Miércoles, 28 de Febrero del 2024
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21º Domingo, Tiempo Ordinario, ciclo C: 25 de agosto del 2019
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LA SALVACIÓN ES PARA TODOS

   Jesús siendo de condición divina, se hace semejante a los hombres,

se humilla y obedece hasta morir crucificado (Flp 2,6ss).

En la cena de despedida, se arrodilla y lava los pies a sus discípulos,

para que nadie domine a otro ni pisotee sus derechos (Jn 13,4ss).

   Desde esta experiencia, ser el último y el servidor de todos,

Jesús dice: Yo soy la puerta, quien entra por mí se salvará (Jn 10,9).

 

Entren por la puerta angosta

   Mientras Jesús se dirige a Jerusalén, sede de los poderosos,

alguien le pregunta: Señor, ¿serán pocos los que se van a salvar?

   Lo importante para Jesús no es “la cantidad” -pocos o muchos-

sino saber que la salvación: es un don que Dios da gratuitamente,

y también es una tarea, una respuesta libre de nuestra parte.

   Por eso Jesús responde: Procuren entrar por la puerta angosta,

que significa: seguir a Jesús, escuchar y practicar sus enseñanzas.

*Si el sacerdote o el levita del templo de Jerusalén quieren salvarse,

deben seguir el ejemplo del samaritano: Ser misericordioso (Lc 10).

*Jesús, el Profeta compasivo, arriesga a perder su propia vida por:

sanar a los enfermos dejando de lado el descanso sabático,

acoger y comer con publicanos y pecadores, defender a los pobres…

*De nada sirve orar en el templo como el fariseo que se cree justo.

Basta decir como el publicano: Señor, ten piedad de mí, soy pecador.

Éste vuelve a su casa justificado, pero el fariseo no (Lc 18,9ss).

*Haber “cumplido” los mandamientos desde la niñez,

no es un boleto de entrada para heredar la vida eterna.

Al joven rico le falta: vender lo que tiene y repartirlo a los pobres,

para tener un tesoro en el cielo y, luego, seguir a Jesús (Lc 18,18ss).

*Ese día, Jesús dirá a los buenos: Vengan, bendecidos por mi Padre,

reciban el Reino que les fue preparado desde el inicio del mundo,

porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer.

Lo que hicieron a mis hermanos pobres, lo hicieron conmigo (Mt 25).

Los últimos serán los primeros

   Jesús lleva a cabo su misión salvadora, sin que nada lo detenga,

ni siquiera las amenazas de muerte de Herodes Antipas (Lc 13,31ss).

El Nazareno vive en una sociedad de injustas desigualdades, donde

los sacerdotes, escribas, fariseos, terratenientes y comerciantes ricos;

creen ser los mejores, pero sus obras dicen todo lo contrario.

   El mensaje de salvación que Jesús anuncia está destinado a todos:

judíos y extranjeros, autoridades y pueblo en general, pobres y ricos…

   Sin embargo, lo que más impresiona en la vida de Jesús

es la acogida y el buen trato que da a las personas despreciadas.

Ahora bien, desde este servicio humilde, Jesús nos sigue diciendo:

Los últimos serán los primeros, y los primeros serán los últimos.

   Teniendo presente que los preferidos de Dios son los pobres,  

sigamos reflexionando en los siguientes textos del Nuevo Testamento:

*Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra,

porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos,

y las diste a conocer a la gente sencilla (Lc 10,21).

*Sepan que esta salvación de Dios va a ser anunciada a los paganos,

ellos sí la van a escuchar (Hch 28,28).

*Miren, hermanos, a quiénes ha llamado Dios.

Entre ustedes hay: pocos sabios humanamente hablando,

poca gente con autoridad o pertenecientes a familias importantes.

Dios ha elegido: a la gente sencilla para avergonzar a los sabios.

a los débiles del mundo para humillar a los fuertes.

a gente sin importancia, a los despreciados del mundo,

y a los que no son nada, para anular a los que valen algo.

Así nadie podrá gloriarse delante de Dios (1Cor 1,26-29).

*Hermanos, ustedes que creen en nuestro glorioso Señor Jesucristo,

no deben hacer diferencias entre las personas.

Supongamos que cuando ustedes están reunidos,

entra un rico con anillos de oro y ropa elegante, y le dicen:

-Siéntate aquí en el primer lugar.

Y, al mismo tiempo, entra un pobre vestido con ropa sucia, y le dicen:

-Quédate allá de pie o siéntate en el suelo.

Al actuar así, hacen diferencias y juzgan con pésimas intenciones.

Hermanos, Dios ha escogido a los que en este mundo son pobres,

para que sean ricos en la fe y para que hereden el Reino

que Él ha prometido a los que le aman (Stgo 2,1-5).       J. Castillo A.

 

CONFIANZA, SÍ.  FRIVOLIDAD, NO

   La sociedad moderna va imponiendo cada vez con más fuerza un estilo de vida marcado por el pragmatismo de lo inmediato. Apenas interesan las grandes cuestiones de la existencia. Ya no tenemos certezas firmes ni convicciones profundas. Poco a poco, nos vamos convirtiendo en seres triviales, cargados de tópicos, sin consistencia interior ni ideales que alienten nuestro vivir diario, más allá del bienestar y la seguridad del momento.

   Es muy significativo observar la actitud generalizada de no pocos cristianos ante la cuestión de la “salvación eterna” que tanto preocupaba solo hace pocos años: bastantes la han borrado sin más de su conciencia; algunos, no se sabe bien por qué, se sienten con derecho a un “final feliz”; otros no quieren recordar experiencias religiosas que les han hecho mucho daño.

   Según el relato de Lucas, un desconocido hace a Jesús una pregunta frecuente en aquella sociedad religiosa: ¿Serán pocos los que se salven? Jesús no responde directamente a su pregunta. No le interesa especular sobre ese tipo de cuestiones estériles, tan queridas por algunos maestros de la época. Va directamente a lo esencial y decisivo: ¿cómo hemos de actuar para no quedar excluidos de la salvación que Dios ofrece a todos?

   Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Estas son sus primeras palabras. Dios nos abre a todos la puerta de la vida eterna, pero hemos de esforzarnos y trabajar para entrar por ella. Esta es la actitud sana. Confianza en Dios, sí; frivolidad, despreocupación y falsas seguridades, no.

   Jesús insiste, sobre todo, en no engañarnos con falsas seguridades. No basta pertenecer al pueblo de Israel; no es suficiente haber conocido personalmente a Jesús por los caminos de Galilea. Lo decisivo es entrar desde ahora en el Reino de Dios y su justicia. De hecho, los que quedan fuera del banquete final son, literalmente, “los que practican la injusticia”.

   Jesús invita a la confianza y la responsabilidad. En el banquete final del Reino de Dios no se sentarán solo los patriarcas y profetas de Israel. Estarán también paganos venidos de todos los rincones del mundo. Estar dentro o estar fuera depende de cómo responde cada uno a la salvación que Dios ofrece a todos.

   Jesús termina con un proverbio que resume su mensaje. En relación al Reino de Dios: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos. Su advertencia es clara. Algunos que se sienten seguros de ser admitidos pueden quedar fuera. Otros que parecen excluidos de antemano pueden quedar dentro.                                 

José Antonio Pagola (2013)

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