Miércoles, 21 de Febrero del 2024
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14º Domingo, Tiempo Ordinario, ciclo C: 7 de julio del 2019
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ANUNCIAR EL REINO DE DIOS


   Al iniciar su viaje a Jerusalén, Jesús entra en la región de Samaría.

Allí, designa a setenta y dos discípulos, y los envía de dos en dos, delante de Él, a todos los pueblos y lugares a donde tenía que ir.

Probablemente, la mayoría de estos discípulos son samaritanos, que van a anunciar la Buena Noticia del Reino a sus propios paisanos.

   De esta manera, el Evangelio llega a los despreciados y excluidos.

Salgan a los caminos de los pueblos y de las ciudades

   En nuestros días, hace falta que los seguidores de Jesús nos desinstalemos, dejando nuestras seguridades y comodidades, para salir al encuentro de las personas privadas de sus derechos, y abandonadas en el camino: con hambre, enfermas, sin ropas…

Al respecto, recordemos las acciones del samaritano (Lc 10,25ss).

   Si así lo hacemos, el anuncio del Reinado de Dios y su justicia, va a despertar la ira de los lobos disfrazados con piel de ovejas.

Sin embargo, jamás debemos responder con violencia, pues, siguiendo las enseñanzas y el ejemplo de Jesús, debemos:

*Rogar al Dueño de los campos que mande trabajadores, porque la cosecha es abundante y los obreros son pocos.

*Levantar la vista y ver que los campos están listos para la siega.

El segador recibe su paga, y junta frutos para la Vida eterna, además el sembrador participa en la alegría del segador (Jn 4,35ss).

*Ser simples servidores como Jesús quien, guiado por el Espíritu, pasó por este mundo haciendo el bien y sanando a los enfermos (…).

Nosotros somos testigos de todo lo que hizo (Hch 10,36ss).

   Los cristianos jamás debemos quedarnos cómodamente instalados:

En el Evangelio aprendemos la sublime lección de ser pobres siguiendo a Jesús pobre (Lc 6,20;  9,58), y la de anunciar el Evangelio de la paz sin bolsa ni alforja, sin poner nuestra confianza en el dinero ni en el poder de este mundo (Lc 10,4ss). (DA, 2007, n.30).

Al entrar en una casa digan: Paz a esta casa

   El mensaje de la Paz, está presente en la vida de Jesús, desde: su nacimiento, cuando los ángeles dicen: Paz en la tierra (Lc 2,14); hasta su resurrección, cuando anuncia a sus seguidores:

La paz esté con ustedes (Lc 24,36ss).

   Los discípulos no deben detenerse en el camino, pero sí en una casa.

*Así lo hace Jesús… mientras va de camino, entra en un pueblo, y una mujer llamada María, lo recibe en su casa (Lc 10,38ss).

*Recordemos que la venida del Espíritu Santo tiene lugar en una casa, donde están reunidos los discípulos de Jesús, con algunas mujeres, la madre de Jesús y sus parientes (Hch 1,14).

*Cuando el apóstol Pablo pide que saluden a Prisca y Áquila, añade: saluden a la comunidad que se reúne en su casa (Rom 16,5).

   Hoy, si deseamos una sociedad donde reine la paz y la justicia, hagamos todo lo posible para que en la casa (hogar, familia), hayan hijos de paz, personas abiertas a la novedad del Evangelio.

Para ello, el discípulo-misionero debe permanecer en la misma casa, pues la evangelización de la familia necesita tiempo y dedicación.

Alégrense porque sus nombres ya están escritos en el cielo

   Sobre esta alegría que Jesús anuncia a los setenta y dos discípulos, sigamos reflexionando en los siguientes textos:

*No tengan miedo, les vengo a comunicar una Buena Noticia, una gran alegría para todo el pueblo:

Hoy ha nacido para ustedes el Salvador, Cristo Jesús (Lc 2,10s).

*Felices ustedes, cuando la gente les insulten y les persigan, y cuando por mi causa les calumnien con toda clase de mentiras.

Alégrense y estén contentos, porque será grande la recompensa que recibirán en el cielo (Mt 5,11s).

*Les he dicho todo esto para que mi alegría esté en ustedes, y ustedes sean plenamente felices (Jn 15,11).

*Alégrense siempre en el Señor. Repito: ¡Alégrense!

Que todos les conozcan como personas bondadosas (Flp 4,4s)

*La Alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús.

Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado,de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría (EG, 2013, n.1).  Javier Castillo A.

SIN MIEDO A LA NOVEDAD

   El Papa Francisco está llamando a la Iglesia a salir de sí misma olvidando miedos e intereses propios, para ponerse en contacto con la vida real de las gentes y hacer presente el Evangelio allí donde los hombres y mujeres de hoy sufren y gozan, luchan y trabajan.

   Con su lenguaje inconfundible y sus palabras vivas y concretas, nos está abriendo los ojos para advertirnos del riesgo de una Iglesia que se asfixia en una actitud autodefensiva: Cuando la Iglesia se encierra, se enferma… Prefiero mil veces una Iglesia accidentada a una que esté enferma por encerrarse en sí misma.

   La consigna de Francisco es clara: La Iglesia ha de salir de sí misma a la periferia, a dar testimonio del Evangelio y a encontrarse con los demás. No está pensando en planteamientos teóricos, sino en pasos muy concretos: Salgamos de nosotros mismos para encontrarnos con la pobreza.

   El Papa sabe lo que está diciendo. Quiere arrastrar a la Iglesia actual hacia una renovación evangélica profunda. No es fácil. La novedad nos da siempre un poco de miedo, porque nos sentimos más seguros, si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos y planificamos nuestra vida según nuestros esquemas, seguridades y gustos.

   Pero Francisco no tiene miedo a la “novedad de Dios”. En la fiesta de Pentecostés ha formulado a toda la Iglesia una pregunta decisiva a la que tendremos que ir respondiendo en los próximos años: ¿Estamos decididos a recorrer caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheraremos en estructuras caducas que han perdido la capacidad de respuesta?

   No quiero ocultar mi alegría al ver que el Papa Francisco nos llama a reavivar en la Iglesia el aliento evangelizador que Jesús quiso que animara siempre a sus seguidores. El evangelista Lucas nos recuerda sus consignas. Poneos en camino. No hay que esperar a nada. No hemos de retener a Jesús dentro nuestras parroquias. Hay que darlo a conocer en la vida.

   No llevéis bolsas, alforjas ni sandalias de repuesto. Hay que salir a la vida de manera sencilla y humilde. Sin privilegios ni estructuras de poder. El Evangelio no se impone por la fuerza. Se contagia desde la fe en Jesús y la confianza en el Padre.

   Cuando entréis en una casa, decid: Paz a esta casa. Esto es lo primero. Dejad a un lado las condenas, curad a los enfermos, aliviad los sufrimientos que hay en el mundo. Decid a todos que Dios está cerca y nos quiere ver trabajando por una vida más humana. Esta es la gran noticia del Reino de Dios.                                             

José Antonio Pagola (2013)

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