Viernes, 22 de Enero del 2021
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29┬║ Domingo, Tiempo Ordinario, ciclo A: 18 de octubre del 2020
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IMPUESTOS AL IMPERIO Y AL TEMPLO

   Discípulos de fariseos y herodianos elogian con malicia a Jesús:

-Es el Maestro que dice la verdad. -Enseña el camino de Dios.

-No se deja influenciar por nadie. -No se fija en las apariencias.

   Así es. Jesús vive al servicio del Reino de Dios y su justicia,

y quiere que las mujeres y los hombres tengan vida digna y plena.


 

Maestro, ¿es lícito pagar impuestos?

   Esta vez, para acusar a Jesús, se han unido dos grupos enemigos:

-los fariseos (fanáticos religiosos que se consideran nacionalistas), y

-los herodianos (siervos del imperio romano y traidores a su pueblo).

Se asemejan a nuestros politiqueros que se picotean pero se necesitan.

   Con la intención de acusarlo, se acercan a Jesús y le preguntan:

Maestro, ¿es lícito pagar impuestos al César, o no?

Si Jesús dice “no”, puede ser acusado como subversivo (Lc 23,2).

Y si responde “sí”, está en contra de su pueblo y del señorío de Dios.

   Sin embargo, Jesús los desenmascara llamándoles: ¡Hipócritas!,

pues llevan en la bolsa la moneda del imperio romano, donde se lee:

Tiberio César, Augusto, hijo del divino Augusto. Pontífice Máximo.

Es dinero divinizado, como el becerro de oro, que busca víctimas

entre los pobres de Galilea, obligados a pagar impuestos: -a Roma,

-al templo de Jerusalén, convertido en cueva de ladrones (Mt 21,13),

y -a los sumos sacerdotes, quienes viven en barrios residenciales.

   Mientras ciertos creyentes hipócritas piensan que todo es dinero,

Jesús de Nazaret nos pide optar por los abandonados y marginados.

porque No se puede servir a Dios y al dinero (Mt 6,24). Sin embargo,

Hay autoridades y empresarios que, por servir al dinero, asesinan

a muchas personas, en su mayoría inocentes. Por eso, preguntamos:

¿Quiénes apoyan a esas autoridades para imponer el neocolonialismo?

¿Quiénes financian a los ejércitos de los países pobres?

¿Quiénes entrenan a los oficiales para encarcelar, torturar, asesinar?

¿Quiénes dan la orden y, después, amnistían a los criminales?


Dar a Dios lo que es de Dios

   Aquellos hipócritas preguntan pagar… y Jesús responde devolver:

Lo del César devuélvanselo al César, y den a Dios lo que es de Dios.

   Con el paso de los siglos, muchas personas e instituciones

han dado -a la respuesta de Jesús- diversas interpretaciones,

levantando un muro de separación entre: lo político y lo religioso.

De esta manera, el cristianismo quedaría encerrado en la sacristía,

sin voz ni voto para defender al hambriento, desnudo, enfermo

   La respuesta del Maestro Jesús, va a la raíz del problema:

el emperador no es Dios, porque Dios es vida, amor, justicia, paz…

y solo a Él le pertenece la tierra y todos sus habitantes (Sal 24,1).

   Los que tienen algún cargo en la Iglesia, deben servir a todos,

y jamás dominar ni someter a los indefensos, porque

en el trato que dan a las personas, honran a Dios o le ofenden.

Devolver al César su moneda significa -hoy- denunciar a quienes

se aprovechan del poder para enriquecerse, explotando a los pobres.

   Al respecto meditemos en este texto del Deuteronomio (30,15-20):

Pongo delante de ti: la vida y la felicidad, la muerte y la desdicha…

Hoy tomo como testigos contra ustedes al cielo y a la tierra;

te pongo delante bendición y maldición.

Elige la vida, y vivirás tú y tu descendencia, amando al Señor tu Dios,

escuchando su voz, uniéndote a Él, porque de eso depende tu vida.

   Sobre este tema, los Santos Padres han hablado con mucha claridad:

*¿Es que se va a llamar ladrón a quien desnuda al que está vestido

y habrá que darle otro nombre al que no viste al desnudo…?

-Del hambriento es el pan que tú tienes.

-Del desnudo es el abrigo que tienes guardado en el armario.

-Del descalzo es el zapato que se está pudriendo en tu poder.

-Del necesitado es el dinero que tienes enterrado (Basilio, 330-379).

*Tratándose del entierro de un rico, Juan Crisóstomo (349-407)

escribe: Los que contemplan su palacio no dejarán de decir:

-Con cuántas lágrimas se ha edificado esta mansión.

-Cuántos huérfanos se han quedado desnudos.

-Cuántas viudas han sufrido el abandono.

-Cuántos obreros han sido privados de su salario.

   ¿De qué sirve gastar en ciertas fiestas religiosas… si no acogemos

a los marginados que son imágenes de Dios (Gen 1,26s)?  J. Castillo

 

LOS POBRES SON DE DIOS

   A espaldas de Jesús, los fariseos llegan a un acuerdo para prepararle una trampa decisiva. No vienen ellos mismos a encontrarse con Él. Les envían a unos discípulos acompañados por unos partidarios de Herodes Antipas. Tal vez, no faltan entre estos algunos poderosos recaudadores de los tributos para Roma.

   La trampa está bien pensada: ¿Es lícito pagar impuestos al César o no?. Si responde negativamente, le podrán acusar de rebelión contra Roma. Si legitima el pago de tributos, quedará desprestigiado ante aquellos pobres campesinos que viven oprimidos por los impuestos, y a los que Él ama y defiende con todas sus fuerzas.

   La respuesta de Jesús ha sido resumida de manera lapidaria a lo largo de los siglos en estos términos: Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Pocas palabras de Jesús habrán sido citadas tanto como éstas. Y ninguna, tal vez, más distorsionada y manipulada desde intereses muy ajenos al Profeta, defensor de los pobres.

   Jesús no está pensando en Dios y en el César de Roma como dos poderes que pueden exigir cada uno de ellos, en su propio campo, sus derechos a sus súbditos. Como todo judío fiel, Jesús sabe que a Dios le pertenece la tierra y todo lo que contiene, el orbe y todos sus habitantes (salmo 24). ¿Qué puede ser del César que no sea de Dios? Acaso los súbditos del emperador, ¿no son hijos e hijas de Dios?

   Jesús no se detiene en las diferentes posiciones que enfrentan en aquella sociedad a herodianos, saduceos o fariseos sobre los tributos a Roma y su significado: si llevan “la moneda del impuesto” en sus bolsas, que cumplan sus obligaciones. Pero Él no vive al servicio del Imperio de Roma, sino abriendo caminos al Reino de Dios y su justicia.

   Por eso, les recuerda algo que nadie le ha preguntado: Dad a Dios lo que es de Dios. Es decir, no deis a ningún César lo que solo es de Dios: la vida de sus hijos e hijas. Como ha repetido tantas veces a sus seguidores, los pobres son de Dios, los pequeños son sus predilectos, el Reino de Dios les pertenece. Nadie ha de abusar de ellos.

   No se ha de sacrificar la vida, la dignidad o la felicidad de las personas a ningún poder. Y, sin duda, ningún poder sacrifica hoy más vidas y causa más sufrimiento, hambre y destrucción que esa dictadura de una economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano que, según el papa Francisco, han logrado imponer los poderosos de la Tierra. No podemos permanecer pasivos e indiferentes acallando la voz de nuestra conciencia en la práctica religiosa.

José Antonio Pagola (2014)

 

 

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