Miércoles, 28 de Febrero del 2024
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25º Domingo, Tiempo Ordinario, ciclo A: 20 septiembre 2020
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LOS ÚLTIMOS Y LOS PRIMEROS

¡Qué propietario tan generoso, el que nos presenta el texto de Mateo!

Más que dueño de la viña, es dueño de su inmensa bondad. Él mismo

sale -a diversas horas- para contratar trabajadores para su viña,

ofreciéndoles un denario. Al anochecer, cuando ordena al capataz

pagar a los trabajadores… resplandece su generosidad.

 

Al amanecer, el dueño sale a contratar trabajadores para su viña

   Al principio, o sea, al amanecer de aquel primer día de la semana,

Dios Padre crea el cielo y la tierra…ve que es bueno…y lo entrega

al ser humano para cuidarlo…cultivarlo…alimentarse…(Gen 1-2).

   Pero, con el paso del tiempo, en la tierra crece la maldad,   

porque los hombres y las mujeres se han corrompido (Gen 6,5-12).

   Siglos después, Dios misericordioso ve la opresión de su pueblo,

oye sus lamentos, y baja para liberarlo de la esclavitud (Ex 3,7s).

Lamentablemente, dejando de lado las promesas que hace,

el pueblo es infiel, rechaza a Dios y adora un becerro de oro (Ex 32).

   Al llegar la plenitud de los tiempos, Dios envía a su Hijo amado,

para liberarnos y para que seamos hijos adoptivos de Dios (Gal 4,4s).

Sin embargo, los que tienen poder económico, político y religioso,

buscan asesinarle, porque acoge y come con pecadores (Lc 15,2).

   Al respecto, sigamos meditando en el siguiente texto de Isaías:

Mi amigo tenía una viña en un terreno muy fértil. Removió la tierra,

la limpió de piedras y puso plantas de vid de la mejor calidad.

Mi amigo esperaba uvas dulces, pero dio frutos amargos.

¿Qué más podía hacer mi amigo por su viña que no lo haya hecho?

La viña del Señor son ustedes, país de Israel, pueblo de Judá.

El Señor esperaba de ustedes derecho y solo encuentra asesinatos,

esperaba justicia y solo escucha gritos de dolor (Is 5,1-7).

   Hace falta que los servidores de la viña del Señor nos convirtamos,

optemos por las personas desempleadas, y dejemos de lado los gastos

y adornos superfluos que se hacen con motivo de una fiesta patronal.

Al atardecer, el dueño ordena pagar, empezando por los últimos

 Jesús no mira nuestros méritos sino nuestras necesidades. Solo quiere

que amemos a todos, de preferencia a los que sufren injustamente.

Ahora bien, al final de los tiempos, al “atardecer” (Mt 25,31-46),

Jesús dirá a los compasivos: Vengan conmigo porque me alimentaron

y dieron de beber, me acogieron y vistieron, me sanaron y liberaron.

Y a los egoístas que no hicieron nada por Él les dirá: Apártense de mí.

   Sabiendo que nuestro destino final se define en esta vida terrenal,

escuchemos a Jesús que -desde su experiencia- nos sigue diciendo:

*Ustedes serán perseguidos y maltratados por mi causa,

pues así también persiguieron a los profetas (Mt 5,11s;  Mt 10,16ss).

*No tienen necesidad de irse, denles ustedes de comer (Mt 14,16).

*¿Por qué miras con malos ojos que yo sea bueno? (Mt 20,15).

*Fatigado… Jesús dice a la mujer samaritana: Dame de beber (Jn 4).

*Un hombre asaltado y herido es abandonado medio muerto…

Un samaritano que va de viaje lo ve y se compadece (Lc 10,30ss).

 

Los últimos serán los primeros, y los primeros serán los últimos

   Los cristianos debemos servir a los pobres y jamás despreciarlos:

*Entre ustedes no ha de ser así. El que quiere ser el primero,

que se haga servidor de los demás; como el Hijo del Hombre

que vino no para que le sirvan sino para servir (Mt 20,25-28).

*Dios ha elegido a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe

y herederos del reino que prometió a los que le aman.

Ustedes, en cambio, desprecian y humillan al pobre (Stgo 2,5s).

   En “La alegría del Evangelio” (n.187) el Papa Francisco dice:

Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser

instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres,

de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad;

esto supone que seamos dóciles y atentos

para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo.

Basta recorrer las Escrituras para descubrir cómo el Padre bueno

quiere escuchar el clamar de los pobres: “He visto la aflicción

de mi pueblo en Egipto, he escuchado su clamor ante sus opresores

y conozco sus sufrimientos. He bajado para liberarlos…” (…).

Hacer oídos sordos a ese clamor, cuando nosotros

somos los instrumentos de Dios para escuchar al pobre,

nos sitúa fuera de la voluntad del Padre y de su proyecto.  J Castillo

  

NO DESVIRTUAR LA BONDAD DE DIOS

   A lo largo de su trayectoria profética, Jesús insistió una y otra vez en comunicar su experiencia de Dios como “un misterio de bondad insondable” que rompe todos nuestros cálculos. Su mensaje es tan revolucionario que, después de veinte siglos, hay todavía cristianos que no se atreven a tomarlo en serio.

   Para contagiar a todos su experiencia de ese Dios Bueno, Jesús compara su actuación a la conducta sorprendente del señor de una viña. Hasta cinco veces sale él mismo en persona a contratar jornaleros para su viña. No parece preocuparle mucho su rendimiento en el trabajo. Lo que quiere es que ningún jornalero se quede un día más sin trabajo.

   Por eso mismo, al final de la jornada, no les paga ajustándose al trabajo realizado por cada grupo. Aunque su trabajo ha sido muy desigual, a todos les da “un denario”: sencillamente, lo que necesitaba cada día una familia campesina de Galilea para poder vivir.

   Cuando el portavoz del primer grupo protesta porque ha tratado a los últimos igual que a ellos, que han trabajado más que nadie, el señor de la viña le responde con estas palabras admirables: ¿Vas a tener envidia porque yo soy bueno? ¿Me vas a impedir con tus cálculos mezquinos ser bueno con quienes necesitan su pan para cenar?

   ¿Qué está sugiriendo Jesús? ¿Es que Dios no actúa con los criterios de justicia e igualdad que nosotros manejamos? ¿Será verdad que Dios, más que estar midiendo los méritos de las personas como lo haríamos nosotros, busca siempre responder desde su Bondad insondable a nuestra necesidad radical de salvación?

   Confieso que siento una pena inmensa cuando me encuentro con personas buenas que se imaginan a Dios dedicado a anotar cuidadosamente los pecados y los méritos de los humanos, para retribuir un día exactamente a cada uno según su merecido. ¿Es posible imaginar un ser más inhumano que alguien entregado a esto desde toda la eternidad?

   Creer en un Dios, Amigo incondicional, puede ser la experiencia más liberadora que se pueda imaginar, la fuerza más vigorosa para vivir y para morir. Por el contrario, vivir ante un Dios justiciero y amenazador puede convertirse en la neurosis más peligrosa y destructora de la persona.

   Hemos de aprender a no confundir a Dios con nuestros esquemas estrechos y mezquinos. No hemos de desvirtuar su Bondad insondable mezclando los rasgos auténticos que provienen de Jesús con trazos de un Dios justiciero tomados del Antiguo Testamento. Ante el Dios.


Bueno revelado en Jesús, lo único que cabe es la confianza.


José Antonio Pagola (2014)

 

 

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