Miércoles, 28 de Febrero del 2024
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15º Domingo, Tiempo Ordinario, ciclo C: 14 julio 2019
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ANDA Y HAZ TÚ LO MISMO


   Mientras un doctor de la ley le pregunta para ponerlo a prueba,

Jesús de Nazaret aprovecha esta ocasión para: narrar una parábola,

denunciar: a los ricos, a los poderosos, a los funcionarios del templo,

y anunciar un camino de solidaridad: hacernos prójimo del enfermo.

 


Asaltan a un hombre y lo dejan medio muerto


   Aquel hombre, asaltado y abandonado, es un desconocido.

Dada la gravedad de sus heridas, no puede valerse por sí mismo.

A medida que pasa el tiempo siente que la vida se le escapa.

Solo la compasión de alguien de buena voluntad podrá salvarlo.

   Hoy, ¿quiénes roban, hieren y abandonan a sus víctimas?

¿Es justo que un alto funcionario estatal gane en un día,

lo que un pobre trabajador o una trabajadora gana durante un mes?

¿Los ricos perciben que son responsables de tantos emigrantes?

   Ante estas y otras interrogantes, escuchemos a nuestros obispos:

América Latina se encuentra (…), en una situación de injusticia

que puede llamarse violencia institucionalizada (…).

No hay que abusar de la paciencia de un pueblo

que soporta durante años una condición

que difícilmente aceptarían quienes tienen una mayor conciencia

de los derechos humanos (Doc. de Medellín, 1968, 2 La paz, n.16).

   Sobre los funcionarios del templo que no hacen nada por el herido,

el Papa Francisco (en Lampedusa, sur de Italia) dice lo siguiente:

Hoy nadie en el mundo se siente responsable de esto:

-Hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraterna.

-Hemos caído en la actitud hipócrita del sacerdote y del levita,

de los que habla Jesús en la parábola del Buen Samaritano (…).

En este mundo de la globalización

hemos caído en la globalización de la indiferencia.

Nos hemos habituado al sufrimiento del otro: -no nos concierne,

-no nos importa, -no es asunto nuestro (Homilía, 8 julio 2013).



¿Quién se hace prójimo del hombre herido y abandonado?


Sigamos el ejemplo de Jesús, el Buen Samaritano, que -hoy- nos pide:

   *Salir a los caminos para encontrar a la persona necesitada:

Cuando los sabios de Oriente ven la estrella, se alegran.

Luego, entran en la casa y ven al niño con María, su madre;

y arrodillándose le rinden homenaje.

Abren sus cofres y le ofrecen: oro… incienso… mirra… (Mt 2,1-12).

   *Sentir compasión hasta que se remuevan nuestras entrañas:

Cuando el hijo menor todavía está lejos, su padre lo ve,

se le remueven las entrañas y corre a abrazarlo (Lc 15,20).

   *Aproximarnos, hacernos prójimo del que sufre:

Un enfermo de lepra se acerca a Jesús, se arrodilla y le suplica:

Señor, si quieres, puedes sanarme. Jesús le toca con la mano y dice:

Quiero, queda sano. Al instante aquel hombre queda sano (Mt 8,2s).

   *Visitar y sanar a la persona enferma:

Jairo, jefe de la sinagoga, se arrodilla a los pies de Jesús,

y le ruega para que vaya a su casa,

porque su hija única de doce años, se está muriendo (…).

Al llegar a la casa, Jesús exclama: Muchacha, levántate (Lc 8,40ss).

   *Detenernos para ayudar al herido abandonado:

Mira mis manos y toca mis heridas.

Extiende tu mano y palpa mi costado.

En adelante, no seas incrédulo, sino persona de fe (Jn 20, 27).

   *Compartir lo que tenemos con la persona que tiene problemas:

Padre nuestro (…). Danos hoy el pan que necesitamos (Mt 6,9-13).

   *Tener la capacidad de ver al que tiene hambre de Dios y de pan:

Al desembarcar y ver a tanta gente, Jesús se compadece, les enseña,

y dice a sus discípulos: Denles ustedes de comer (Mc 6, 30-44).

   *Acoger a los insignificantes que sufren injustamente:

Tengo hambre y me das de comer. Tengo sed y me das de beber.

Soy forastero y me acoges. Estoy desnudo y me das ropa.

Estoy enfermo y me sanas. Estoy encarcelado y me liberas (Mt 25).

   *Transformar nuestra realidad junto con otros:

Ustedes no me eligieron a mí, soy yo quien les elegí a ustedes,

y les he encargado para que vayan y den mucho fruto (Jn 15,16).

   *Liberar al oprimido y al opresor, para vivir como hermanos:

Amen a sus enemigos, y hagan el bien sin esperar nada a cambio

Sean compasivos como es compasivo el Padre (Lc 6,35s).   J. Castillo

 

NO PASAR DE LARGO


   Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo. Esta es la herencia que Jesús ha dejado a la humanidad. Para comprender la revolución que quiere introducir en la historia, hemos de leer con atención su relato del “buen samaritano”. En él se nos describe la actitud que hemos de promover, más allá de nuestras creencias y posiciones ideológicas o religiosas, para construir un mundo más humano.

   En la cuneta de un camino solitario yace un ser humano, robado, agredido, despojado de todo, medio muerto, abandonado a su suerte. En este herido sin nombre y sin patria resume Jesús la situación de tantas víctimas inocentes maltratadas injustamente y abandonadas en las cunetas de tantos caminos de la historia.

   En el horizonte aparecen dos viajeros: primero un sacerdote, luego un levita. Los dos pertenecen al mundo respetado de la religión oficial de Jerusalén. Los dos actúan de manera idéntica: Ven al herido, dan un rodeo y pasan de largo. Los dos cierran sus ojos y su corazón, aquel hombre no existe para ellos, pasan sin detenerse. Esta es la crítica radical de Jesús a toda religión incapaz de generar en sus miembros un corazón compasivo. ¿Qué sentido tiene una religión tan poco humana?

   Por el camino viene un tercer personaje. No es sacerdote ni levita. Ni siquiera pertenece a la religión del Templo. Sin embargo, al llegar: Ve al herido, se conmueve y se acerca. Luego, hace por aquel desconocido todo lo que puede para rescatarlo con vida y restaurar su dignidad. Esta es la dinámica que Jesús quiere introducir en el mundo.

   Lo primero es no cerrar los ojos. Saber “mirar” de manera atenta y responsable al que sufre. Esta mirada nos puede liberar del egoísmo y la indiferencia que nos permiten vivir con la conciencia tranquila y la ilusión de inocencia en medio de tantas víctimas inocentes. Al mismo tiempo, “conmovernos” y dejar que su sufrimiento nos duela también a nosotros.

   Lo decisivo es reaccionar y “acercarnos” al que sufre, no para preguntarnos si tengo o no alguna obligación de ayudarle, sino para descubrir de cerca que es un ser necesitado que nos está llamando. Nuestra actuación concreta nos revelará nuestra calidad humana.

   Todo esto no es teoría. El samaritano del relato no se siente obligado a cumplir un determinado código religioso o moral. Sencillamente, responde a la situación del herido inventando toda clase de gestos prácticos orientados a aliviar su sufrimiento y restaurar su vida y su dignidad. Jesús concluye con estas palabras: Vete y haz tú lo mismo.    

                                               

José Antonio Pagola (2013)


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