Miércoles, 28 de Febrero del 2024
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5º Domingo, Tiempo Ordinario, ciclo A: 9 de febrero del 2020
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SAL Y LUZ PARA UNA SOCIEDAD NUEVA

   Jesús sigue enseñando a la multitud y a sus discípulos, diciéndoles:

Ustedes son la sal de la tierraUstedes son la luz del mundo

   Los cristianos: ¿Somos sal y luz, practicando las Bienaventuranzas?

¿Damos testimonio de nuestra fe en: el hogar, el trabajo, el barrio…?

¿Ofrecemos esperanza a las personas que sufren injustamente?

¿Trabajamos para que se respete los derechos de los marginados?

 

Ustedes son la sal de la tierra

  Jesús enseña con palabras y ejemplos sencillos de la vida diaria.

Ahora bien, cuando Jesús dice: ustedes son la sal de la tierra,

está pidiendo que las personas de buena voluntad y los cristianos,

seamos como la sal que da sabor y conserva los alimentos.

Se trata de: construir una sociedad nueva desde el Evangelio,

conocer a Jesús que es el Camino, la Verdad y la Vida  (Jn 14,6),

y que nuestras autoridades: no roben…no mientan… no sean flojos

   Sobre el grave problema de encerrarnos en: normas, costumbres,

preocupaciones mundanas, riquezas… El papa Francisco dice:

Si algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra conciencia

es que tantos hermanos nuestros vivan: sin la fuerza, la luz

y el consuelo de la amistad con Jesucristo… (EG, 2013, n.49).

Es una hipocresía aferrarnos a ciertas tradiciones que esclavizan,

en vez de practicar los mandamientos de Dios (cf. Mt 15,1ss).

   La siguiente advertencia de Jesús vale para muchos de nosotros:

Si la sal se vuelve desabrida, ¿con qué se le devolverá su sabor?

Para nada sirve ya, sino para tirarla y que la gente la pise.

¿Por qué en nuestra sociedad hay personas particulares y autoridades,

que se dejan arrastrar -como peces muertos- por la corrupción:

asesinando… robando… mintiendo… sobornando a los jueces… etc.?

¿De qué les sirve haber amontonado riquezas dentro y fuera del país,

si después son encarcelados? ¿Qué ejemplo dan a la gente sencilla?

¿Quieren convertirse… o prefieren ser arrojados y pisoteados?

Ustedes son la luz del mundo

   Ante las innumerables acusaciones de sus enemigos, Job responde:

Otros odian la luz, y en sus caminos se apartan de ella…

Los asesinos madrugan para matar al pobre y al indigente,

y al anochecer se convierten en ladrones. Para ellos la luz del día

es densa oscuridad, prefieren los horrores de las tinieblas (Job 24).

   Cuando el fariseo Nicodemo va de noche a visitarlo, Jesús le dice:

La luz vino al mundo, pero los hombres prefieren las tinieblas a la luz

porque sus acciones son malas. Los que obran mal odian la luz

y no se acercan a ella para que no se descubra lo que hacen (Jn 3).

   Las consecuencias están a la vista: situación de inhumana pobreza,

problemas de salud y de educación, salarios miserables de hambre…

¿Qué debemos hacer? Seguir a Jesús que: *ora constantemente

*vive en contacto directo con los más necesitados y marginados,

asumiendo cansancio, riesgo, rechazo y la muerte en una cruz…

*es la luz verdadera que ilumina a los que están en tinieblas:

-Mientras estoy en este mundo, yo soy la luz del mundo (Jn 9,5).

-Yo soy la luz… quien cree en mí no se quede en tinieblas (Jn 12,46).

En el sermón del monte Jesús nos dice: Ustedes son la luz del mundo.

Que tu luz brille delante de la gente, para que vean tus buenas obras

y glorifiquen al Padre de ustedes que está en el cielo.

   Si practicamos estas enseñanzas de Jesús, entonces:

*Los hambrientos y sedientos se sentarán alrededor de nuestra mesa:

No tienen necesidad de irse, denles ustedes mismos de comer.

*Los emigrantes y desnudos van a compartir los bienes de la creación:

Dios puso al ser humano en el jardín para que lo cultive y cuide.

*Los enfermos van a quedar sanos y los presos libres. Y Jesús dirá:

Felices ustedes, tomen posesión del Reino (Mt 25,34ss; y 1ª lectura).

Según san Ireneo: La gloria de Dios consiste en que el hombre viva.

y para Mons. Oscar Romero: La gloria de Dios es que el pobre viva.

   Hay ciegos que nos dan ejemplo para ser luz en las tinieblas:

Ñaupajruna (el guía) va de noche por las calles oscuras del pueblo,

llevando una lámpara encendida. Un vecino lo reconoce y le dice:

-¿Por qué caminas con una lámpara encendida si eres ciego?

Ñaupajruna responde: -Yo conozco bien las calles de este pueblo.

Si llevo esta lámpara encendida, no es para ver mi camino,

sino para que otros encuentren su camino cuando me vean.   

Los pobres nos evangelizan y nos llaman a la conversión. J. Castillo

 

SALIR A LAS PERIFERIAS

   Jesús da a conocer con dos imágenes audaces y sorprendentes lo que piensa y espera de sus seguidores. No han de vivir pensando siempre en sus propios intereses, su prestigio o su poder. Aunque son un grupo pequeño en medio del vasto Imperio de Roma, han de ser la “sal” que necesita la tierra y la “luz” que le hace falta al mundo.

   Vosotros sois la sal de la tierra. Las gentes sencillas de Galilea captan espontáneamente el lenguaje de Jesús. Todo el mundo sabe que la sal sirve, sobre todo, para dar sabor a la comida y para preservar los alimentos de la corrupción. Del mismo modo, los discípulos de Jesús han de contribuir a que las gentes saboreen la vida sin caer en la corrupción.

   Vosotros sois la luz del mundo. Sin la luz del sol, el mundo se queda a oscuras y no podemos orientarnos ni disfrutar de la vida en medio de las tinieblas. Los discípulos de Jesús pueden aportar la luz que necesitamos para orientarnos, ahondar en el sentido último de la existencia y caminar con esperanza.

   Las dos metáforas coinciden en algo muy importante. Si permanece aislada en un recipiente, la sal no sirve para nada. Solo cuando entra en contacto con los alimentos y se disuelve con la comida, puede dar sabor a lo que comemos. Lo mismo sucede con la luz. Si permanece encerrada y oculta, no puede alumbrar a nadie. Solo cuando está en medio de las tinieblas puede iluminar y orientar. Una Iglesia aislada del mundo no puede ser ni sal ni luz.

   El Papa Francisco ha visto que la Iglesia vive hoy encerrada en sí misma, paralizada por los miedos, y demasiado alejada de los problemas y sufrimientos como para dar sabor a la vida moderna y para ofrecerle la luz genuina del Evangelio. Su reacción ha sido inmediata: Hemos de salir hacia las periferias.

   El Papa insiste una y otra vez: Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrase a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termina clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos.

   La llamada de Francisco está dirigida a todos los cristianos: No podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos… El Evangelios nos invita siempre a correr el riesgo del encuentro con el rostro del otro. El Papa quiere introducir en la Iglesia lo que él llama la cultura del encuentro. Está convencido de que: lo que necesita hoy la Iglesia es capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones

José Antonio Pagola (2014)

 

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