Miércoles, 28 de Febrero del 2024
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Nacimiento de Jesús, 25 de diciembre - Misa del día
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*Qué hermosos los pies que anuncian la Buena Noticia (Is 52,7-10)

*En estos días, el Padre nos habla por medio de su Hijo (Heb 1,1-6)

*El Hijo de Dios se hace hombre y vive entre nosotros (Jn 1,1-18)

 

LA VENIDA DEL HIJO DE DIOS

   El proyecto de Dios Padre, de salvar al ser humano, se hace realidad

cuando su Hijo se encarna en María, y nace en un establo de animales.

   Jesús por identificarse con los pobres -llamándoles felices-

sufre el rechazo de unos… pero también la acogida de otros…

   Gracias a Jesús de Nazaret, conocemos el rostro de Dios Padre

com-pasivo (=padece con) y miseri-cordioso (=corazón en la miseria).

 

El Hijo de Dios se encarna y vive entre nosotros

  Dios Padre no se comunica en las doctrinas y fórmulas teológicas.

Tampoco en las predicaciones de los dirigentes religiosos.

Todos ellos escriben y hablan de Dios con tanta seguridad,

que da la impresión de que le han visto.

   Además, muchos de nosotros -desde niños- al escuchar

a los catequistas, a los profesores de religión, a los predicadores,

a nuestros familiares… tenemos diversos conceptos sobre Dios,

que desfiguran de manera grave el misterio santo. Porque,

todas esas ideas son imperfectas y debemos purificarlas, pues a Dios

nadie le ha visto, como leemos hoy en el texto de Juan.

Hoy, hace falta: -que los cristianos sigamos el ejemplo de Jesús,

-que la compasión ocupe un lugar central en nosotros, y

-que los últimos sean los primeros en nuestras comunidades.

   Por eso, no olvidemos que Dios se hace presente en este mundo,

encarnándose en la persona de su Hijo amado. Desde entonces,

Jesús -con sus enseñanzas y su entrega hasta morir y resucitar-

nos descubre el corazón del Padre y su rostro bondadoso.

   Tampoco basta repetir: Creo en Jesucristo, su único Hijo,

nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia

del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen.

Lo más importante es conocer a Jesús. Para ello, es necesario meditar

los textos evangélicos… aceptar su proyecto del Reino… dejarnos

conducir por su Espíritu… y seguirle todos los días de nuestra vida.

 

Jesús viene a su casa y los suyos no le acogen

   Después que Jesús forma el grupo de los doce apóstoles,

vuelve a casa. Allí se reúne tanta gente, que ni siquiera podía comer.

Sus familiares, al enterarse de todo lo anterior, van para llevárselo,

pues dicen que se ha vuelto loco (Mc 3,21).

   En otra ocasión, Jesús dice: Vino el Bautista que no come ni bebe,

y dicen está endemoniado. Viene el Hijo del hombre que come y bebe,

y dicen es glotón y bebedor, amigo de gente de mala fama (Mt 11,18s).

   Estando en Nazaret, Jesús va la sinagoga y lee un texto de Isaías.

Al terminar dice: Hoy se cumple la Escritura que acaban de escuchar.

Sin embargo, sus paisanos preguntan: ¿No es éste el hijo de José?...

Luego, indignados lo llevan a lo alto del pueblo, para arrojarlo.

Pero Jesús pasa en medio de ellos y sigue su camino (Lc 4,16-30).

   Sin embargo -como leemos en el texto de Juan- a quienes le reciben

y creen en Jesús, el Padre les concede la gracia de ser sus hijos (Jn 1,12).

   Años más tarde, san Pablo nos pide imitar a Jesús que se humilla,

y se hace obediente hasta morir crucificado (Flp 2,6-7).

 

Juan Bautista da testimonio de Jesús que es la Luz

   Estando en el desierto, Juan declara: Detrás de mí viene uno

con más autoridad que yo. Me sentiría muy honrado si me permite

arrodillarme para desatar la correa de sus sandalias. Yo les bautizo

con agua, pero Él les bautizará con Espíritu Santo (Mc 1,7s).

   Mucha gente de Jerusalén, de Judea y de la región del Jordán,

acuden a Juan Bautista para confesar sus pecados y hacerse bautizar.

Juan les anuncia que detrás de él viene uno que les bautizará

con Espíritu Santo y fuego; Él tiene en sus manos el rastrillo para

limpiar el trigo y guardarlo en sus bodegas, pero la paja la quemará

en un fuego que no se apaga (Mt 3,11s).

   De Juan -que recorre la región del río Jordán- el profeta Isaías dice:

Una voz grita en el desierto: Preparen el camino al Señor,

enderecen sus senderos. Rellenen todas las quebradas y aplanen

todos los cerros…Y todo mortal verá la salvación de Dios (Lc 3,3ss).

   Al final de su vida, el Bautista da este testimonio impresionante

acerca de Jesús: Una persona recibe algo, solo si Dios se lo da.

Ustedes mismos saben muy bien lo que les dije: Yo no soy el Cristo,

sino el enviado que le va anunciando... Ahora mi alegría es perfecta:

Es necesario que Él crezca y yo disminuya (Jn 3,27-30).    J. Castillo

 

EL ROSTRO HUMANO DE DIOS

El cuarto evangelio comienza con un prólogo muy especial. Es una especie de himno que, desde los primeros siglos, ayudó decisivamente a los cristianos a ahondar en el misterio encerrado en Jesús. Si lo escuchamos con fe sencilla, también hoy nos puede ayudar a creer en Jesús de manera más profunda. Sólo nos detenemos en algunas afirmaciones centrales.

 La Palabra de Dios se ha hecho carne. Dios no es mudo. No ha permanecido callado, encerrado para siempre en su Misterio. Dios se nos ha querido comunicar. Ha querido hablarnos, decirnos su amor, explicarnos su proyecto. Jesús es sencillamente el Proyecto de Dios hecho carne.

Dios no se nos ha comunicado por medio de conceptos y doctrinas sublimes que solo pueden entender los doctos. Su Palabra se ha encarnado en la vida entrañable de Jesús, para que lo puedan entender hasta los más sencillos, los que saben conmoverse ante la bondad, el amor y la verdad que se encierra en su vida.

Esta Palabra de Dios “ha acampado entre nosotros”. Han desaparecido las distancias. Dios se ha hecho “carne”. Habita entre nosotros. Para encontrarnos con Él, no tenemos que salir fuera del mundo, sino acercarnos a Jesús. Para conocerlo, no hay que estudiar teología, sino sintonizar con Jesús, comulgar con él.

A Dios nadie lo ha visto jamás. Los profetas, los sacerdotes, los maestros de la ley hablaban mucho de Dios, pero ninguno había visto su rostro. Lo mismo sucede hoy entre nosotros: en la Iglesia hablamos mucho de Dios, pero nadie lo hemos visto. Solo Jesús, el Hijo de Dios, que está en el seno del Padre es quien lo ha dado a conocer.

No lo hemos de olvidar. Solo Jesús nos ha contado cómo es Dios. Solo Él es la fuente para acercarnos a su Misterio. Cuántas ideas raquíticas y poco humanas de Dios hemos de desaprender y olvidar para dejarnos atraer y seducir por ese Dios que se nos revela en Jesús.

Cómo cambia todo cuando uno capta por fin que Jesús es el rostro humano de Dios. Todo se hace más simple y más claro. Ahora sabemos cómo nos mira Dios cuando sufrimos, cómo nos busca cuando nos perdemos, cómo nos entiende y perdona cuando lo

negamos. En Él se nos revela la gracia y la verdad de Dios.

José Antonio Pagola (2008)

 

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