Miércoles, 21 de Febrero del 2024
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24º Domingo, Tiempo Ordinario, ciclo A: 13 septiembre 2020
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PERDONAR COMO DIOS NOS PERDONA

   En vez de responder con violencia que genera más violencia,

los cristianos debemos perdonar siempre y sin condiciones.

   Al respecto, el texto de Mateo nos presenta dos personajes:

-el señor que perdona a su empleado una deuda imposible de pagar, y

-el empleado que no perdona a su compañero una pequeñísima deuda.

   Si nos amamos mutuamente como Jesús nos ama (Jn 13,34),

viviremos en una sociedad fraterna…y ya no en un valle de lágrimas...

 

El perdón no tiene límites

   Entre los discípulos de Jesús hay problemas, tensiones, rivalidades.

Así por ejemplo, Santiago y Juan -hijos del trueno-

no solo pretenden destruir un pueblo en Samaria (Lc 9,54),

sino que buscan puestos de honor…poder…dominio… (Mt 20,20-28).

   Pedro se acerca a Jesús y le pregunta de una manera personal:

Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces debo perdonarle?,

¿hasta siete veces? Entre los judíos, siete es el número de la plenitud.

   Jesús le responde con esta novedad: No te digo hasta siete veces,

sino hasta setenta veces siete. Es decir, debemos perdonar siempre.

Todo esto es posible, si escuchamos y practicamos sus enseñanzas,

y si seguimos su ejemplo… pues Él muere perdonando (Lc 23,33).

*Han oído que se dijo: ama a tu prójimo y odia a tu enemigo.

Pero yo les digo: amen a sus enemigos, recen por sus perseguidores.

Así serán hijos del Padre de ustedes que está en el cielo,

que hace brillar el sol y manda la lluvia sobre malos y buenos…

Sean perfectos, como el Padre de ustedes es perfecto (Mt 5,43ss).

*Padre nuestro… perdona nuestras ofensas, como también nosotros

perdonamos a los que nos ofenden… Pues si perdonan a los demás

las ofensas, el Padre del cielo les perdonará a ustedes (Mt 6,9-14).

*Jesús desenmascara la hipocresía de escribas y fariseos, diciéndoles:

El que no tenga pecado, tire la primera piedraLuego, dice a la mujer:

Yo tampoco te condeno, vete en paz y no vuelvas a pecar (Jn 8,1ss).

El señor tiene lástima y le perdona la deuda

   Esta parte de la parábola se refiere a Dios, Padre misericordioso,

que perdona a un empleado una inmensa deuda, imposible de pagar.

Dios nos ama y nos perdona siempre, sin que nosotros lo merezcamos.

Al tomar conciencia del perdón divino, debemos aceptarlo y vivirlo,

solo así, seremos capaces de perdonar a los demás, para que ellos

reconozcan sus errores, reparen, se conviertan y perdonen.

   Muchos de nosotros tenemos la falsa idea de “un Dios castigador”,

por una deficiente educación religiosa y por una predicación tradicional.

Jesús, en cambio, lo experimenta como un Padre increíblemente bueno,

que se preocupa únicamente por la felicidad de sus hijos e hijas:

   Cuando el hijo menor todavía estaba lejos, su padre lo ve,

siente compasión, corre a su encuentro y le abraza

Luego el padre dice a sus servidores: traigan el mejor vestido

y vístanle, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies.

Traigan el ternero engordado y mátenlo. Porque este hijo mío…

se había perdido y ha sido encontrado (Lc 15,20-24).

 

¡Malvado! ¿No debías tú también tener compasión?

   Ciertas autoridades que viven de rodillas ante el capitalismo salvaje,

autorizan a dueños de empresas transnacionales para que exploten

nuestros recursos naturales: petróleo, gas, minerales, pesca… Luego,

esos dueños se llevan el dinero. Y algo más, tienen lujosas residencias

dentro y fuera el país. Muchos de ellos dicen que son “creyentes”,

y para quedar tranquilos con sus conciencias, dan dinero para algún

proyecto; y siguen explotando a los pobres y exprimiendo los bienes

del planeta como si fuera una naranja (Papa Francisco, 31 agt. 2020).

¡Empresario malvado! Toda la riqueza que tienes, te la dieron ciertas

autoridades… ¿No debías tú también compadecerte de la madre tierra,

y de los pobres golpeados por un despiadado liberalismo económico?

   Ojalá dichos empresarios sigan el ejemplo del rico Zaqueo que dice

a Jesús: Mira, Señor, doy la mitad de mis bienes a los pobres,

y si he robado a alguien, le devuelvo cuatro veces más (Lc 19,8).

Solo en base al amor, construiremos una sociedad humana y fraterna:

Amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios.

El que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama,

no conoce a Dios, porque Dios es amor. Él envió a su Hijo único

a este mundo para darnos vida por medio de Él (1Jn 4,7-9).  J. Castillo

 

VIVIR PERDONANDO

   Los discípulos le han oído a Jesús decir cosas increíbles sobre el amor a los enemigos, la oración al Padre por los que nos persiguen, el perdón a quien nos hace daño. Seguramente les parece un mensaje extraordinario pero poco realista y muy problemático.

   Pedro se acerca ahora a Jesús con un planteamiento más práctico y concreto que les permita, al menos, resolver los problemas que surgen entre ellos: recelos, envidias, enfrentamientos, conflictos y rencillas. ¿Cómo tienen que actuar en aquella familia de seguidores que caminan tras sus pasos. En concreto: Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar?

   Antes que Jesús le responda, el impetuoso Pedro se le adelanta a hacerle su propia sugerencia: ¿Hasta siete veces? Su propuesta es de una generosidad muy superior al clima justiciero que se respira en la sociedad judía. Va más allá incluso de lo que se practica entre los rabinos y los grupos esenios que hablan como máximo de perdonar hasta cuatro veces.

   Sin embargo Pedro se sigue moviendo en el plano de la casuística judía donde se prescribe el perdón como arreglo amistoso y reglamentado para garantizar el funcionamiento ordenado de la convivencia entre quienes pertenecen al mismo grupo.

   La respuesta de Jesús exige ponerse en otro registro. En el perdón no hay límites: No te digo hasta siete veces sino hasta setenta veces siete. No tiene sentido llevar cuentas del perdón. El que se pone a contar cuántas veces está perdonando al hermano se adentra por un camino absurdo que arruina el espíritu que ha de reinar entre sus seguidores.

   Entre los judíos era conocido un “Canto de venganza” de Lámek, un legendario héroe del desierto, que decía así: Caín será vengado siete veces, pero Lámek será vengado setenta veces siete. Frente a esta cultura de la venganza sin límites, Jesús canta el perdón sin límites entre sus seguidores.

   En muy pocos años el malestar ha ido creciendo en el interior de la Iglesia provocando conflictos y enfrentamientos cada vez más desgarradores y dolorosos. La falta de respeto mutuo, los insultos y las calumnias son cada vez más frecuentes. Sin que nadie los desautorice, sectores que se dicen cristianos se sirven de internet para sembrar agresividad y odio destruyendo sin piedad el nombre y la trayectoria de otros creyentes.

   Necesitamos urgentemente testigos de Jesús, que anuncien con palabra firme su Evangelio y que contagien con corazón humilde su paz. Creyentes que vivan perdonando y curando esta obcecación enfermiza que ha penetrado en su Iglesia.              

José Antonio Pagola (2011)

 

 

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