Miércoles, 28 de Febrero del 2024
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1º Domingo de Cuaresma, ciclo C: 10 de marzo del 2019
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LAS TENTACIONES

   Cuaresma es un tiempo favorable para convertirnos, es decir,

para cambiar: nuestro corazón y nuestra manera de pensar y de vivir,

sobre todo, cuando buscamos: tenerpoderfigurar

que son las tentaciones que el diablo (figura del mal) le pone a Jesús.

Tentar es poner a prueba a una persona, es decir, probar su fidelidad.

 

Di a esta piedra que se convierta en pan

   Jesús durante cuarenta días no come nada y, al final, tiene hambre.

Fue entonces cuando el diablo le pide convertir la piedra en pan,

pero Jesús le responde: No solo de pan vive el hombre (Deut 8,2s).

   Jesús sabe que el anhelo más profundo de todos, ricos y pobres,

no se satisface solo con el alimento material. Por eso, más tarde dirá:

Trabajen no por un alimento que se acaba,

sino por el alimento que permanece y que da vida eterna.

Este es el alimento que les dará el Hijo del Hombre (Jn 6,26s).

   En nuestros días, hay empresas poderosas y personas particulares,

que explotan a los pobres y destruyen la tierra para amontonar oro…

No les interesa oír el grito de los pobres ni el grito de la tierra.

Las consecuencias de esa industrialización salvaje y descontrolada

están a la vista: solo veintiséis personas poseen la misma riqueza,

que los tres mil ochocientos millones de personas que vienen a ser

la mitad más pobre de la humanidad (Cf. Informe 2019 de Oxfam).

   En vez de tenerseamos seguidores de Jesús con nuestras obras:

Yo ayudaba al pobre que pedía socorro y al huérfano indefenso.

Por mi ayuda el vagabundo me agradecía y las viudas se alegraban.

La justicia y la honradez eran parte de mi ser, eran mis vestidos.

Yo era: -ojos para el ciego, -pies para el lisiado,

-padre de los pobres, -defensor de los extranjeros (Job 29,12-16).

   Para ello, debemos tener hambre de la Palabra de Dios,

y hacer acciones concretas para que no haya hambre del pan,

sobre todo, para tantos niños desnutridos que sufren anemia.

Te daré el poder y la gloria, si te arrodillas ante mí

   Después, el diablo lo lleva a un lugar muy alto y, desde allí,

Jesús mira los reinos de la tierra, donde hay opresores y oprimidos.

Mientras Jesús busca introducir el Reino de Dios y su justicia,

el diablo le ofrece: poder y gloria, si se arrodilla delante de él.

Jesús reacciona diciendo: Al Señor, tu Dios, adorarás (Deut 6,10-15).

   Actualmente, hay hombres y mujeres que no necesitan más dinero,

sin embargo, la ambición los lleva a postrarse ante el oro y la plata.

Son como el pueblo hebreo, se olvidan que Dios los liberó de Egipto,

y prefieren adorar un becerro de oro hecho con sus manos (Ex 32).

   Ojalá, aquellos ambiciosos oigan esta denuncia de los pobres:

Cuando ustedes: -hayan envenenado el último río…

-hayan cortado el último árbol… -hayan matado el último animal…

el oro que amontonaron explotando al pobre y destruyendo la tierra,

no servirá ni para beber ni para comer,

pero entonces ya será demasiado tarde (Sabiduría Indoamericana).

 

Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo

   Luego -desde lo más alto del templo- el diablo le dice a Jesús:

Tírate de aquí abajo… Dios mandará que sus ángeles te cuiden;

es decir, usa a Dios para que tengas: fama, prestigio, popularidad

Jesús reacciona diciendo: No tentarás al Señor, tu Dios (Deut 6,16).

   ¿Es justo que ciertas autoridades y personas particulares,  

viajen de cumbre en cumbre con el dinero de todos nosotros,

mientras los pobres marginados sobreviven de abismo en abismo?

   Jesús que vino a servir (Lc 22,27; Jn 13,13ss), nos sigue diciendo:

*Cuando den limosna no lo publiquen a los cuatro vientos,

como hacen los hipócritas para que la gente hable bien de ellos…

*Cuando oren no hagan como los hipócritas, que rezan de pie

en las sinagogas y en las plazas, para que la gente los vea…

*Cuando ayunen no pongan cara triste como hacen los hipócritas,

para que la gente vea que están ayunando… (Mt 6, 2. 5. 16).

   El evangelio termina así: El diablo se marchó hasta otra ocasión,

que llega cuando Jesús crucificado sigue siendo tentado (Lc 23,35ss):

*Salvó a otros, ahora que se salve a sí mismo (la gente y los jefes).

*Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo (los soldados).

*Si eres el Mesías, sálvate y sálvanos (uno de los malhechores).

   Padre, no nos dejes caer en la tentación (Lc 11,1-4).  J. Castillo A.

 

NO DESVIARNOS DE JESÚS

   Las primeras generaciones cristianas se interesaron mucho por las pruebas y tensiones que tuvo que superar Jesús para mantenerse fiel a Dios y vivir siempre colaborando en su proyecto de una vida más humana y digna para todos.

   El relato de las tentaciones de Jesús no es un episodio cerrado, que acontece en un momento y en un lugar determinado. Lucas nos advierte que, al terminar estas tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión. Las tentaciones volverán en la vida de Jesús y en la de sus seguidores.

   Por eso, los evangelistas colocan el relato antes de narrar la actividad profética de Jesús. Sus seguidores han de conocer bien estas tentaciones desde el comienzo, pues son las mismas que ellos tendrán que superar a lo largo de los siglos, si no quieren desviarse de Él.

   En la primera tentación se habla de pan. Jesús se resiste a utilizar a Dios para saciar su propia hambre: No solo de pan vive el hombre. Lo primero para Jesús es buscar el Reino de Dios y su justicia: que haya pan para todos. Por eso acudirá un día a Dios, pero será para alimentar a una muchedumbre hambrienta.

   También hoy nuestra tentación es pensar solo en nuestro pan y preocuparnos exclusivamente de nuestra crisis. Nos desviamos de Jesús cuando nos creemos con derecho a tenerlo, y olvidamos el drama, los miedos y sufrimientos de quienes carecen de casi todo.

   En la segunda tentación se habla de poder y de gloria. Jesús renuncia a todo eso. No se postrará ante el diablo que le ofrece el imperio sobre todos los reinos del mundo: Al Señor, tu Dios, adorarás. Jesús no buscará nunca ser servido sino servir.

   También hoy se despierta en algunos cristianos la tentación de mantener, como sea, el poder que ha tenido la Iglesia en tiempos pasados. Nos desviamos de Jesús cuando presionamos las conciencias tratando de imponer a la fuerza nuestras creencias. Al Reino de Dios le abrimos caminos cuando trabajamos por un mundo más compasivo y solidario.

   En la tercera tentación se le propone a Jesús que descienda de manera grandiosa ante el pueblo, sostenido por los ángeles de Dios. Jesús no se dejará engañar: No tentarás al Señor, tu Dios. Aunque se lo pidan, no hará nunca un signo espectacular del cielo. Solo hará signos de bondad para aliviar el sufrimiento y las dolencias de la gente.

   Nos desviamos de Jesús cuando confundimos nuestra propia ostentación con la gloria de Dios. Nuestra exhibición no revela la grandeza de Dios. Solo una vida de servicio humilde a los necesitados manifiesta su Amor a todos sus hijos.

José Antonio Pagola (2013)

 

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