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SEGUIR A JESÚS
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Domingo XIII del Tiempo Ordinario (ciclo C): 30 junio 2013

1Re 19,16.19-21  -  Gal 5,1.13-18  -  Lc 9,51-62

 

SEGUIR A JESÚS

 

Después de haber anunciado el Reino de Dios en la región de Galilea,

Jesús se afirma en su voluntad de ir a la ciudad de Jerusalén.

Se trata de un ‘viaje’ donde Jesús sigue formando a sus discípulos.

En Jerusalén están los funcionarios del templo que, lamentablemente,

han convertido la Casa de oración en una cueva de ladrones (Lc 19).

Allí está también el gobernador, representante del imperio romano,

quien -con la complicidad de los terratenientes y comerciantes ricos-

oprime y explota a los pobres del campo y de la ciudad.

Estas autoridades que tienen el poder religioso, político y económico,

darán muerte a Jesús de Nazaret, pero Dios le resucitará al tercer día.

En este contexto, de nada sirve un seguimiento pasajero y superficial.

Por eso, a las tres personas que desean seguirle, Jesús les hace ver

el riesgo que trae consigo anunciar el Reino de Dios.

 

Seguir a Jesús: viviendo como Él

Cuando María dio a luz a Jesús, lo envolvió en pañales y lo acostó

en el establo, porque no había alojamiento para ellos en el mesón.

Desde Belén Jesús no tiene morada, vive pobre entre los pobres.

Pues bien, mientras Jesús y sus discípulos caminan hacia Jerusalén,

uno le dice: Te seguiré adonde vayas. La respuesta de Jesús es radical:

el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza.

Jesús es un Profeta que no tiene casa propia por decisión libre,

pues, para anunciar el Reino de Dios prefiere la condición ‘itinerante’.

Deja de lado el esquema familiar tradicional para crear una nueva

familia, donde vivamos como hijos de Dios y hermanos entre nosotros.

Hoy en día, para anunciar el Reino de Dios, hacen falta discípulos

ligeros de equipaje. Solo así se podrá remediar una Iglesia funcional

y burocracia: La Iglesia necesita una fuerte conmoción que le impida

instalarse en la comodidad, en el estancamiento y en la tibieza,

al margen  del sufrimiento de los pobres del Continente (DA, n.362).

 

Seguir a Jesús: anunciando la Buena Noticia del Reino

En el segundo caso es el mismo Jesús quien llama: Sígueme;

pero el interesado contesta: Déjame primero ir a enterrar a mi padre.

Esta actividad es digna de todo hijo que ama a su padre y a su madre.

Sin embargo, la respuesta de Jesús es muy dura: Deja que los muertos

entierren a sus muertos; tú ve y anuncia el Reino de Dios.

No debemos olvidar que en aquella época uno de los problemas

familiares era el machismo, donde el marido dominaba a su mujer;

y era él quien por cualquier motivo tenía derecho a pedir el divorcio.

Otro problema era la ‘ofrenda sagrada’ que consistía en que si un hijo

declara que cierta cantidad de dinero o una propiedad está destinada

al templo, ya no tiene obligación de ayudar a sus padres (Mc 7,9ss).

Dejar que los muertos entierren a sus muertos es dejar esas tradiciones,

pues a Dios no le agradan las ofrendas que son fruto de la injusticia.

Dar prioridad al anuncio del Reino de Dios que es vida quiere decir:

que no debemos buscar entre los muertos al que está vivo (Lc 24,5).

 

Seguir a Jesús: mirando siempre hacia adelante

Una tercera persona se acerca a Jesús y le dice: Señor, te seguiré,

pero primero déjame ir a despedirme de mi familia.

Este breve diálogo tiene mucha relación con la vocación de Eliseo.

A éste,  mientras está trabajando en el campo, el profeta Elías le lanza

su manto, dándole así su espíritu profético para que sea su discípulo.

Eliseo le pide ir a despedirse de sus padres, luego volver y seguirle.

Elías le concede el permiso sin problemas (Cf. primera lectura).

Para Jesús, en cambio, el que ha puesto la mano en el arado

y sigue mirando atrás no vale para el Reino de Dios.

Una despedida, por sencilla que sea, lleva su tiempo e incluso

puede enfriar y, lo que es peor, llevar a cambiar la decisión. Además,

no hay que despedirse de nadie porque los que escuchan la Palabra

de Dios y la cumplen, llegan a ser madre y hermanos de Jesús (Lc 8).

En esta misma perspectiva, más adelante, Jesús dirá a la multitud:

Si alguien viene a mí y no me ama más que a su padre y a su madre…

y hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo (Lc 14,26).

Asumamos de manera creativa las intuiciones positivas de nuestros

hermanos mayores en la fe y, llenos de esperanza, construyamos: 

Un cielo nuevo y una tierra nueva (Apoc 21,1).            

J. Castillo A

CÓMO SEGUIR A JESÚS

Jesús emprende con decisión su marcha hacia Jerusalén. Sabe el peligro que corre en la capital, pero nada lo detiene. Su vida solo tiene un objetivo: anunciar y promover el proyecto del Reino de Dios. La marcha comienza mal: los samaritanos lo rechazan. Está acostumbrado: lo mismo le ha sucedido en su pueblo de Nazaret.

Jesús sabe que no es fácil acompañarlo en su vida de profeta itinerante. No puede ofrecer a sus seguidores la seguridad y el prestigio que pueden prometer los letrados de la ley a sus discípulos. Jesús no engaña a nadie. Quienes lo quieran seguir tendrán que aprender a vivir como Él.

Mientras van de camino, se le acerca un desconocido. Se le ve entusiasmado: Te seguiré adonde vayas. Antes que nada, Jesús le hace ver que no espere de Él seguridad, ventajas ni bienestar. Él mismo no tiene dónde reclinar su cabeza. No tiene casa, come lo que le ofrecen, duerme donde puede.

No nos engañemos. El gran obstáculo que nos impide hoy a muchos cristianos seguir de verdad a Jesús es el bienestar en el que vivimos instalados. Nos da miedo tomarle en serio porque sabemos que nos exigiría vivir de manera más generosa y solidaria. Somos esclavos de nuestro pequeño bienestar. Tal vez, la crisis económica nos puede hacer más humanos y más cristianos.

Otro pide a Jesús que le deje ir a enterrar a su padre antes de seguirlo. Jesús le responde con un juego de palabras provocativo y enigmático: Deja que los muertos entierren a sus muertos, tú vete a anunciar el Reino de Dios. Estas palabras desconcertantes cuestionan nuestro estilo convencional de vivir.

Hemos de ensanchar el horizonte en el que nos movemos. La familia no lo es todo. Hay algo más importante. Si nos decidimos a seguir a Jesús, hemos de pensar también en la familia humana: nadie debería vivir sin hogar, sin patria, sin papeles, sin derechos. Todos podemos hacer algo más por un mundo más justo y fraterno.

Otro está dispuesto a seguirlo, pero antes se quiere despedir de su familia. Jesús le sorprende con estas palabras: El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el Reino de Dios. Colaborar en el proyecto de Jesús exige dedicación total, mirar hacia adelante sin distraernos, caminar hacia el futuro sin encerrarnos en el pasado.

Recientemente, el Papa Francisco nos ha advertido de algo que está pasando hoy en la Iglesia: Tenemos miedo a que Dios nos lleve por caminos nuevos, sacándonos de nuestros horizontes, con frecuencia limitados, cerrados y egoístas, para abrirnos a los suyos.

José Antonio Pagola (2013)

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