Jueves, 6 de Octubre del 2022
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5┬║ DOMINGO DE PASCUA, CICLO B: 2 DE MAYO DEL 2021
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*Bernabé narra cómo Saulo vio al Señor en el camino (Hch 9,26-31)

*No amemos con palabras, sino con obras y de verdad (1Jn 3,18-24)

*El que permanece unido a mí, y yo a él, da mucho fruto (Jn 15,1-8)

 

YO  SOY  LA  VID  VERDADERA

   Jesús -el buen campesino de Nazaret- anuncia el Reino de Dios,

utilizando comparaciones sencillas: el sembrador que sale a sembrar,

el trigo y la mala hierba, la semilla de mostaza, la vid y el sarmiento.

   En el Evangelio de hoy, dice que Él es la vid verdadera, y nosotros

debemos estar unidos a Él, como el sarmiento a la vid, para dar frutos,

caso contrario nos secamos y somos arrojados al fuego.

  

Sin mí ustedes no pueden hacer nada

   En el salmo 80,  la vid es un símbolo del pueblo elegido,

que fue liberado de la esclavitud de Egipto por el mismo Dios,

y conducido a una tierra fértil donde: echa raíces hasta llenar el país,

extiende sus ramas hasta el mar y sus brotes hasta el río Éufrates.

   Con el paso del tiempo, aquella viña -el pueblo preferido del Señor-,

en vez de producir uvas dulces, da frutos amargos (…).

El Señor espera de su pueblo justicia y encuentra muerte (Is 5,1-7).

   Jesús que viene a cumplir la voluntad del Padre compasivo,

sana a los enfermos, acoge a pecadores y come con ellos (Lc 15,1s).

Esta opción le trae problemas, los fariseos buscan matarle (Mt 12,14).

   En la parábola de los viñadores asesinos, los trabajadores para

quedarse con la herencia, maltratan y asesinan a los mensajeros

del dueño, llegando incluso a matar a su hijo amado (Mc 12,1ss).

   Jesús nos pide cuidarnos de los escribas que: -andan con vestidos

lujosos, -buscan ser saludados, -ocupan los primeros asientos, -roban  

los bienes de las viudas haciendo largas oraciones, (Mc 12,38ss).

El Profeta de Nazaret que espera la conversión de todos ellos, dice:

   Un hombre tiene una higuera en su viña.

Va a buscar fruto en ella y no lo encuentra. Luego dice al viñador:

-hace tres años que vengo en busca de fruto y no lo encuentro,

córtala, pues solo sirve para agotar la tierra. El viñador le responde:

-señor, déjala todavía este año, cavaré alrededor y la abonaré,

a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás (Lc 13,6-11).

 

Permanecer unidos a Jesús para dar fruto

   Otro mundo es posible, desde la Buena Noticia que Jesús anuncia,

para ello, los creyentes debemos estar unidos a Él, para dar fruto.

Practicando las obras y siguiendo el ejemplo del Hijo del Padre,

que vino a servir y a salvarnos entregando su propia vida (Mc 10,42),

muchas cosas cambiarían en nuestras familias y en nuestra sociedad.

   ¿Hasta cuándo el capitalismo salvaje seguirá expulsando

a los nativos de sus tierras, para apropiarse de los recursos naturales?

¿Es justo que los pobres sean explotados con salarios miserables?

¿Por qué los países ricos levantan muros contra los forasteros?

   Al respecto, san Agustín (354-430) en el Sermón 239,4, nos dice:

Que nadie se alabe porque acoge a un inmigrante.

Cristo lo fue, y mejor era Cristo acogido que los que le acogían.

No seas soberbio al acoger al pobre, ni pienses interiormente:

“yo le doy y él recibe, yo le acojo en mi casa y él carece de techo”…

Ciertamente, el migrante necesita pan, pero tú necesitas la verdad,

él necesita un techo y tú el cielo, él carece de dinero y tú de justicia.

   En el siglo XVI, el clérigo Pedro de Quiroga hace esta denuncia:

Todo ha sido rapiña y codicia cuanto han tratado con nosotros (…).

¡Oh cristianos y qué heredad han dañado! No tienen razón cierta,

si dicen que la planta era mala o que no estaba la tierra dispuesta;

sino que plantaron mal y cultivaron peor (“Coloquios de verdad”).

 

La gloria de mi Padre está, en que ustedes den fruto abundante,

y así lleguen a ser verdaderos discípulos míos

   Dios Padre que nos ha creado a su imagen y semejanza (Gen 1,27),

quiere que todos nosotros: vivamos como sus hijos,

y que nos amemos unos a otros, como su Hijo Jesús nos ama.

   ¿Qué hacemos por los niños y ancianos abandonados?

¿Somos capaces de llamar hermanos: a los hambrientos y sedientos,

a los forasteros y desnudos, a los enfermos y encarcelados? (Mt 25).

   Al respecto, meditemos en el siguiente texto: Queridos hermanos,

debemos amarnos unos a otros, porque el amor viene de Dios.

El que ama es hijo de Dios y conoce a Dios. El que no ama,

no conoce a Dios, porque Dios es amor. Dios ha mostrado su amor

hacia nosotros, enviando al mundo a su Hijo único, para que

tengamos vida por medio de Él (…). Si Dios nos ama tanto, nosotros

también debemos amarnos unos a otros (1Jn 4,7-11).    J. Castillo A.

 

CONTACTO  VITAL

   Según el relato evangélico de Juan, en vísperas de su muerte, Jesús revela a sus discípulos su deseo más profundo: Permaneced en mí. Conoce su cobardía y mediocridad. En muchas ocasiones les ha recriminado su poca fe. Si no se mantienen vitalmente unidos a Él, no podrán subsistir.

   Las palabras de Jesús no pueden ser más claras y expresivas: Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Si no se mantienen firmes en lo que han aprendido y vivido junto a Él, su vida será estéril. Si no viven de su Espíritu, lo iniciado por Él se extinguirá.

   Jesús emplea un lenguaje rotundo: ‘Yo soy la vid y vosotros los sarmientos’. En los discípulos ha de correr la savia que proviene de Jesús. No lo han de olvidar nunca. El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante, porque sin mí no podéis hacer nada. Separados de Jesús, sus discípulos no podemos nada.

   Jesús no solo les pide que permanezcan en Él. Les dice también que sus palabras permanezcan en ellos. Que no las olviden. Que vivan de su Evangelio. Esa es la fuente de la que han de beber. Ya se lo había dicho en otra ocasión: Las palabras que os he dicho son espíritu y vida.

   El Espíritu del Resucitado permanece hoy vivo y operante en su Iglesia de múltiples formas, pero su presencia invisible y callada adquiere rasgos visibles y voz concreta gracias al recuerdo guardado en los relatos evangélicos por quienes lo conocieron de cerca y le siguieron. En los evangelios nos ponemos en contacto con su mensaje, su estilo de vida y su proyecto del Reino de Dios.

   Por eso, en los evangelios se encierra la fuerza más poderosa que poseen las comunidades cristianas para regenerar su vida. La energía que necesitamos para recuperar nuestra identidad de seguidores de Jesús. El Evangelio de Jesús es el instrumento pastoral más importante para renovar hoy a la Iglesia.

   Muchos cristianos buenos de nuestras comunidades solo conocen los evangelios “de segunda mano”. Todo lo que saben de Jesús y de su mensaje proviene de lo que han podido reconstruir a partir de las palabras de los predicadores y catequistas. Viven su fe sin tener un contacto personal con “las palabras de Jesús”.

   Es difícil imaginar una “nueva evangelización” sin facilitar a las personas un contacto más directo e inmediato con los evangelios. Nada tiene más fuerza evangelizadora que la experiencia de escuchar juntos el Evangelio de Jesús desde las preguntas, los problemas, sufrimientos y esperanzas de nuestros tiempos.                   

José Antonio Pagola (2012)

 

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