Martes, 20 de Abril del 2021
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2┬║ DOMINGO, TIEMPO ORDINARIO, CICLO B: 17 DE ENERO DEL 2021
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*Habla, Señor, que tu servidor escucha (1Sam 3,3-10.19)

*El cuerpo de ustedes es templo del Espíritu Santo (1Cor 6,13-20)

*Ven dónde vive Jesús y, desde ese día, se quedan con Él (Jn 1,35-42)

 

SEGUIR A JESÚS POBRE

   Juan Bautista está con dos de sus discípulos formados por él

y, al ver pasar a Jesús, les dice: Este es el Cordero de Dios.

Al escuchar estas palabras, algo se despierta en el corazón de ellos,

dejan al profeta Juan y, de inmediato, siguen los pasos de Jesús.

   Después, Jesús les pregunta: ¿Qué buscan?, ¿por qué me siguen?,

¿qué esperan de mí?; ellos le dicen: Maestro, ¿dónde vives?

Cuando Jesús les responde: Vengan y lo verán,

ellos dejan todo, y dan inicio a una nueva experiencia.

   Seguir a Jesús para hacer una sociedad fraterna, es una misión que  

debemos anunciar a otras personas: Hemos encontrado a Jesucristo.

 

Al ver que le siguen, Jesús les pregunta: ¿Qué buscan?

¿Qué buscamos durante nuestra vida terrenal?

¿Qué buscamos cuando nos dejamos arrastrar por el consumismo?

¿Qué buscamos al ir a ciertas ceremonias… o reuniones religiosas?

¿Qué buscamos al solicitar: bautismo… misa… matrimonio?

¿Qué buscan las personas que pretenden ocupar algún cargo público?

¿Qué buscan los países ricos al invertir dinero en los países pobres?

¿Qué buscan ciertos empresarios cuando amontonan oro, plata, cobre;

a costa del clamor de la tierra y del clamor de los pobres? (LS, 49).

   Muy diferente el interés que tienen los primeros discípulos de Jesús,

ellos buscan un Maestro que puede transformar sus vidas.

   Hay “expertos” que dan conferencias usando palabras complicadas,

que solo entienden otros expertos…además, viajan por muchos países.

   La manera cómo actúa el Maestro Jesús, es muy diferente:

Sus enseñanzas están respaldadas por el testimonio de su vida,

y responden a las aspiraciones más profundas de la gente.

Su lenguaje es sencillo, al alcance de todos los que le oyen.

Ciertamente, enseña con autoridad y no como los escribas (Mt 7,29).

   Los “expertos” -de ayer y de hoy- no estarán de acuerdo con Jesús,

pero no podrán decir que no le han entendido.

 

Maestro, ¿dónde vives?

   ¿Al hacer esta pregunta, los cristianos y personas de buena voluntad,

¿seremos consecuentes cuando Jesús nos diga: Vengan y lo verán? 

Recordemos que Él nace en un establo de animales y vive pobremente:

El Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza (Mt 8,20).

   Si acepta comer en la casa de un fariseo importante es para decirle:

Cuando des un banquete invita a: los pobres, los inválidos, los cojos,

los ciegos… y tú serás feliz, pues ellos no pueden pagarte (Lc 14,13s).

   Jesús vino a este mundo para: -Dar vida en abundancia (Jn  10,10).

-Buscar primero el Reino de Dios y su justicia (Mt 6,33).

-Compartir el pan con las personas que sufren hambre (Jn 6,1-15).

-Sanar a un ciego (Jn 9), -Dar la paz y el Espíritu Santo (Jn 20,20-23).

   Nosotros, al escuchar la Buena Noticia que Jesús anuncia,

¿hacemos algo por los que sobreviven en los pueblos y ciudades,

generalmente: enfermos, sin educación, sin trabajo, sin agua potable?

   Los dos discípulos del Bautista que empiezan a seguir a Jesús,

al ver dónde vive, se quedan con Él. Ver y quedarse,

nos lleva a un cambio profundo de vida… Así lo dice el mismo Jesús:

Padre, quiero que ellos estén conmigo, donde yo voy a estar,

para que vean mi gloria, la gloria que Tú me has dado (Jn 17,24).

 

Hemos encontrado a Jesucristo

   Andrés -uno de los dos discípulos- busca a su hermano Simón,

y comparte con él la experiencia de vivir con Jesús, diciéndole:

Hemos encontrado al Mesías, al Cristo. Y se lo presenta a Jesús.

   Al día siguiente, Felipe, busca a Natanael (=Bartolomé) y le dice:

Hemos hallado a Aquel de quien escribió Moisés y los profetas,

es Jesús, el hijo de José, el de Nazaret… Después, Natanael dirá:

Maestro, tú eres el Hijo de Dios, el rey de Israel (Jn 1,45-51).

   También la samaritana corre al pueblo para decir a sus paisanos:

Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que yo hice.

¿No será éste el Cristo?... En aquel pueblo muchos creen en Jesús

por las palabras de la mujer… Los samaritanos van ver a Jesús…

y después le ruegan que se quede con ellos… (Jn 4,28-42).

   Nuestros Obispos reunidos en Aparecida (el 2007) nos dicen:

Conocer a Jesús por la fe es nuestro gozo. Seguirle es una gracia.

Transmitir este tesoro a los demás es un encargo que el Señor,

al llamarnos y elegirnos, nos ha confiado (DA, n.18 y 32). J. Castillo

 

APRENDER A VIVIR

      El evangelista Juan narra los humildes comienzos del pequeño grupo de seguidores de Jesús. Su relato comienza de manera misteriosa. Se nos dice que Jesús “pasaba”. No sabemos de dónde viene ni adónde se dirige. No se detiene junto al Bautista. Va más lejos que su mundo religioso del desierto. Por eso Juan indica a sus discípulos que se fijen en Él: “Éste es el Cordero de Dios”.

      Jesús viene de Dios, no con poder y gloria, sino como un cordero indefenso e inerme. Nunca se impondrá por la fuerza, a nadie forzará a creer en Él. Un día será sacrificado en una cruz. Los que quieran seguirle lo habrán de acoger libremente.

      Los dos discípulos que han escuchado al Bautista comienzan a seguir a Jesús sin decir palabra. Hay algo en Él que los atrae, aunque todavía no saben quién es ni hacia dónde los lleva. Sin embargo, para seguir a Jesús no basta escuchar lo que otros dicen de Él. Es necesaria una experiencia personal.

      Por eso, Jesús se vuelve y les hace una pregunta muy importante: ‘¿Qué buscáis?’. Estas son las primeras palabras de Jesús a quienes lo siguen. No se puede caminar tras sus pasos de cualquier manera. ¿Qué esperamos de Él? ¿Por qué le seguimos? ¿Qué buscamos?

      Aquellos hombres no saben adónde los puede llevar la aventura de seguir a Jesús, pero intuyen que puede enseñarles algo que aún no conocen: “Maestro, ¿dónde vives?” No buscan en Él grandes doctrinas. Quieren que les enseñe dónde vive, cómo vive, y para qué. Desean que les enseñe a vivir. Jesús les dice: “Venid y lo veréis”.

      En la Iglesia y fuera de ella, son bastantes los que viven hoy perdidos en el laberinto de la vida, sin caminos y sin orientación. Algunos comienzan a sentir con fuerza la necesidad de aprender a vivir de manera diferente, más humana, más sana y más digna. Encontrarse con Jesús puede ser para ellos la gran noticia.

      Es difícil acercarse a ese Jesús narrado en los evangelios sin sentirnos atraídos por su persona. Jesús abre un horizonte nuevo a nuestra vida. Enseña a vivir desde un Dios que quiere para nosotros lo mejor. Poco a poco nos va liberando de engaños, miedos y egoísmos que nos están bloqueando.
       Quien se pone en camino tras Él comienza a recuperar la alegría y la sensibilidad hacia los que sufren. Empieza a vivir con más verdad y generosidad, con más sentido y esperanza. Cuando uno se encuentra con Jesús tiene la sensación de que empieza por fin a vivir la vida desde su raíz, pues comienza a vivir desde un Dios bueno, más humano, más amigo y salvador que todas nuestras teorías. Todo empieza a ser diferente. 



José Antonio Pagola (2012)

 

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