Jueves, 6 de Octubre del 2022
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2┬║ DOMINGO DE PASCUA, CICLO B: 11 DE ABRIL DEL 2021
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*Los creyentes viven unidos y comparten lo que tienen (Hch 2,42-47)

*Ustedes no han visto a Jesús pero le aman y creen en Él (1Pe 1,3-9)

*Felices los que crean sin haber visto (Jn 20,19-31)

 

JESÚS  ES  FUENTE  DE  VIDA,  PAZ,  UNIDAD

   Con el texto del cuarto evangelio en las manos, escrito a fines

del siglo I -con un lenguaje simbólico- reflexionemos, hoy, tres temas:

*Los discípulos están en una casa con las puertas cerradas.

*Jesús entra, se pone en medio de ellos y les dice: Paz a ustedes.

*Al ver al Señor, sus discípulos se llenan de alegría

 

Los discípulos están en una casa con las puertas cerradas

   La tarde del primer día de la semana (=domingo, día del Señor),

los discípulos están en una casa con las puertas cerradas, por miedo.

¿Será porque uno le traicionó, otro le negó, y todos le abandonaron?

   Una comunidad cristiana -parroquial y diocesana- ¿puede estar

con las puertas cerradas…  vivir en la indiferencia y tibieza…

sin escuchar el grito de las personas pobres, ni acogerlas?

Si, actualmente, vivimos con las puertas cerradas:

-¿Quién buscará la oveja perdida hasta encontrarla,

y, luego, alegrarse por haberla recuperado? (Mt 18,12-14).

-¿Quién pondrá las manos sobre el leproso que vive excluido?

-¿Quién acogerá a publicanos y pecadores para comer con ellos?

-¿Quién anunciará el Evangelio a las personas que buscan a Jesús?

   El miedo -en aquella época y en nuestros días- es mala señal,

porque paraliza la labor evangelizadora que Jesús nos ha confiado,

y nos impide amar al prójimo, como el Padre ama a su hijo pródigo.

   Que Jesús ocupe -hoy- el centro en nuestras comunidades, pues

solo Él y nadie más es fuente de vida, alegría, paz y unidad,

fue la experiencia que tuvieron los discípulos, al ver al Señor.

   Recemos con el Papa Francisco: Señor y Padre de la humanidad,

que creaste a todos los seres humanos con la misma dignidad,

infunde en nuestros corazones un espíritu fraternal.

Inspíranos un sueño de reencuentro, de diálogo, de justicia y de paz.

Impúlsanos a crear sociedades más sanas y un mundo más digno,

sin hambre, sin pobreza, sin violencia, sin guerras (cf. Fratelli Tutti).  

 

Jesús entra, se pone en medio de ellos y les dice: Paz a ustedes

   Aquella tarde, Jesús se presenta en medio de sus discípulos, y

les anuncia paz y alegría: Les dejo la paz, les doy mi paz (Jn 14,27).

Les volveré a visitar y ustedes se llenarán de alegría (Jn 16,20).

*Los discípulos se encuentran con Aquel que les llamó a seguirle,

y les confió esta misión: sanar enfermos y anunciar el Reino de Dios.

*Pedro llora al verle, pero ahora solo sabe que le ama.

*María Magdalena abre su corazón, ella le siguió hasta el Calvario.

*Las mujeres le abrazan porque las ha defendido y acogido.

*Los pobres, los publicanos, los pecadores, las prostitutas

sienten que Él está cerca de ellos, compartiendo las comidas.

   Después, sopla sobre ellos diciendo: Reciban el Espíritu Santo,

a quienes ustedes perdonen los pecados, les quedan perdonados,

y a quienes no les perdonen, les quedan sin perdonar. Debemos

pedir perdón a Dios, y reconciliarnos con el prójimo (cf. Mt 5,23s).

Solo así, construiremos pequeñas comunidades de fe, que: -escuchan

las enseñanzas de los apóstoles, -celebran la fracción del pan, -oran,

-reparten sus bienes según la necesidad de cada uno (1ª lectura).

 

Al ver al Señor, sus discípulos se llenan de alegría

   Ocho días después, estando con las puertas cerradas, llega Jesús,

se pone en medio de ellos y les dice: Paz a ustedes.

Luego, invita a Tomás a mirar sus manos y a palpar su costado,

y añade: En adelante no seas incrédulo, sino persona de fe.

Tomás exclama: ¡Señor mío y Dios mío! Es una confesión de fe,

la más solemne que podemos leer en los cuatro textos evangélicos.

   Las heridas de Jesús de Nazaret no han desaparecido.

Como tampoco desaparecen las heridas de las personas torturadas,

y que tienen que sobrellevarlas durante toda su vida terrenal.

   Por ello, cuando Jesús muestra sus heridas a Tomás, es porque

esas heridas ya no son fuente de dolor, ni de recuerdos dolorosos,

son -ahora- heridas que: reconcilian, dan vida y esperanza.

    También, las heridas de las personas encarceladas y flageladas,

son parte de su historia. Pero, cuando las asumen de  una manera

diferente, son heridas que reconcilian, y que pueden ayudar incluso

a los que oprimen y torturan para que se conviertan.

Felices los que lavan sus ropas para participar de la Vida… Lavan

sus ropas en la sangre del Cordero (Ap 22,14; 7,14).  Javier Castillo

 

RECORRIDO HACIA LA FE

   Estando ausente Tomás, los discípulos de Jesús han tenido una experiencia inaudita. En cuanto lo ven llegar se lo comunican llenos de alegría: Hemos visto al Señor. Tomás los escucha con escepticismo. ¿Por qué les va creer algo tan absurdo? ¿Cómo pueden decir que han visto a Jesús lleno de vida, si ha muerto crucificado? En todo caso, será otro.

   Los discípulos le dicen que les ha mostrado las heridas de sus manos y su costado. Tomás no puede aceptar el testimonio de nadie. Necesita comprobarlo personalmente: Si no veo en sus manos la señal de sus clavos... y no meto la mano en su costado, no lo creo. Solo creerá en su propia experiencia.

   Este discípulo, que se resiste a creer de manera ingenua, nos va a enseñar el recorrido que hemos de hacer para llegar a la fe en Cristo resucitado a los que ni siquiera hemos visto el rostro de Jesús, ni hemos escuchado sus palabras, ni hemos sentido sus abrazos.

   A los ocho días se presenta de nuevo Jesús a sus discípulos. Inmediatamente, se dirige a Tomás. No critica su planteamiento. Sus dudas no tienen para Él nada de ilegítimo o escandaloso. Su resistencia a creer revela su honestidad. Jesús le entiende y viene a su encuentro mostrándole sus heridas.

   Jesús se ofrece a satisfacer sus exigencias: Trae tu dedo, aquí tienes mis manos. Trae tu mano, aquí tienes mi costado. Esas heridas, antes que “pruebas” para verificar algo, ¿no son “signos” de su amor entregado hasta la muerte? Por eso Jesús le invita a profundizar más allá de sus dudas: No seas incrédulo, sino creyente.

   Tomás renuncia a verificar nada. Ya no siente necesidad de pruebas. Solo experimenta la presencia del Maestro que lo ama, lo atrae y le invita a confiar. Tomás, el discípulo que ha hecho un recorrido más largo y laborioso que nadie hasta encontrarse con Jesús, llega más lejos que nadie en la hondura de su fe: Señor mío y Dios mío. Nadie ha confesado así a Jesús.

   No hemos de asustarnos al sentir que brotan en nosotros dudas e interrogantes. Las dudas, vividas de manera sana, nos rescatan de una fe superficial que se contenta con repetir fórmulas, sin crecer en confianza y amor. Las dudas nos estimulan a ir hasta el final en nuestra confianza en el Misterio de Dios encarnado en Jesús.

   La fe cristiana crece en nosotros cuando nos sentimos amados y atraídos por ese Dios cuyo rostro podemos vislumbrar en el relato que los evangelios nos hacen de Jesús. Entonces, su llamada a confiar tiene en nosotros más fuerza que nuestras propias dudas. Dichosos los que crean sin haber visto.                                                 

José Antonio Pagola (2012)

 

 

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