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EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA
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VIII Domingo del Tiempo Ordinario (ciclo A): 2 marzo 2014

Is 49,14-15  -  1Cor 4,1-5  -  Mt 6,24-34

 

EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA

El dinero de las multinacionales viaja por el mundo, generalmente,

para extraer y llevarse las materias primas de los países pobres.

Pero, cuando los pobres que han sido despojados de sus riquezas,

intentan ingresar a Estados Unidos o a Europa, buscando mejor vida,

solo encuentran: policías, murallas, alambradas con cuchillas…

¿El oro y el cobre… valen más que las personas humanas?

 

Miren las aves del cielo… miren los lirios del campo…

Creemos que Dios, Padre misericordioso, hizo el cielo y la tierra,

y lo entregó al ser humano para: cuidar, cultivar, alimentarse.

Gracias a nuestra madre tierra y al trabajo de muchísimas personas,

podemos llevar a nuestras mesas el pan de cada día.

Sin embargo, tratándose de la extracción de recursos no renovables

(minerales, gas, petróleo), muchas veces se da primacía al ‘dios oro’,

sin considerar que la agricultura y ganadería son más valiosas.

Al ‘dios-dinero’ no le interesa el futuro de las próximas generaciones,

ni los millones de víctimas por causa de la contaminación ambiental.

Por estos y otros motivos, bueno sería observar el siguiente principio:

Que se extraigan minerales y recursos no renovables que terminan,

sin poner en peligro la flora y fauna que pueden durar para siempre.

Creemos que Dios, Padre misericordioso, hizo al hombre y a la mujer

a su imagen y semejanza. Agradecidos por el don de la vida, decimos:

Señor, al contemplar el cielo, la luna y las estrellas que tú hiciste,

¿qué es el ser humano para que pienses en él y lo cuides? (Salmo 8).

Es bueno celebrar cada año el Día del niño por nacer (25 de marzo),

pero, ¿qué hacemos por los que ya nacieron y mueren de hambre?

Muchos que abandonan el campo para ir a la ciudad o al extranjero,

huyen del hambre: porque la tierra donde nacieron es propiedad

de una multinacional, o está contaminada por desechos tóxicos…

Si creemos en Dios respetemos los derechos: de la madre tierra

y de todo ser humano, pues no se puede servir a Dios y al dinero.

 

Busquen primero el Reino de Dios y su justicia

La justicia, en la Biblia, va unida al amor a Dios y al amor al prójimo.

Por eso, el Reino de Dios se hace realidad entre nosotros, allí donde

hay: gracia y santidad, vida y amor, verdad y libertad, justicia y paz.

El Salmo 72 es el grito de los pobres que esperan no una limosna,

sino el reinado de Dios y su justicia en nuestra sociedad:

Oh Dios, concede al rey justicia y rectitud, para que gobierne

a tu pueblo con justicia y defienda los derechos de los pobres.

Que por los montes y las colinas corran como ríos la paz y la justicia.

Que el rey haga justicia a los pobres y que salve a los necesitados.

Que libere al mendigo que suplica y al necesitado que no tiene ayuda.

Que tenga compasión de los humildes y salve la vida de los pobres,

rescatándolos de la opresión y de la violencia,

pues ante tus ojos, oh Dios, la vida de los pobres tiene mucho valor.

Entonces, en la tierra habrá abundancia de trigo,

las montañas se cubrirán de trigales hasta la cima,

los trigales se multiplicarán como pasto en el campo.

Pues bien, teniendo presente que la Sagrada Escritura llama ‘justicia

a lo que nosotros llamamos ‘limosna; los Santos Padres han escrito:

*Dime, ¿de dónde te viene a ti ser rico, de dónde recibiste la riqueza;

y ése ¿de dónde la recibió?... ¿Subiendo el árbol genealógico podrás

demostrar la justicia de aquella posesión? Seguro que no, pues

su principio y su raíz han salido de la injusticia (San J. Crisóstomo).

*¿Solo llamaremos ladrón a quien desnuda al que está vestido

y habrá que darle otro nombre al que no viste al desnudo

pudiendo hacerlo? Del hambriento es el pan que tú tienes;

del desnudo es el abrigo que tienes guardado en el armario;

del descalzo son los zapatos que se están pudriendo en tu poder;

del necesitado es el dinero que tienes amontonado (San Basilio).

*Dios quiso que la tierra fuese común posesión de todos los hombres,

pero la avaricia repartió los derechos de posesión (San Ambrosio).

¿Puede un creyente estar satisfecho dando limosna sin hacer justicia?

*Si ustedes saben que Jesucristo es justo, deben saber también

que todos los que practican la justicia son hijos de Dios (1Jn 2,29).

*Si uno es rico y ve que su hermano necesita ayuda, pero no se la da,

¿cómo puede conservar el amor de Dios? No amemos de palabra

y con la boca, sino con obras y de verdad (1Jn 3,17s).    

J. Castillo A.

 

NO A LA IDOLATRÍA DEL DINERO

               

            El Dinero, convertido en ídolo absoluto, es para Jesús el mayor enemigo de ese mundo más digno, justo y solidario que quiere Dios. Hace ya veinte siglos que el Profeta de Galilea denunció de manera rotunda que el culto al Dinero será siempre el mayor obstáculo que encontrará la Humanidad para progresar hacia una convivencia más humana.

            La lógica de Jesús es aplastante: No podéis servir a Dios y al Dinero. Dios no puede reinar en el mundo y ser Padre de todos, sin reclamar justicia para los que son excluidos de una vida digna. Por eso, no pueden trabajar por ese mundo más humano querido por Dios los que, dominados por el ansia de acumular riqueza, promueven una economía que excluye a los más débiles y los abandona en el hambre y la miseria.

            Es sorprendente lo que está sucediendo con el Papa Francisco. Mientras los medios de comunicación y las redes sociales que circulan por internet nos informan, con toda clase de detalles, de los gestos más pequeños de su personalidad admirable, se oculta de modo vergonzoso su grito más urgente a toda la Humanidad: No a una economía de la exclusión y la iniquidad. Esa economía mata.

            Sin embargo, Francisco no necesita largas argumentaciones ni profundos análisis para exponer su pensamiento. Sabe resumir su indignación en palabras claras y expresivas que podrían abrir el informativo de cualquier telediario, o ser titular de la prensa en cualquier país. Solo algunos ejemplos:

            No puede ser que no sea noticia que muera de frío un anciano en situación de la calle y que sí lo sea la caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es iniquidad.

            Vivimos en la dictadura de una economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano. Como consecuencia, mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz.

            La cultura del bienestar nos anestesia, y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esas vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un espectáculo que de ninguna manera nos altera.

            Como ha dicho él mismo: Este mensaje no es marxismo sino Evangelio puro. Un mensaje que tiene que tener eco permanente en nuestras comunidades cristianas. Lo contrario podría ser signo de lo que dice el Papa: Nos estamos volviendo incapaces de compadecernos de los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás.

 

José Antonio Pagola (2014)

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