Miércoles, 28 de Febrero del 2024
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5º Domingo de Cuaresma, ciclo C: 7 de abril del 2019
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YO TAMPOCO TE CONDENO

   Ciertamente es inmoral usar a una persona para condenar a otra.

*Herodías (mujer de Herodes) odia a Juan Bautista y usa a su hija,

para que el profeta Juan muera decapitado en la cárcel (Mc 6,14ss).

*Con esta misma maldad actúan los fariseos y maestros de la ley,

quienes usan a una mujer adúltera para tenderle una trampa a Jesús.

*Mientras los hipócritas se van avergonzados, Jesús salva a la mujer.

 

La ley de Moisés manda apedrear a las adúlteras

   En nuestra sociedad del siglo XXI mayoritariamente católica,

hay mujeres usadas y abusadas sexualmente desde niñas,

pues muchas de ellas no tienen educación, trabajo, salario digno, etc.

   Sin embargo, cuando aquellas mujeres consideradas “pecadoras”,

juntamente con las madres solteras y las esposas abandonadas,

luchan por su dignidad y sus derechos humanos más elementales,

tienen que enfrentarse a personas y autoridades machistas y racistas.

Al respecto, el Nuncio en el Perú Mons. Nicola Girasoli dice:

Cada lágrima de una mujer provocada por la violencia machista

es una espina en el corazón de Jesús (Homilía, 2 marzo 2019).

   Después de haber orado toda la noche en el monte de los Olivos,

al amanecer, Jesús va al templo y al ver tanta gente se pone a enseñar.

En ese momento, -sin hablar del varón- los escribas y fariseos

traen a una mujer sorprendida en adulterio. La colocan en medio,

y dicen: Maestro, la ley de Moisés nos manda apedrear a esta mujer.

Luego, para comprometerlo y acusarlo le preguntan: Tú, ¿qué dices?

   Con esta breve pregunta ponen a Jesús entre la pared y la espada:

*Si Jesús acepta apedrear a aquella mujer desprotegida,

¿podrá decir: Misericordia quiero y no sacrificios (Mt 9,13;  12,7)?

*Si Jesús dice no la apedreen, se hace cómplice del pecado de adulterio,

además, al no observar la ley es motivo suficiente para ser condenado.

*Pero aquellos hipócritas se retiran… porque el Profeta de Nazaret

no desautoriza la ley sino que la supera con un gesto de misericordia.

El que esté sin pecado,  que le tire la primera piedra

   Con esta frase, Jesús desenmascara “la hipocresía” de los escribas

y fariseos… y también de muchos de nosotros “creyentes”, porque:

*Nos fijamos en la paja que hay en el ojo de otra persona,

sin mirar el tronco que hay en el nuestro (Mt 7,1-5).

*Descuidamos la justicia, la misericordia, la fe

*Colamos un mosquito, pero nos tragamos un camello (Mt 23,23s).

*Imponemos cargas insoportables a los demás, y nosotros

ni siquiera movemos un dedo para ayudar a llevarlas (Lc 11,46).

   Para no encerrarnos en normas que nos hacen jueces implacables

(EG, 49), reflexionemos en lo que dice el joven Daniel

a uno de los ancianos que ha calumniado a Susana esposa de Joaquín:

Viejo en años y en crímenes, ahora van a recaer sobre ti

los pecados que cometiste en otro tiempo, al dar sentencias injustas:

condenando a los inocentes y absolviendo a los culpables.

Actuabas en contra del mandato del Señor que dice:

No matarás al inocente ni al justo (Dan 13,52s).

 

Yo tampoco te condeno. Vete y no vuelvas a pecar

   Cuando los expertos religiosos se alejan empezando por los viejos,

Jesús se levanta y pregunta a la mujer: ¿Nadie te ha condenado?

Ella contesta: Nadie, Señor. Fue entonces cuando Jesús le dice,

(y nos dice): Yo tampoco te condeno. Vete y no vuelvas a pecar.

   Aquella mujer cambia de vida al descubrir el perdón incondicional,

que Jesús -compasivo y misericordioso como el Padre- le ofrece.

Jesús vino al mundo no para condenar sino para salvar (Jn 3,17).

   Jamás debemos olvidar que las enseñanzas y obras de Jesús

son para liberar, y de ninguna manera para oprimir, marginar, excluir.

Por eso, en una ocasión (Mc 2,23-28), Jesús como buen Maestro dice:

El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado.

   En la homilía sobre Juan 8,1-11, Mons. Oscar Romero dice:

*Jesús ama y ha venido precisamente a salvar a los pecadores

y aquí tiene un caso. Convertirla es mucho mejor que apedrearla.

Perdonarla y salvarla es mucho mejor que condenarla (…).

*En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo

cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos,

les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios:

¡Cese la represión...! (Domingo, 23 marzo 1980).  Javier Castillo A.

 

TODOS NECESITAMOS PERDÓN

   Según su costumbre, Jesús ha pasado la noche a solas con su Padre querido en el Monte de los Olivos. Comienza el nuevo día, lleno del Espíritu de Dios que lo envía a proclamar la liberación de los cautivos... y dar libertad a los oprimidos. Pronto se verá rodeado por un gentío que acude a la explanada del templo para escucharlo.

   De pronto, un grupo de escribas y fariseos irrumpe trayendo a una mujer sorprendida en adulterio. No les preocupa el destino terrible de la mujer. Nadie le interroga de nada. Está ya condenada. Los acusadores lo dejan muy claro: La Ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras. Tú, ¿qué dices?

   La situación es dramática: los fariseos están tensos, la mujer angustiada, la gente expectante. Jesús guarda un silencio sorprendente. Tiene ante sí a aquella mujer humillada, condenada por todos. Pronto será ejecutada. ¿Es esta la última palabra de Dios sobre esta hija suya?

   Jesús, que está sentado, se inclina hacia el suelo y comienza a escribir algunos trazos en tierra. Seguramente busca luz. Los acusadores le piden una respuesta en nombre de la Ley. Él les responderá desde su experiencia de la misericordia de Dios: aquella mujer y sus acusadores, todos ellos, están necesitados del perdón de Dios.

   Los acusadores solo están pensando en el pecado de la mujer y en la condena de la Ley. Jesús cambiará la perspectiva. Pondrá a los acusadores ante su propio pecado. Ante Dios, todos han de reconocerse pecadores. Todos necesitan su perdón.

   Como le siguen insistiendo cada vez más, Jesús se incorpora y les dice: El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra. ¿Quiénes sois vosotros para condenar a muerte a esa mujer, olvidando vuestros propio pecados y vuestra necesidad del perdón y de la misericordia de Dios?

   Los acusadores se van retirando uno tras otro. Jesús apunta hacia una convivencia donde la pena de muerte no puede ser la última palabra sobre un ser humano. Más adelante, Jesús dirá solemnemente: Yo no he venido para juzgar al mundo sino para salvarlo.

   El diálogo de Jesús con la mujer arroja nueva luz sobre su actuación. Los acusadores se han retirado, pero la mujer no se ha movido. Parece que necesita escuchar una última palabra de Jesús. No se siente todavía liberada. Jesús le dice: Tampoco yo te condeno. Vete y, en adelante no peques más.

   Le ofrece su perdón y, al mismo tiempo, le invita a no pecar más. El perdón de Dios no anula la responsabilidad, sino que exige conversión. Jesús sabe que: Dios no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva.

José Antonio Pagola (2013)

 

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