Viernes, 14 de Junio del 2024
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18º Domingo, Tiempo Ordinario, ciclo C: 4 de agosto del 2019
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EL PELIGRO DE LA AVARICIA


   Mientras Jesús sigue enseñando, un hombre se acerca y le dice:

Maestro, dile a mi hermano que reparta la herencia conmigo.

   Jesús rechaza intervenir en asuntos familiares de herencia.

Pero, al narrar una parábola va a la raíz del problema: la avaricia,

pues hay personas que buscan tener más, echando a perder su vida.


 

La avaricia rompe la fraternidad


   Jesús conoce los abusos que comenten los terratenientes en Galilea.

Su avaricia no tiene límites: despojan a los campesinos de sus tierras,

los explotan y, en vez de compartir con ellos los frutos de la tierra,

construyen nuevos y grandes graneros para amontonar sus cosechas,

son unos egoístas, viven para: descansar, comer, beber, disfrutar

   Hoy, ante la ambición de personas privadas y de entidades públicas,

examinemos nuestra manera de vivir, a la luz de los siguientes textos:


*Los guardianes de mi pueblo están ciegos, no se dan cuenta de nada.

Todos ellos son perros mudos, que no pueden ladrar.

Se pasan la vida echados y soñando, les encanta dormir.

Son perros hambrientos que nunca se llenan.

Son autoridades que no entienden nada, cada uno sigue su camino,

solo buscan sus propios intereses (Is 56,10s).

*Los sacerdotes no me buscan, dice el Señor.

Los maestros de la ley no me reconocen.

Las autoridades se rebelan contra mí.

Los profetas hablan en nombre de Baal (una divinidad antigua),

siguiendo a ídolos que no sirven para nada (Jer 2,8).

*Renunciamos a ser llamados de palabra o por escrito

con nombres y títulos que indican grandeza y poder

(Eminencia, Excelencia, Monseñor).

Preferimos ser llamados con el nombre evangélico de Padre (…).

Evitaremos fomentar o adular la vanidad de nadie con la intención

de recomendar o solicitar dones (Pacto de las Catacumbas, nov 1965).


Necio, ¿para quién será lo que has amontonado?


   Jesús de Nazaret que vive pobre entre los pobres,

no tiene reparos en denunciar -llamando necio- a aquel terrateniente;

y le pregunta: ¿Para quién será lo que has acumulado?

   En nuestros días, los que amontonan oro y plata,

no solo destruyen la madre tierra, nuestra casa común,

sino que pisotean los derechos más elementales de los trabajadores.

Son hombres y mujeres con mucho poder económico y político.

Denunciarlos, ayer y hoy, tiene un costo: persecución… muerte…

Sin embargo, el pequeño rebaño de Jesús no debe permanecer mudo.

   A quienes: -prefieren el individualismo, y no lo comunitario…

-dan culto aldios-dinero”, en lugar de servir al prójimo…

-buscan el placer egoísta, en vez de dar vida a los necesitados…

Jesús -el Profeta de Nazaret- les hace estas serias denuncias:

*Ay de ustedes, los ricos, porque ya tienen su consuelo (Lc 6,24ss).

*Un empleado no puede estar al servicio de dos señores (…).

Ustedes no pueden servir a Dios y a las riquezas (Lc 16,13).

*¡Qué difícil es para los ricos entrar en el Reino de Dios!

Es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja,

que a un rico entrar en el Reino de Dios (Lc 18,24s).

   Sin embargo, Jesús que vino a salvar lo perdido nos sigue diciendo:

El Reino de Dios está cerca, conviértanse y crean en el Evangelio.

Recordemos que tratándose del joven rico, Jesús dice a sus discípulos:

Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios (Lc 18,27).

   Acaparar riquezas materiales es una tentación generalizada,

incluso muchas personas pobres sueñan ser como los ricos.

Ojalá los ricos cada vez más ricos, a costa de la miseria de los pobres,

reflexionen en la siguiente denuncia que está en la carta de Santiago:

¡Oigan esto, ustedes los ricos!

¡Lloren y griten por las desgracias que van a sufrir!

Sus riquezas están podridas. Sus ropas están apolilladas.

Su oro y su plata se han oxidado y eso atestigua contra ustedes.

Han amontonado riquezas en estos días, que son los últimos.

El salario que no han pagado a los que trabajaron en sus campos,

clama contra ustedes y ha llegado a los oídos de Dios misericordioso.

Ustedes han llevado en la tierra una vida de lujo y placeres,

han engordado como ganado y se acerca el día de la matanza.

Han condenado y asesinado al inocente indefenso (5,1-6).  J. Castillo

 

CONTRA LA INSENSATEZ


   Cada vez sabemos más de la situación social y económica que Jesús conoció en la Galilea de los años treinta. Mientras en las ciudades de Séforis y Tiberíades crecía la riqueza, en las aldeas aumentaba el hambre y la miseria. Los campesinos se quedaban sin tierras y los terratenientes construían silos y graneros cada vez más grandes.

   En un pequeño relato, conservado por Lucas, Jesús revela qué piensa de aquella situación tan contraria al proyecto querido por Dios, de un mundo más humano para todos. No narra esta parábola para denunciar los abusos y atropellos que cometen los terratenientes, sino para desenmascarar la insensatez en que viven instalados.

   Un rico terrateniente se ve sorprendido por una gran cosecha. No sabe cómo gestionar tanta abundancia. ¿Qué haré? Su monólogo nos descubre la lógica insensata de los poderosos que solo viven para acaparar riqueza y bienestar, excluyendo de su horizonte a los necesitados.

   El rico de la parábola planifica su vida y toma decisiones. Destruirá los viejos graneros y construirá otros más grandes. Almacenará allí toda su cosecha. Puede acumular bienes para muchos años. En adelante, solo vivirá para disfrutar: Túmbate, come, bebe y date buena vida. De forma inesperada, Dios interrumpe sus proyectos: Imbécil, esta misma noche, te van a exigir tu vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?

   Este hombre reduce su existencia a disfrutar de la abundancia de sus bienes. En el centro de su vida está solo él y su bienestar. Dios está ausente. Los jornaleros que trabajan sus tierras no existen. Las familias de las aldeas que luchan contra el hambre no cuentan. El juicio de Dios es rotundo: esta vida solo es necedad e insensatez.

   En estos momentos, prácticamente en todo el mundo está aumentando de manera alarmante la desigualdad. Este es el hecho más sombrío e inhumano: Los ricos, sobre todo los más ricos, se van haciendo mucho más ricos, mientras los pobres, sobre todo los más pobres, se van haciendo mucho más pobres (Zygmunt Bauman).

   Este hecho no es algo normal. Es, sencillamente, la última consecuencia de la insensatez más grave que estamos cometiendo los humanos: sustituir la cooperación amistosa, la solidaridad y la búsqueda del bien común de la Humanidad por la competición, la rivalidad y el acaparamiento de bienes en manos de los más poderosos del Planeta.

   Desde la Iglesia de Jesús, presente en toda la Tierra, se debería escuchar el clamor de sus seguidores contra tanta insensatez, y la reacción contra el modelo que guía hoy la historia humana.


José Antonio Pagola (2013)

 

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