Miércoles, 28 de Febrero del 2024
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1º Domingo de Adviento, ciclo B: 29 de noviembre del 2020
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ESTÉN  VIGILANTES

   Antes de morir crucificado, Jesús quiere dejar la casa organizada.

Por eso, dirigiéndose a sus discípulos -su nueva familia- (Mc 3,31ss),

les narra una breve y significativa parábola: El dueño, antes de viajar,

da a cada uno de sus servidores una tarea. Y les pide estar vigilantes,

despiertos, atentos… mirando y caminando siempre hacia adelante.

 

El dueño de casa da a cada uno su tarea

   En aquella época, entre los seguidores y seguidoras de Jesús están:

Varios pescadores de Galilea (Mc 1,16ss).

Un cobrador de impuestos para el imperio romano (Mc 2,13ss).

Judas Iscariote, uno de los Doce, que le traiciona (Mc 3,13ss).

El ciego de Jericó que recupera la capacidad de ver (Mc 10,46ss).

Varias mujeres que le acompañan hasta el Calvario (Mc 15,40ss).

   De esta manera, Jesús forma una nueva familia,

no para que realicen -en el templo- ceremonias religiosas rutinarias,

sino para que hagan la voluntad del Padre celestial (Mc 3,35)…

anuncien su Reino… y sanen a los enfermos… (Mc 6,12s).

   Anunciar el Reino y sanar enfermos, no fue fácil para Jesús.

Por ejemplo, después que sana a un hombre, en un día sábado,

los fariseos y herodianos buscan matar a Jesús (Mc 3,1ss).

También, cuando Jesús vuelve a Nazaret y enseña en la sinagoga,

sus paisanos y parientes no creen en Él, sorprendidos preguntan:

¿No es éste el carpintero, el hijo de María?... (Mc 6,1ss).

   Desde su experiencia, el Maestro de Galilea nos sigue diciendo:

*Si alguien quiere seguirme, niéguese a sí mismo,

cargue con su cruz y sígame. El que quiere salvar su vida la perderá,

y el que la pierde por mí y por el Evangelio, la salvará (Mc 8,34ss).  

*Les entregarán a los tribunales, les azotarán en las sinagogas.

Por mi causa, ustedes serán llevados ante los gobernadores y reyes,

así podrán dar testimonio de mí delante de ellos. Pero antes,

se anunciará el Evangelio a todas las naciones (Mc 13,9ss).

 

Lo que les digo a ustedes se lo digo a todos: Vigilen

   Adviento -que significa “venida”- es algo más que cuatro semanas.

Debe ser un tiempo permanente de vigilancia y espera, porque

Jesús “viene” constantemente en sus hermanos pobres y excluidos.

   Pues, ¿cómo se explica que teniendo tantos recursos naturales,

millones de peruanos -hermanos nuestros- vivan en la miseria?

¿No será que muchos de nosotros, en vez de vigilar, preferimos dormir?

Entre tanto, la industrialización salvaje y descontrolada, contamina

el ambiente (DA 473), con el apoyo de varias instituciones:

*Del poder ejecutivo, legislativo y judicial; cuyos representantes

-muchas veces- son incapaces de ver el rostro sufriente de los pobres.

*De los medios de comunicación, controlados por el gran capital,

que busca ganar a costa del consumo esclavizador de cosas inútiles.

*De la educación que -con frecuencia- no enseña a pensar ni a hacer,

para perfeccionar: la producción, la salud y la política (=bien común).

   Por eso, vigilar es servir a los hermanos y hermanas de Jesús,

que -actualmente- están sin trabajo y enfermos de coronavirus.

Ante estos problemas que causan tanta muerte, no basta “hablar” de:

-Opción preferencial por los pobres, no exclusiva ni excluyente.

-La Iglesia siente el impulso del Espíritu a ser pobre entre los pobres.

-La Iglesia es abogada de la justicia y de los pobres.

-Escuchar el clamor de la tierra y el clamor de los pobres… etc.

Para ser creíbles, es importante practicar éstas y otras enseñanzas.

   Vigilar es purificar nuestros templos del escándalo de los precios:

bautismo, tanto; misa, tanto… lo dice el Papa (21 nov. 2014).

Que nuestra Eucaristía -insiste el Papa Francisco (8 nov. 2017)-

no sea un espectáculo… donde se ve tantos celulares elevados.

   Vigilar es permanecer despiertos para anunciar el Reino de Dios,

no solo con palabras… sino con el testimonio de nuestras obras…

haciendo buen uso de nuestros ojos, oídos, labios, manos y pies:

*Ojos para ver el sufrimiento que hay cerca y lejos de nosotros.

*Oídos para escuchar el lamento de las personas despreciadas.

*Labios para anunciar el Reino de Dios y su justicia.

*Manos para partir, compartir y repartir el pan de cada día.

*Pies para caminar por ciudades y pueblos, dando vida  plena.

   Nuestras comunidades cristianas necesitan un corazón nuevo.

Solo así recuperaremos el rostro vivo de Jesús que nos transforme,

para estar despiertos y vigilantes… y para ser creativos. J. Castillo A

  

LA CASA DE JESÚS

   Jesús está en Jerusalén, sentado en el monte de Los Olivos, mirando hacia el Templo y conversando, confidencialmente, con cuatro discípulos: Pedro, Santiago, Juan y Andrés. Los ve preocupados por saber cuándo llegará el final de los tiempos. A Él, por el contrario, le preocupa cómo vivirán sus seguidores cuando ya no le tengan entre ellos.

   Por eso, una vez más les descubre su inquietud: Mirad, vivid despiertos. Después, dejando de lado el lenguaje terrorífico de los visionarios apocalípticos, les cuenta una pequeña parábola que ha pasado casi desapercibida entre los cristianos.

   Un señor se fue de viaje y dejó su casa. Pero, antes de ausentarse, confió a cada uno de sus criados su tarea. Al despedirse, solo les insistió en una cosa: Vigilad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa. Que cuando venga, no os encuentre dormidos.

   El relato sugiere que los seguidores de Jesús formarán una familia. La Iglesia será “la casa de Jesús” que sustituirá a “la casa de Israel”. En ella todos son  servidores. No hay señores. Todos vivirán esperando al único Señor de la casa: Jesús el Cristo. No lo olvidarán jamás.

   En la casa de Jesús nadie ha de permanecer pasivo. Nadie se ha de sentir excluido, sin responsabilidad alguna. Todos son necesarios. Todos tienen alguna misión confiada por Él. Todos están llamados a contribuir a la gran tarea de vivir como Jesús al que han conocido siempre dedicado al servicio del Reino de Dios.

   Los años irán pasando. ¿Se mantendrá vivo el espíritu de Jesús entre los suyos? ¿Seguirán recordando su estilo servicial a los más necesitados y desvalidos? ¿Le seguirán por el camino abierto por Él? Su gran preocupación es que su Iglesia se duerma. Por eso, les insiste hasta tres veces: vivid despiertos. No es una recomendación a los cuatro discípulos que lo están escuchando, sino un mandato a los creyentes de todos los tiempos: Lo que os digo a vosotros, os lo digo a todos: velad.

   El rasgo más generalizado de los cristianos que no han abandonado la Iglesia es, seguramente, la pasividad. Durante siglos hemos educado a los fieles para la sumisión y la obediencia. En la casa de Jesús solo una minoría se siente hoy con alguna responsabilidad eclesial.

   Ha llegado el momento de reaccionar. No podemos seguir aumentando aún más la distancia entre “los que mandan” y “los que obedecen”. Es pecado promover el desafecto, la mutua exclusión o la pasividad. Jesús nos quería ver a todos despiertos, activos, colaborando con lucidez y responsabilidad.  

                                  


José Antonio Pagola (2011)

 

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