Sábado, 23 de Enero del 2021
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TODOS LOS SANTOS
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Las Bienaventuranzas

*Felices los que tienen espíritu de pobre… los que viven con

lo necesario para ayudar a los hombres y mujeres que sufren, porque

servir a los pobres es servir a Jesús… de ellos es el Reino de Dios.

*Felices los que lloran... los que descubren la fuerza salvadora

del dolor, para crear un mundo fraterno, una sociedad humana,

una comunidad donde reine Dios… ellos recibirán consuelo.

*Felices los humildes… los que oyen el gemido de la madre tierra,

y el llanto de los niños abandonados de padres vivos; y luchan, pues

otro mundo es posible… ellos recibirán la tierra en herencia.

*Felices los que tienen hambre y sed de justicia… los que oyen

las enseñanzas de Jesús, quien sigue llamándonos a la santidad,

a la justicia integral, a la perfección cristiana… ellos serán saciados.

*Felices los misericordiosos… los que tienen un corazón bueno 

y compasivo, para eliminar la miseria dolorosa que padecen

los hermanos y hermanas de Jesús… ellos obtendrán misericordia.

*Felices los limpios de corazón… que han renunciado a la riqueza,

porque no se puede servir a Dios y al dineroellos verán a Dios.

*Felices los que trabajan por la paz… donde hay corrupción

ponen verdad, donde hay violencia ponen vida, donde hay opresión

ponen justicia… ellos serán reconocidos como hijos de Dios.

*Felices los que sufren persecución por causa de la justicia

por seguir fielmente a Jesús de Nazaret, y -como Él- hacer el bien,

dar de comer, sanar a los enfermos… de ellos es el Reino de Dios.

 

El juicio de las naciones

   Jesús no juzga ni condena, solo separa a los buenos de los malos.

Cada uno se salva o se condena por lo que hizo o ha dejado de hacer

-durante su vida terrenal- por los hermanos de Jesús (Mt 25,31-46).

*Tengo hambre. Había un hombre rico, que se vestía con ropa fina,

y todos los días ofrecía espléndidos banquetes.

Había también un pobre llamado Lázaro, cubierto de llagas,

y se sentaba en el suelo a la puerta de la casa del rico.

Ansiaba saciar su hambre con lo que caía de la mesa del rico.

(Lc 16,19-31). Señor, ¿cuándo te vimos hambriento?

*Tengo sed. Cualquiera que les dé a ustedes aunque solo sea

un vaso de agua por ser ustedes de Cristo, les aseguro que tendrá

su recompensa (Mc 9,41). Señor, ¿cuándo te vimos sediento?

*Soy forastero. José se levanta, toma al niño y a su madre, y sale

con ellos de noche hacia Egipto; donde permanecen hasta que murió

Herodes (Mt 2,13-15). Señor, ¿cuándo te vimos emigrante?

*Estoy desnudo. Hermanos, ¿de qué le sirve a uno decir que tiene fe,

si no tiene obras? ¿Acaso le puede salvar la fe? Si un hermano

o hermana están desnudos y no tienen nada para comer,

y uno de ustedes les dice: Que les vaya bien, abríguense y coman

todo lo que quieran; sin darles lo que necesitan, ¿de qué sirve?

La fe sin obras está completamente muerta (Stgo 2,14-17).

Señor, ¿cuándo te vimos desnudo?

*Estoy enfermo. Un hombre que va de Jerusalén a Jericó es asaltado

por unos bandidos, le desnudan, le golpean y se van dejándolo

medio muerto. Por casualidad, un sacerdote va por el mismo camino

al verlo, da un rodeo y sigue adelante. Lo mismo hace un levita,

llega a ese lugar, lo ve, da un rodeo y se va de largo (Lc 10,25-37).

Señor, ¿cuándo te vimos enfermo?

*Estoy encarcelado. Herodes ha mandado arrestar a Juan

y le ha encarcelado, por instigación de Herodías,

esposa de su hermano Felipe, con la que se ha casado.

Juan dice a Herodes: No debes tener como mujer a la esposa

de tu hermano. Por eso, Herodías odia a Juan y quiere matarlo.

(Mc 6,17-18). Señor, ¿cuándo te vimos encarcelado?   

 

Bienaventuranzas en el libro del Apocalipsis

*Felices los que leen y escuchan este mensaje profético… (1,3).

*Felices, desde ahora, los que mueren fieles al Señor… (14,13).

*Felices los que están vigilantes con el vestido puesto… (16,15).

*Felices los invitados al banquete de bodas del Cordero… (19,9).

*Felices los que participan en la primera resurrección… (20,6).

*Felices los que practican estas palabras proféticas… (22,7).

*Felices los que lavan sus ropas para participar de la Vida…(22,14).

Ellos lavan sus ropas en la sangre del Cordero (7,14).    J. Castillo A

 

ESCUCHAR DE CERCA LAS BIENAVENTURANZAS

   Cuando Jesús sube a la montaña y se sienta para anunciar

las bienaventuranzas, hay un gentío en aquel entorno, pero solo

“los discípulos se acercan” a Él para escuchar su mensaje.

¿Qué escuchamos hoy los discípulos de Jesús si nos acercamos a Él?

Dichosos “los pobres de espíritu”, los que saben vivir con poco,

confiando siempre en Dios. Dichosa una Iglesia con alma de pobre,

porque tendrá menos problemas, estará más atenta a los necesitados y

vivirá el Evangelio con más libertad. De ella es el Reino de los cielos.

Dichosos “los sufridos”, los que viven con corazón benévolo y

clemente. Dichosa una Iglesia llena de mansedumbre. Será un regalo

para este mundo lleno de violencia. Ella heredará la tierra prometida.

Dichosos “los que lloran” porque padecen injustamente

sufrimientos y marginación. Con ellos se puede crear un mundo mejor

y más digno. Dichosa la Iglesia que sufre por ser fiel a Jesús.

Un día será consolada por Dios.

Dichosos “los que tienen hambre y sed de justicia”, los que no han

perdido el deseo de ser más justos ni el afán de hacer un mundo más

digno. Dichosa la Iglesia que busca con pasión el Reino de Dios

y su justicia. En ella alentará lo mejor del espíritu humano.

Un día su anhelo será saciado.

Dichosos “los misericordiosos” que actúan, trabajan y viven

movidos por la compasión. Son los que, en la tierra,

más se parecen al Padre del cielo. Dichosa la Iglesia a la que Dios

le arranca el corazón de piedra y le da un corazón de carne.

Ella alcanzará misericordia.

Dichosos “los que trabajan por la paz” con paciencia y fe,

buscando el bien para todos. Dichosa la Iglesia que introduce

en el mundo paz y no discordia, reconciliación y no enfrentamiento.

Ella será “hija de Dios”.

Dichosos los que, “perseguidos a causa de la justicia”, responden

con mansedumbre a las injusticias y ofensas. Ellos nos ayudan

a vencer el mal con el bien. Dichosa la Iglesia perseguida por seguir

a Jesús. De ella es el Reino de los cielos.

José Antonio Pagola (2008).

 

 

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