jerusalén, Jesús llora por ella y dice:

¡Ojalá en este día comprendas los caminos de la paz! (Lc 19,41).

   Felices ustedes los perseguidos, por causa del Hijo del Hombre

Alégrense, porque recibirán un gran premio en el cielo...

*Si el mundo les odia, sepan que primero me odió a mí….

Si me han perseguido, también a ustedes les perseguirán (Jn 15,18ss).


¡Ay de ustedes los ricos!


   Jesús, el Profeta de Nazaret, denuncia a los ricos:

   ¡Ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!

*Un rico terrateniente que tuvo una gran cosecha… dijo:

Derribaré mis graneros y construiré otros más grandes,

luego me diré: Descansa, come, bebe y goza de la vida.

Pero Dios le dijo: Necio, esta misma noche perderás la vida,

y lo que has amontonado, ¿para quién será? (Lc 12,16ss).

   ¡Ay de ustedes los que están saciados, porque tendrán hambre!

*Había un hombre rico, que se vestía con ropa fina y elegante,

y todos los días ofrecía espléndidos banquetes.

Había también un pobre llamado Lázaro, cubierto de llagas

y se sentaba en el suelo a la puerta del rico.

Este pobre ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico,

y hasta los perros iban a lamerle las llagas (Lc 16,19ss).

   ¡Ay de ustedes los que ríen, porque van a llorar de tristeza!

*Procuren entrar por la puerta angosta,

porque les digo que muchos intentarán entrar y no podrán.

Después que el dueño de la casa se levante y cierre la puerta,

Ustedes desde afuera se pondrán a gritar diciendo:

Señor, ábrenos. Él les contestará: No sé de dónde son ustedes.

Entonces ustedes le dirán: Hemos comido y bebido contigo…

Pero él les contestará: … ¡Aléjense de mí, malhechores!

Allí será el llanto y la desesperación…

Porque hay gente que ahora son los últimos y serán los primeros,

y los que ahora son primeros serán los últimos (Lc 13,24ss)

   ¡Ay de ustedes cuando todos les alaben!

Eso hacían los antepasados de esa gente con los falsos profetas.

*Cuando des limosna, no lo publiques a los cuatro vientos,

como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles

para que la gente hable bien de ellos.

Les aseguro que ya recibieron su recompensa…

*Cuando ustedes oren no hagan como los hipócritas,

que rezan de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas

para que la gente los vea. Les aseguro que ya recibieron su premio…

*Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como los hipócritas,

que aparentan tristeza para que la gente vean que están ayunando.

Les aseguro que ya han recibido su paga (Mt 6,2ss).      J. Castillo A.

 


TOMAR EN SERIO A LOS POBRES


   Acostumbrados a escuchar las “bienaventuranzas” tal como aparecen en el evangelio de Mateo, se nos hace duro a los cristianos de los países ricos leer el texto que nos ofrece Lucas. Al parecer, este evangelista -y no pocos de sus lectores- pertenecían a una clase acomodada. Sin embargo, lejos de suavizar el mensaje de Jesús, Lucas lo presentó de manera más provocativa.


   Junto a las “bienaventuranzas” a los pobres, el evangelista recuerda las “malaventuranzas” a los ricos: Dichosos los pobres... los que ahora tenéis hambre... los que ahora lloráis. Pero, ay de vosotros, los ricos... los que ahora estáis saciados... los que ahora reís. El Evangelio no puede ser escuchado de igual manera por todos. Mientras para los pobres es una Buena Noticia que los invita a la esperanza, para los ricos es una amenaza que los llama a la conversión. ¿Cómo escuchar este mensaje en  nuestras comunidades cristianas?


   Antes que nada, Jesús nos pone a todos ante la realidad más sangrante que hay en el mundo, la que más le hace sufrir, la que más llega al corazón de Dios, la que está más presente ante sus ojos. Una realidad que, desde los países ricos, tratamos de ignorar, encubriendo de mil maneras la injusticia más cruel, de la que en buena parte somos cómplices nosotros.


   ¿Queremos continuar alimentando el autoengaño o abrir los ojos a la realidad de los pobres? ¿Tenemos voluntad de verdad? ¿Tomaremos alguna vez en serio a esa inmensa mayoría de los que viven desnutridos y sin dignidad, los que no tienen voz ni poder, los que no cuentan  para nuestra marcha hacia el bienestar?


   Los cristianos no hemos descubierto todavía toda la importancia que pueden tener los pobres en la historia del cristianismo. Ellos nos dan más luz que nadie para vernos en nuestra propia verdad, sacuden nuestra conciencia y nos invitan a la conversión. Ellos nos pueden ayudar a configurar la Iglesia del futuro de manera más evangélica. Nos pueden hacer más humanos: más capaces de austeridad, solidaridad y generosidad.


   El abismo que separa a ricos y pobres sigue creciendo de manera imparable. En el futuro será cada vez más difícil presentarnos ante el mundo como Iglesia de Jesús ignorando a los más débiles e indefensos de la Tierra. O tomamos en serio a los pobres o nos olvidamos el Evangelio. En los países ricos  nos resultará cada vez más difícil escuchar la advertencia de Jesús: No podéis servir a Dios y al dinero. Se nos hará insoportable.


José Antonio Pagola (2010)



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