Miércoles, 21 de Febrero del 2024
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32º Domingo, Tiempo Ordinario, ciclo C: 10 noviembre 2019
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JESÚS. AMIGO DE LA VIDA


   En Jerusalén: -Jesús arroja del templo a los negociantes (Lc 19,46).

-Sus enemigos intentan detenerlo, pero temen al pueblo (Lc 20,19).

-Otros de mala fe le preguntan sobre el impuesto al César (Lc 20,22).

   En este contexto, Jesús anuncia que Dios es amigo de la vida, pues

no es Dios de muertos, sino de vivos. Un día, nuestra vida terrenal

alcanzará su plenitud en la Vida de Dios. Nuestros trabajos,

sufrimientos y alegrías, se convertirán por fin en Felicidad eterna.

 

Los saduceos niegan la resurrección

   En la época de Jesús, el grupo de los saduceos eran pocos, pero

con una enorme influencia en lo político, económico y religioso.

Entre sus miembros hay terratenientes y sacerdotes muy ricos.

-Conservan sus privilegios apoyando a los dominadores romanos.

-Solo aceptan los cinco primeros libros de la Biblia (=Pentateuco),

interpretados según sus intereses… y dejan los otros libros del AT,

donde hay textos que contradicen de raíz su mentalidad y falsa piedad.

-Viven de una manera egoísta y solo piensan en esta vida terrenal.

-Niegan la resurrección porque -según ellos- no se habla claramente

en los libros del Pentateuco (Gen  Ex  Lev  Num  Deut).

   Los saduceos desaparecen el año 70 con la destrucción de Jerusalén.

Sin embargo, su manera de pensar y de vivir está presente hoy en día.

*En una orilla encontramos: -Ricos que comen y viven a todo lujo.

-Autoridades que siguen y cumplen las consignas del neoliberalismo.

-Inversionistas sordos al grito de los pobres y al clamor de la tierra.

-Funcionarios que usan la religión para manipular al pueblo.

*En la otra orilla: Están la multitud de niños, adultos y ancianos,

en una palabra, de personas humanas concretas e irrepetibles,

que sufren el peso intolerable de la miseria (SRS, 1987, n.13).

¿Se justifica este abismo en paises con millones de cristianos?

   Algo está claro, la práctica de los antiguos y nuevos saduceos,

contradice las enseñanzas y las obras de Jesús, amigo de la vida.

El Señor no es Dios de muertos, sino de vivos

   Jesús desenmascara la hipocresía de los saduceos

que engañan a la gente pobre, interpretando mal la Palabra de Dios.

En efecto, para negar la resurrección utilizan el libro del Deut 25,5s.

Según el texto paralelo de Marcos, los saduceos están equivocados,

porque no conocen las Escrituras ni el poder de Dios (Mc 12,24).

   Jesús -empleando el libro del Éxodo aceptado por los saduceos-

hace referencia a la aparición de Dios a Moisés para decirle: Yo soy

el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, de Isaac, de Jacob.

He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus lamentos,

conozco sus sufrimientos. Por eso he bajado para liberarlo

Ahora, anda, yo te envío al faraón… Yo estaré contigo (Ex 3,1ss).

Teniendo presente este contexto, Jesús responde a los saduceos:

El Señor no es Dios de muertos, sino de vivos.

Aquellos saduceos, ¿se habrán convertido… o seguirán engañando?

   Jesús nos da a conocer el verdadero rostro de Dios: Es un Padre

que actúa con entrañas de misericordia ante toda miseria humana,

y su gloria consiste en que los seres humanos tengan vida plena.

   Para el creyente, la muerte es puerta de salida de la vida terrenal,

y, al mismo tiempo, puerta de entrada en la vida plena y definitiva:

La vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma,

y, al deshacerse nuestra morada terrenal,

adquirimos una mansión eterna en el cielo (Prefacio I de difuntos).

   Que “los actuales saduceos…” oigan la denuncia del profeta Isaías:

Los jefes de mi pueblo están ciegos, no se dan cuenta de nada.

Son perros mudos, que no pueden ladrar… les encanta dormir.

Son perros hambrientos que nunca se llenan. Son autoridades

que no entienden nada, solo buscan sus intereses (Is 56,10s).

   Si de veras amamos a Dios, seamos como Él amigo de la vida:

Señor, tú tienes compasión de todos, porque todo lo puedes.

No te fijas en los pecados de los hombres, para que se arrepientan.

Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que has hecho.

Si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado… Perdonas

a todos porque son tuyos, Señor, amigo de la vida (Sab 11,23ss).

   Siguiendo el ejemplo de Jesús, pongamos vida donde hay muerte:

-Yo vine para que tengan vida, y la tengan en abundancia (Jn 10,10).

-Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en mí aunque muera vivirá.

Quien vive y cree en mí, no morirá para siempre (Jn 11,25s). J. Castillo

 

DECISIÓN DE CADA UNO

   Jesús no se dedicó a hablar mucho de la vida eterna. No pretende engañar a nadie haciendo descripciones fantasiosas de la vida más allá de la muerte. Sin embargo, su vida entera despierta esperanza. Vive aliviando el sufrimiento y liberando del miedo a la gente. Contagia una confianza total en Dios. Su pasión es hacer la vida más humana y dichosa para todos, tal como la quiere el Padre de todos.

   Solo cuando un grupo de saduceos se le acerca con la idea de ridiculizar la fe en la resurrección, a Jesús le brota de su corazón creyente la convicción que sostiene y alienta su vida entera: Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para Él todos son vivos.

   Su fe es sencilla. Es verdad que nosotros lloramos a nuestros seres queridos porque, al morir, los hemos perdido aquí en la tierra, pero Jesús no puede ni imaginarse que a Dios se le vayan muriendo esos hijos suyos a los que tanto ama. No puede ser. Dios está compartiendo su vida con ellos porque los ha acogido en su amor insondable.

   El rasgo más preocupante de nuestro tiempo es la crisis de esperanza. Hemos perdido el horizonte de un Futuro último y las pequeñas esperanzas de esta vida no terminan de consolarnos. Este vacío de esperanza está generando en bastantes la pérdida de confianza en la vida. Nada merece la pena. Es fácil entonces el nihilismo total.

   Estos tiempos de desesperanza, ¿no nos están pidiendo a todos, creyentes y no creyentes, hacernos las preguntas más radicales que llevamos dentro? Ese Dios del que muchos dudan, al que bastantes han abandonado y por el que muchos siguen preguntando, ¿no será el fundamento último en el que podemos apoyar nuestra confianza radical en la vida? Al final de todos los caminos, en el fondo de todos nuestros anhelos, en el interior de nuestros interrogantes y luchas, ¿no estará Dios como Misterio último de la salvación que andamos buscando?

   La fe se nos está quedando ahí, arrinconada en algún lugar de nuestro interior, como algo poco importante, que no merece la pena cuidar ya en estos tiempos. ¿Será así? Ciertamente no es fácil creer, y es difícil no creer. Mientras tanto, el misterio último de la vida nos está pidiendo una respuesta lúcida y responsable.

   Esta respuesta es decisión de cada uno. ¿Quiero borrar de mi vida toda esperanza última más allá de la muerte como una falsa ilusión que no nos ayuda a vivir? ¿Quiero permanecer abierto al Misterio último de la existencia confiando que ahí encontraremos la respuesta, la acogida y la plenitud que andamos buscando ya desde ahora? 

José Antonio Pagola (2013)

 

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