Sábado, 23 de Enero del 2021
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32┬║ Domingo, Tiempo Ordinario, ciclo A: 8 de noviembre 2020
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*Quienes buscan sabiduría, fácilmente la encuentran  (Sab 6,12-16)

*Dios llevará con Jesús, a los que murieron con Él (1Tes 4,13-18)

*Estén preparados, porque no saben el día ni la hora (Mt 25,1-13)


 

VIVIR PREPARADOS

   Al comparar el Reino de Dios con la celebración de una boda,

Jesús nos pide estar vigilantes desde ahora… desde esta vida…

   Todos sabemos que el aceite da luz, solamente si se consume.

Por eso, la persona sabia es la que ama y consume su vida sirviendo

al prójimo, para hacer realidad una sociedad más humana y fraterna.

   En cambio, el necio vive instalado, encerrado en su egoísmo.


 

Personas necias que viven con las lámparas apagadas

   Cierto día, el filósofo griego Diógenes de Sínope (412-323 a.C.),

recorre las calles de Atenas llevando una lámpara encendida.

Mientras camina, tiene la esperanza de hallar personas honestas,

lamentablemente, solo encuentra personas necias y corruptas.

   Hay personas que se aprovechan del texto evangélico de hoy,

para meter miedo -por ejemplo- a quienes participan en la Eucaristía,

diciéndoles: “Ustedes no saben ni el día ni la hora de la muerte”.

Tengamos presente que no es la muerte la que da sentido a nuestra vida,

todo lo contrario, aprendiendo a vivir se aprende también a morir.

   Hoy, cuánta falta nos hace reflexionar en los siguientes textos:

*¡Ay de ustedes que envenenan la justicia y pisotean el derecho (…).

Odian al que juzga rectamente y aborrecen al que dice la verdad!

Por haber oprimido al pobre, exigiéndole tributo de su cosecha,

si construyen casas lujosas con piedras talladas, no las habitarán;

y si plantan viñas selectas, no beberán de su vino (Amós, 5,7. 10s).

*Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá su sabor?

Ya no sirve. La arrojarán a la basura y la gente la pisará (Mt 5,13).

*Quien escucha mis enseñanzas y no las pone en práctica,

se parece a una persona tonta que construye su casa sobre arena.

Cayó la lluvia, crecieron los ríos, soplaron los vientos,

y la casa se derrumbó, ocasionando una ruina terrible (Mt 7,26s).

*La luz vino al mundo, y los hombres prefieren las tinieblas a la luz,

pues sus acciones son malas. Quien obra el mal odia la luz (Jn 3,19s).


 

Personas sabias que viven con las lámparas encendidas

   Mientras un pobre ciego camina de noche, su amigo lo reconoce,

se acerca, y le dice: ¿Qué haces Guno? Tú eres ciego y no ves,

sin embargo, caminas llevando una lámpara encendida.

El ciego le responde: Conozco de memoria las calles de este pueblo,

si llevo esta lámpara encendida, no es para ver el camino, soy ciego;

sino para que otros encuentren su camino cuando me ven a mí.

¡Felices las personas sencillas que dan y comparten desde su pobreza!

   Ya lo dijimos, la lámpara alumbra, solo si el aceite se consume.

Esto quiere decir que la capacidad de ver, oír y practicar… es personal,

no se puede transferir, ni considerar como propio lo que hacen otros.

No es egoísmo que las prudentes no comparten su aceite con las necias.

Por eso, quien oye las enseñanzas de Jesús y las pone en práctica,

puede alumbrar a los demás, para que den sentido a sus vidas.

Esto es factible, solamente, si somos la luz del mundo (Mt 5,14),

   Durante la celebración del bautismo de niños, el celebrante dice:

A ustedes, padres y padrinos, se les confía acrecentar esta luz.

Que sus hijos, iluminados por Cristo, caminen como hijos de la luz

y, perseverando en la fe, puedan salir al encuentro del Señor.

Después, aquellos niños bautizados, ¿caminarán como hijos de la luz?

   Examinemos nuestra vida, meditando en las enseñanzas de Jesús:

*No  se enciende una lámpara para meterla en un cajón,

sino que se la pone en el candelero para que alumbre a todos.

Así debe brillar la luz de ustedes ante los demás, para que

viendo sus buenas obras, glorifiquen al Padre del cielo (Mt 5,15s).

*Quien escucha mis enseñanzas y las pone en práctica,

se parece a una persona sabia que construye su casa sobre roca.

Vino la lluvia, crecieron los ríos, soplaron los vientos contra la casa,

pero no se derrumbó, porque tenía su base sobre roca (Mt 7,24s).

*La piedra despreciada es ahora la piedra principal (Mt 21,42).

   El aceite es imagen del amor y buenas obras. Oigamos a San Pablo:

El amor: Es paciente y servicial, no es envidioso ni busca aparentar.

No es orgulloso ni actúa con bajeza, no busca su interés ni se irrita.

Olvida las ofensas y las perdona.

Nunca se alegra de la injusticia, y siempre se alegra de la verdad.

Todo lo aguanta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta (…).

Ahora tenemos tres cosas permanentes: la fe, la esperanza y el amor;

pero la más importante de las tres es el amor (1Cor 13). J. Castillo A

 

ENCENDER UNA FE GASTADA

   La primera generación cristiana vivió convencida de que Jesús, el Señor resucitado, volvería muy pronto lleno de vida. No fue así. Poco a poco, los seguidores de Jesús se tuvieron que preparar para una larga espera.

   No es difícil imaginar las preguntas que se despertaron entre ellos. ¿Cómo mantener vivo el espíritu de los comienzos? ¿Cómo vivir despiertos mientras llega el Señor? ¿Cómo alimentar la fe sin dejar que se apague? Un relato de Jesús sobre lo sucedido en una boda les ayudaba a pensar la respuesta.

   Diez jóvenes, amigas de la novia, encienden sus antorchas y se preparan para recibir al esposo. Cuando, al caer el sol, llegue a tomar consigo a la esposa, los acompañarán a ambos en el cortejo que los llevará hasta la casa del esposo donde se celebrará el banquete nupcial.

   Hay un detalle que el narrador quiere destacar desde el comienzo. Entre las jóvenes hay cinco “sensatas” y previsoras que toman consigo aceite para impregnar sus antorchas a medida que se vaya consumiendo la llama. Las otras cinco son unas “necias” y descuidadas que se olvidan de tomar aceite con el riesgo de que se les apaguen las antorchas.

   Pronto descubrirán su error. El esposo se retrasa y no llega hasta medianoche. Cuando se oye la llamada a recibirlo, las sensatas alimentan con su aceite la llama de sus antorchas y acompañan al esposo hasta entrar con él en la fiesta. Las necias no saben sino lamentarse: Que se nos apagan las antorchas. Ocupadas en adquirir aceite, llegan al banquete cuando la puerta está cerrada. Demasiado tarde.

   Muchos comentaristas tratan de buscar un significado secreto al símbolo del “aceite”. ¿Está Jesús hablando del fervor espiritual, del amor, de la gracia bautismal…? Tal vez es más sencillo recordar su gran deseo: Yo he venido a traer fuego a la tierra, y ¿qué he de querer sino que se encienda? ¿Hay algo que pueda encender más nuestra fe que el contacto vivo con Él?

   ¿No es una insensatez pretender conservar una fe gastada sin reavivarla con el fuego de Jesús? ¿No es una contradicción creernos cristianos sin conocer su proyecto ni sentirnos atraídos por su estilo de vida?

   Necesitamos urgentemente una calidad nueva en nuestra relación con Él. Cuidar todo lo que nos ayude a centrar nuestra vida en su persona. No gastar energías en lo que nos distrae o desvía de su Evangelio. Encender cada domingo nuestra fe rumiando sus palabras y comulgando vitalmente con Él. Nadie puede transformar nuestras comunidades como Jesús.                         

José Antonio Pagola (2011)

 

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