Martes, 20 de Abril del 2021
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6┬║ DOMINGO, TIEMPO ORDINARIO, CICLO B: 14 DE FEBRERO DEL 2021
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*El leproso andará harapiento y vivirá aislado (Lev 13,1-2. 44-46)

*Sigan mi ejemplo, así como yo sigo el de Cristo (1Cor 10,31-11,1)

*Un leproso le suplica: Si quieres, puedes limpiarme (Mc 1,40-45)

 

JESÚS  SANA  A  UN  LEPROSO

   Un leproso despreciado por la sociedad, se acerca a Jesús,

se arrodilla y le suplica: Si quieres, puedes limpiarme.

   La respuesta del Profeta compasivo (=padecer con) es inmediata,

extiende la mano, le toca y le dice: Quiero, queda limpio.

   Por hacer el bien, Jesús no puede entrar en ningún pueblo,

se queda fuera en despoblado, sin embargo la gente acude a Él.

 

Si quieres, puedes limpiarme

   Así como aquella madre extranjera y pagana, pero con fe sencilla,

se acerca a Jesús y de rodillas le ruega sanar a su hija (Mc 7,24ss)…

en esta ocasión, un leproso rompe todas las normas de exclusión,

confía en Jesús, se arrodilla y le dice: Si quieres, puedes limpiarme,

Este leproso no pide a Jesús ser sanado sino quedar limpio, es decir,

busca ser liberado de la marginación que padece por su enfermedad.

   En esa época, se creía que la lepra era un castigo por algún pecado

cometido. A los leprosos se les consideraba impuros y,

para evitar que contagie a otros, permanecían fuera del pueblo:

harapiento, despeinado y gritando: ¡Impuro, impuro! (1ª lectura).

Quienes creen que son “puros”, rechazan y marginan a los leprosos,

como si fueran cosas inservibles que se arrojan a la basura.

   En nuestras regiones donde se explotan minerales, petróleo y gas…

¿Por qué se desprecia la vida: de la tierra, y de los seres humanos?

¿Es justo que  los habitantes de esos lugares tengan que: sobrevivir…

respirar… beber… alimentarse… en un ambiente altamente toxico?

Teniendo tantos recursos naturales en la Costa, Sierra y Selva,

a las personas que viven en nuestro territorio no les deben faltar:

tierra, techo y trabajo (cf. Papa Francisco, en Bolivia, 9 julio 2015).

   Tratándose de los marginados, ¿acogemos en nuestras comunidades

a los alcohólicos… drogadictos… prostitutas… homosexuales?

Jamás debemos olvidar que en el corazón de Dios Padre caben todos,

pues Él hace brillar el sol sobre malos y buenos (Mt 5,45).

 

Jesús se compadece, extiende la mano y le toca

   En esta ocasión, Jesús realiza varios gestos de verdadero amor:

*Se compadece. La compasión (=padecer con) que tiene Jesús,

es la manera más humana de manifestar nuestro amor al prójimo,

de “aproximarnos” al otro, para asumir y hacer nuestro su sufrimiento.

*Extiende la mano. Los “creyentes” satisfechos, bien instalados,

y que solo buscan seguridad; están lejos de seguir el ejemplo de Jesús,

que extiende la mano para acoger al que vive marginado y aislado.

*Toca al leproso. No se trata de tocar con la punta de un dedo, sino

de poner las manos sobre ese cuerpo lleno de llagas. Actuando así,

Jesús se arriesga de quedar: impuro, contaminado y aislado.

*Quiero, queda limpio. Con esta frase, Jesús realiza una verdadera

revolución, pues anuncia que Dios es compasivo, sobre todo,

con sus hijos/as despreciados por los indiferentes y mezquinos.

Él quiere que pongamos: amor y vida donde hay enfermedad,

verdad y libertad donde hay miedo, justicia y paz donde hay opresión.

 

Jesús se queda en lugares despoblados

   Jesús ha despedido al leproso diciéndole: No se lo digas a nadie.

Pero éste, apenas se fue, comienza a divulgar lo que le ha sucedido.

Por eso, Jesús no puede entrar abiertamente en ningún pueblo,

se queda en lugares apartados, y aun así, la gente acude a Él.

   ¿Qué sucedió? Según la ley, interpretada por “los especialistas”,

quien toca a un leproso -como hace Jesús- queda impuro y excluido.

Este es el costo doloroso que Jesús asume pues Él, al soportar

y cargar con nuestro dolor, lo consideramos un contagiado (Is 53,4).

   Hoy, cuando los cristianos/as y personas de buena voluntad,

pasan a la otra orilla para defender la vida… la salud…la educación…

de hombres y mujeres explotados por el capitalismo salvaje;

de inmediato, los responsables de tanta injusticia y corrupción:

insultan… persiguen… acusan… encarcelan… asesinan…

   El ejemplo de Jesús tiene especial actualidad para sus seguidores,

porque Él no solo limpia al leproso, rompe también los prejuicios

y marginaciones que excluían a esas personas de vivir en la sociedad.

   Actualmente todos debemos comprometernos para que, en el campo

y en la ciudad, se realice: El verdadero desarrollo, que es el paso

para cada uno y para todos, de condiciones de vida menos humanas,

a condiciones más humanas (Paulo VI, en PP, n.20s).   J. Castillo A.

 

AMIGO DE LOS EXCLUIDOS

   Jesús era muy sensible al sufrimiento de quienes encontraba en su camino, marginados por la sociedad, despreciados por la religión o rechazados por los sectores que se consideraban superiores moral o religiosamente.

   Es algo que le sale de dentro. Sabe que Dios no discrimina a nadie. No rechaza ni excomulga. No es solo de los buenos. A todos acoge y bendice. Jesús tenía la costumbre de levantarse de madrugada para orar. En cierta ocasión desvela cómo contempla el amanecer: Dios hace salir su sol sobre buenos y malos. Así es Él.

   Por eso, a veces, reclama con fuerza que cesen todas las condenas: No juzguéis y no seréis juzgados. Otras, narra pequeñas parábolas para pedir que nadie se dedique a separar el trigo y la cizaña como si fuera el juez supremo de todos.

   Pero lo más admirable es su actuación. El rasgo más original y provocativo de Jesús fue su costumbre de comer con pecadores, prostitutas y gentes indeseables. El hecho es insólito. Nunca se había visto en Israel a alguien con fama de “hombre de Dios” comiendo y bebiendo animadamente con pecadores.

   Los dirigentes religiosos más respetables no lo pudieron soportar. Su reacción fue agresiva: Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de pecadores. Jesús no se defendió. Era cierto. En lo más íntimo de su ser sentía un respeto grande y una amistad conmovedora hacia los rechazados por la sociedad o la religión.

   Marcos recoge en su relato la curación de un leproso para destacar esa predilección de Jesús por los excluidos. Jesús está atravesando una región solitaria. De pronto se le acerca un leproso. No viene acompañado por nadie. Vive en la soledad. Lleva en su piel la marca de su exclusión. Las leyes lo condenan a vivir apartado de todos. Es un ser impuro.

   De rodillas, el leproso hace a Jesús una súplica humilde. Se siente sucio. No le habla de enfermedad. Solo quiere verse limpio de todo estigma: Si quieres, puedes limpiarme. Jesús se conmueve al ver a sus pies aquel ser humano desfigurado por la enfermedad y el abandono de todos. Aquel hombre representa la soledad y la desesperación de tantos estigmatizados. Jesús extiende su mano buscando el contacto con su piel, lo toca y le dice: Quiero. Queda limpio.

   Siempre que discriminamos desde nuestra supuesta superioridad moral a diferentes grupos humanos (vagabundos, prostitutas, toxicómanos, sidóticos, inmigrantes, homosexuales...), o los excluimos de la convivencia negándoles nuestra acogida, nos estamos alejando gravemente de Jesús. 

José Antonio Pagola (2012)

 

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